El telescopio James Webb capturó imágenes inéditas de una estrella moribunda. Entiende las estructuras misteriosas descubiertas y el impacto para la ciencia espacial.
La nebulosa Tc 1, situada a aproximadamente 10 mil años luz de distancia en la constelación de Ara, se convirtió en el escenario de un descubrimiento fascinante sobre la evolución del cosmos.
Utilizando su avanzada tecnología de infrarrojo, el telescopio James Webb registró la «agonía» de una estrella que, al agotar su combustible, eyectó sus capas externas al espacio.
En el centro de este escenario, quedó una enana blanca — un núcleo estelar extremadamente caliente que, aunque ya no realiza más fusión nuclear, emite radiación intensa suficiente para iluminar los gases y el polvo a su alrededor.
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El misterio de las «bolas de fútbol» espaciales capturadas por el telescopio James Webb en la estrella moribunda
Uno de los hallazgos más significativos de la misión fue la identificación detallada de moléculas de carbono conocidas como buckyballs (o buckminsterfulerenos).
Estas estructuras, que tienen una forma esférica y hueca similar a una pelota de fútbol, están compuestas exclusivamente por átomos de carbono y presentan una estabilidad impresionante.
El telescopio James Webb reveló que estas moléculas parecen estar organizadas en una capa esférica alrededor de la enana blanca central.
A continuación, ve algunos puntos cruciales sobre estas estructuras moleculares identificadas en la nebulosa:
- Ambientes Extremos: Las buckyballs fueron detectadas en regiones de alta radiación y baja densidad, desafiando modelos físicos anteriores.
- Conexión con la Vida: Por pertenecer a la clase de los hidrocarburos aromáticos policíclicos, estas moléculas pueden estar ligadas a los procesos químicos que dan origen a la vida.
- Distribución Universal: Además de estrellas moribundas, fulerenos ya han sido encontrados en meteoritos, nubes interestelares y regiones de formación de nuevas estrellas.
Tecnología infrarroja y la física del sistema
El éxito de esta observación solo fue posible gracias al salto tecnológico que el James Webb representa en comparación con el antiguo telescopio Spitzer.
Con un espejo más grande y sensores de mayor sensibilidad, el Webb logra captar variaciones químicas sutiles e imágenes de altísima resolución.
En la imagen captada, los colores indican estados térmicos distintos: el azul representa el gas más caliente, mientras que el rojo señala el material más frío.

Por otro lado, el comportamiento de estas moléculas al emitir luz infrarroja aún intriga a los investigadores, como Jan Cami y Morgan Giese.
Los modelos teóricos actuales no logran explicar totalmente los datos registrados por el telescopio James Webb, lo que sugiere que las interacciones físicas alrededor de una estrella moribunda son mucho más complejas de lo que se imaginaba.
El futuro de la evolución química en el Universo
A largo plazo, el estudio de la nebulosa Tc 1 sirve como un laboratorio para comprender cómo los elementos fundamentales se esparcen por las galaxias. Al expulsar su masa, la estrella fertiliza el espacio con carbono y otros compuestos que, en el futuro, pueden integrar nuevos sistemas planetarios.
Por lo tanto, observar el fin de un astro antiguo es, esencialmente, observar el reciclaje de la materia que compone el Universo. El equipo de científicos planea utilizar el telescopio James Webb para investigar otras nebulosas planetarias similares.
El objetivo final es desentrañar cómo la radiación emitida por la enana blanca central moldea la química del entorno e influye en la evolución de las moléculas en el vacío espacial, revelando los secretos de cómo los bloques básicos de la vida se distribuyen por el cosmos.
VER EL COMUNICADO OFICIAL AQUÍ
Con información de Olhar Digital

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