Proyecto de pavimentación sostenible transforma residuos orgánicos en material para calles urbanas y posiciona a Barcelona como una de las primeras grandes ciudades de Europa en probar asfalto con biochar a gran escala.
A partir de 2026, Barcelona comienza a probar un pavimento con biochar producido a partir de huesos de aceituna y residuos de madera, en un proyecto orientado a reducir la huella de carbono de las obras viales y al reaprovechamiento de materiales orgánicos antes descartados.
Aplicada en un área piloto en la calle Cerdà, en el distrito de Eixample, la solución sustituye el filler mineral tradicional por un aditivo rico en carbono, incorporado a la mezcla asfáltica para preservar el desempeño urbano y disminuir emisiones asociadas a la pavimentación.
Cómo funciona el asfalto con biochar en Barcelona
Obtenido a partir de la transformación de biomasa en un ambiente con poco oxígeno, el biochar preserva parte del carbono presente en los residuos vegetales y mantiene este material estable por períodos prolongados, característica considerada estratégica en proyectos urbanos de descarbonización.
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En el caso de Barcelona, la tecnología utiliza principalmente huesos de aceituna y restos de pino, dos residuos abundantes en cadenas productivas regionales y que pasan a integrar una mezcla desarrollada específicamente para aplicaciones en pavimentación urbana.
Al impedir que este carbono sea liberado por la descomposición o por la quema de los residuos, el proceso transforma el pavimento en una estructura capaz de almacenar carbono a lo largo de toda la vida útil de la vía.
Reducción de emisiones puede llegar al 76%
Según datos preliminares asociados al proyecto, la sustitución parcial del filler mineral por el biochar puede reducir hasta un 76% la huella de carbono del pavimento cuando se compara con las mezclas asfálticas convencionales utilizadas en obras urbanas.
Aunque la tecnología aún depende de ligantes derivados del petróleo para componer la masa asfáltica, el cambio reduce parte de los insumos minerales empleados tradicionalmente y altera de manera relevante el balance ambiental de la pavimentación.
Además de la reducción de emisiones, el piloto también monitorea resistencia mecánica, durabilidad, comportamiento térmico y capacidad de soportar tráfico intenso, criterios considerados decisivos para una eventual ampliación del uso del material en otras regiones de la ciudad.
Calle Cerdà será laboratorio urbano para la prueba
Con cerca de 2 mil metros cuadrados, el experimento realizado en la calle Cerdà reúne al ayuntamiento de Barcelona, la fundación BIT Habitat, el grupo Sorigué y equipos técnicos responsables del desarrollo y seguimiento de la nueva mezcla asfáltica.
Elegida para recibir la prueba, la vía permitirá evaluar el comportamiento del pavimento en condiciones reales de uso, incluyendo variaciones climáticas, circulación constante de vehículos, desgaste diario y necesidad de mantenimiento a lo largo de la operación.
Si los resultados confirman la viabilidad técnica de la solución, la ciudad podrá ampliar el uso del biochar en futuras obras viales, integrando infraestructura urbana, gestión de residuos y metas climáticas dentro de una misma estrategia pública.
Economía circular entra en el centro de las obras viales
Tradicionalmente dependiente de materiales intensivos en energía y procesos industriales de alto impacto ambiental, la pavimentación urbana está entre los sectores más difíciles de descarbonizar dentro de las políticas de infraestructura de las grandes ciudades.
En este escenario, el reaprovechamiento de residuos agrícolas y forestales surge como alternativa de economía circular al transformar subproductos de bajo valor comercial en componentes aplicables a obras urbanas de gran escala.
En regiones mediterráneas, donde hay amplia producción de aceite y disponibilidad constante de biomasa vegetal, la experiencia conducida por Barcelona pasa a funcionar como referencia práctica para otras redes viales interesadas en reducir emisiones.
Aun así, la expansión de la tecnología depende de la comprobación de desempeño en campo, de la oferta continua de residuos orgánicos y de la viabilidad económica necesaria para incorporar el material a contratos públicos sin comprometer estándares técnicos de calidad.
