Aunque mucha gente imagine que Corea del Norte esté desconectada del mundo, el país tiene un mercado de teléfonos móviles en funcionamiento. Pero lo que parece un simple smartphone, en realidad, es parte de un sistema de vigilancia y control riguroso, diferente de cualquier otro en el planeta.
Corea del Norte tiene una de las redes móviles más restrictivas del mundo, y los teléfonos vendidos en el país revelan una realidad única, donde hasta un simple juego puede ocultar un sistema de vigilancia masiva.
Un teléfono que vuela — pero solo en la propaganda
El Arirang 151 es uno de los modelos disponibles en el país. Viene en tres colores, tiene cámara, batería y, curiosamente, puede conectarse a un teclado de tamaño estándar.
Pero antes de que alguien se emocione, es bueno saber que este teléfono no está a la venta fuera de Corea del Norte.
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En realidad, es solo un ejemplo de lo que se encuentra en el mercado local: dispositivos básicos, llenos de limitaciones, pero con funciones de control riguroso impuestas por el gobierno.
La llegada tardía de los teléfonos móviles
Los teléfonos móviles son una novedad relativamente reciente en Corea del Norte.
La primera red funcional solo surgió en 2008. Antes de eso, existían solo líneas fijas limitadas, y el 90% de ellas estaban conectadas a organismos del gobierno o empresas estatales.
Hubo un intento entre 2002 y 2004 de instalar una red móvil usando equipos antiguos de Hungría, pero la experiencia duró solo 18 meses.
Un atentado casi mata a Kim Jong-il, y la red fue cerrada. No había relación directa entre los eventos, pero la sanción fue colectiva: todos se quedaron sin acceso.
La red robada
En 2008, Corea del Norte intentó nuevamente.
La empresa egipcia Orascom fue convencida de instalar la red llamada Koryolink, que terminó siendo tomada por el gobierno local.
La red atiende a 15 ciudades y algunas vías de tren, pero es extremadamente limitada.
Solo es posible realizar llamadas dentro del país, todos los números tienen el mismo prefijo y, por supuesto, no hay acceso a internet.
En lugar de eso, los dispositivos acceden a Kwangmyong, una red local con alrededor de 5 mil sitios autorizados por el Estado. Es posible ver películas de propaganda, consultar noticias controladas y acceder a servicios locales — todo bajo rigurosa censura.
Smartphones falsos y fábricas fantasma
En 2014, imágenes mostraron a Kim Jong-un visitando una supuesta fábrica de smartphones.
El modelo anunciado era el AS1201, presentado como completamente fabricado en el país.

Pero la realidad es otra. El dispositivo es casi con seguridad una versión renombrada del Uniscope U1201, un teléfono chino barato.
Lo mismo sucede con otros modelos como el Arirang 171 y el Samtong 8. Corea del Norte probablemente no fabrica teléfonos.
Solo importa y modifica. Lo que realmente cambia es el sistema operativo de los dispositivos.
Android modificado y lleno de juegos
Los teléfonos norcoreanos utilizan una versión personalizada de Android. El modelo Pyongyang 2407, por ejemplo, fue analizado por investigadores alemanes.
Descubrieron un sistema lleno de limitaciones y control.
Sin embargo, los teléfonos vienen llenos de juegos. El Arirang 151, por ejemplo, incluye cinco versiones de Angry Birds, una copia de Candy Crush, un emulador de Super Mario Galaxy y hasta una aplicación que emite ruidos para ahuyentar insectos.
Pero hay una razón para tantos juegos: no es posible descargar nuevas aplicaciones. Sin acceso a internet y sin una tienda online, los usuarios solo pueden adquirir nuevas aplicaciones de forma física.
La tienda de aplicaciones… física
En Corea del Norte, existe una “tienda de aplicaciones” en el sentido literal.
Generalmente, es un mostrador dentro de otro comercio, como un supermercado o tienda de electrónica. Allí, las aplicaciones se instalan directamente en el teléfono, a partir de una computadora.
Todas las aplicaciones deben ser aprobadas por el gobierno. Si la aplicación no está verificada, el sistema del teléfono simplemente no permite que se ejecute.
Firma obligatoria y sistema cerrado
Cualquier archivo — foto, música o aplicación — necesita tener una firma criptografiada. Hay dos tipos:
- La Nata Sign, emitida por el gobierno, garantiza que el archivo es “seguro”.
- La Self Sign, generada por el propio teléfono, sirve para archivos creados en el dispositivo, como fotos tomadas con la cámara.
Si el archivo no tiene ninguna de estas firmas, se elimina automáticamente al ser abierto.
Vigilancia constante
Para garantizar que el sistema de verificación no sea eliminado, los teléfonos vienen con un programa llamado Red Flag, que se ejecuta en segundo plano todo el tiempo. Verifica el sistema y registra una captura de pantalla cada vez que se abre una aplicación.
Estas capturas van a una carpeta a la que solo el gobierno puede acceder. El usuario no puede eliminar, editar o visualizar estas imágenes. Pero puede ver que existen a través de una aplicación preinstalada llamada Trace Viewer, que solo sirve para recordar al usuario que está siendo monitoreado.
Libertad? Solo en apariencia
El resultado es un sistema cerrado, controlado y lleno de limitaciones. Los teléfonos norcoreanos no son solo dispositivos de comunicación: son herramientas de control. Incluso con juegos y un diseño moderno, están hechos para vigilar y limitar.
En Corea del Norte, hasta un juego de Angry Birds puede ser parte de la vigilancia del Estado.

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