Investigaciones experimentales indican que verbalizar nombres, etapas e información puede modificar el desempeño en tareas específicas de atención, percepción y memoria de trabajo, ayudando a explicar por qué el habla autodirigida aparece en la vida cotidiana sin representar, por sí sola, falta de racionalidad.
Al recordar una tarea, buscar un objeto u organizar mentalmente los próximos pasos, muchas personas recurren a su propia voz sin darse cuenta de que este comportamiento puede cumplir una función cognitiva específica, relacionada con las exigencias de la actividad realizada en ese momento.
Lejos de significar que cualquier pensamiento pronunciado mejora el desempeño, las evidencias muestran que la utilidad del habla autodirigida depende de la correspondencia entre las palabras utilizadas, el objetivo de la tarea y las condiciones controladas en cada experimento.
Hablar solo puede ayudar en la búsqueda de objetos
Publicado en junio de 2012 en el periódico Quarterly Journal of Experimental Psychology, un estudio de Gary Lupyan y Daniel Swingley investigó si repetir el nombre de determinado objeto podría alterar el desempeño de participantes durante una tarea de búsqueda visual.
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Mientras buscaban ítems comunes presentados por los investigadores, los voluntarios pronunciaban, en algunos momentos, el nombre del objetivo deseado, permitiendo que los autores compararan los resultados de la verbalización con aquellos obtenidos en situaciones en las cuales la búsqueda ocurría silenciosamente.
Los datos indicaron que la localización se volvía más fácil principalmente cuando había una conexión clara entre la palabra hablada y la apariencia del ítem buscado, favoreciendo el reconocimiento de características visuales compatibles con el objetivo presentado.
En este contexto, las etiquetas verbales pueden influir temporalmente en el procesamiento visual, haciendo que ciertos rasgos sean más accesibles y ayudando a dirigir la atención hacia elementos que corresponden al objeto mencionado durante la realización de la tarea.
Este efecto, sin embargo, no apareció de forma automática en todas las condiciones analizadas, pues la utilidad de la verbalización disminuía cuando el nombre pronunciado no representaba adecuadamente las características visuales del ítem que debía ser localizado.
En situaciones con mayor distancia entre la palabra y la apariencia del objetivo, el habla llegó a perjudicar el desempeño, resultado que refuerza la importancia de la relación entre el contenido verbalizado y la información visual disponible.
La habla privada influye en la memoria de trabajo
Otra investigación, publicada en noviembre de 2023 en la revista científica Consciousness and Cognition, examinó la asociación entre la habla privada y el rendimiento cognitivo en adultos jóvenes, concentrando el análisis en una tarea específica de memoria de trabajo visuoespacial.
Conducido por Xinqi Guo y Karen Dobkins, de la Universidad de California en San Diego, el estudio reunió a 103 participantes con una edad media ligeramente superior a 20 años y comparó el rendimiento obtenido en diferentes condiciones experimentales.
En una de las etapas, los voluntarios recibieron autorización para hablar consigo mismos mientras ejecutaban la actividad, mientras que, en la otra condición, fueron orientados a permanecer en silencio durante el mantenimiento y la manipulación de la información presentada.
El rendimiento fue mejor cuando los participantes pudieron utilizar la habla privada, especialmente en las etapas en que produjeron mayor cantidad de verbalizaciones mientras seguían mentalmente los elementos visuales exigidos por la tarea propuesta por los investigadores.
Para modificar el nivel de dificultad, los autores ajustaron la facilidad con que las imágenes podrían ser nombradas, observando si esta característica alteraría la relación entre la verbalización y los resultados obtenidos por los participantes a lo largo de la experiencia.
Aun así, los efectos favorables asociados a la habla privada no dependieron de esta variación específica, según los resultados presentados, lo que mantuvo la relación observada entre el uso de la propia voz y el rendimiento en la actividad analizada.
Entre los mayores beneficios registrados estaban aquellos alcanzados por participantes que hablaron más durante el experimento y por personas que reportaron recurrir con frecuencia, en la vida cotidiana, a verbalizaciones orientadas al manejo de tareas y comportamientos.
Aunque mencionaron posibles implicaciones para contextos educativos e instruccionales, los investigadores no afirmaron que la estrategia produzca los mismos resultados en cualquier situación, ni que pueda ser aplicada indistintamente a diferentes formas de aprendizaje.
Por evaluar una actividad cognitiva delimitada, el estudio no permite transformar la mejora observada en una regla universal, aplicable a toda persona, tarea o circunstancia en que alguien decida pronunciar sus propios pensamientos en voz alta.
Cómo las palabras pueden orientar el pensamiento
Cuando una información interna se convierte en lenguaje audible, la persona pasa a lidiar no solo con la representación mental de la tarea, sino también con el estímulo sonoro producido por su propia voz durante la ejecución de la actividad.
En la búsqueda visual, la palabra puede destacar características relacionadas con el objeto buscado y orientar la atención, mientras que, en la memoria de trabajo, la verbalización puede acompañar el mantenimiento de la información necesaria para completar la tarea propuesta.
Esto no significa, sin embargo, que cualquier tipo de habla produzca el mismo efecto, ya que los experimentos indican la importancia del contenido verbalizado y de su relación directa con aquello que necesita ser localizado, recordado u organizado.
Comentar una secuencia de acciones, repetir el nombre de un ítem o describir una información puede servir como apoyo en determinadas circunstancias, siempre que las palabras contribuyan al objetivo en lugar de introducir estímulos incompatibles.
La utilidad del habla autodirigida depende, por lo tanto, de la tarea y de la precisión de las palabras elegidas, ya que la verbalización adecuada puede orientar el procesamiento, mientras que una expresión poco relacionada con el objetivo también puede desviar la atención.
El alcance de las investigaciones sobre hablar solo
Las evidencias ayudan a alejar la interpretación de que hablar solo sea, aisladamente, una manifestación de irracionalidad, pues los estudios trataron este comportamiento como una estrategia cognitiva medible durante tareas comunes que involucran atención, percepción y memoria.
Al mismo tiempo, los experimentos no investigaron todos los motivos por los cuales una persona conversa consigo misma y tampoco autorizaron conclusiones generales sobre personalidad, comportamiento social, autoconocimiento o condiciones relacionadas con la salud mental.
Tampoco se demostró, de manera amplia, que el hábito aumente la confianza, mejore el control emocional o produzca beneficios idénticos en cualquier individuo, ya que los resultados se restringen a las actividades y a las condiciones efectivamente evaluadas.
Más que el simple acto de hablar, el contenido de la verbalización, la naturaleza de la tarea y la correspondencia entre palabra y objetivo parecen determinar el efecto observado, estableciendo límites importantes para la interpretación de los hallazgos científicos.
Al necesitar localizar un objeto, seguir una secuencia de pasos o mantener información activa por algunos instantes, ¿hasta qué punto decir en voz alta aquello que se está buscando u organizando podría modificar su desempeño?
