Pareja que vivió cuatro años en la carretera con una Kombi de 1986 instaló un contenedor usado de R$ 7.800 en el sur de Santa Catarina y planea dividir la estructura en taller, dos habitaciones, cocina y baño, mientras organiza una base provisional para establecer el refugio familiar en el nuevo terreno rural.
La pareja que pasó cuatro años viajando por las Américas en una Kombi de 1986 comenzó una nueva etapa en el sur de Santa Catarina. Después de recorrer miles de kilómetros, cruzar países y vivir en una casa sobre ruedas, decidieron establecer una base en un terreno rural y transformar un contenedor usado en vivienda provisional.
La estructura fue comprada por R$ 7.800, un valor muy por debajo de otros presupuestos citados por ellos, que podrían llegar a R$ 15 mil, R$ 20 mil o incluso R$ 30 mil. A pesar del óxido externo y las marcas de uso, el contenedor fue elegido porque estaba firme, sin agujeros por dentro y con una estructura considerada buena para convertirse en casa, taller y apoyo de obra.
Pareja dejó la vida en la carretera para construir un refugio en Santa Catarina
El proyecto comenzó después de una travesía de cuatro años por el continente americano. La pareja viajó con la Kombi Manezinha, de 1986, en una ruta que pasó por diferentes países y llegó hasta regiones extremas, desde el sur del continente hasta Alaska y el Ártico.
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Después del viaje, comenzaron a trabajar en un terreno en el sur de Santa Catarina. El objetivo ahora es crear un refugio en medio del bosque, con una base donde puedan regresar, recibir familiares, guardar herramientas y continuar con las próximas etapas de la construcción.
Antes del contenedor, el terreno ya había pasado por varios trabajos. Nivelaron áreas, organizaron acceso, llevaron agua, instalaron tanque de agua, cuidaron el talud con hidrosiembra y comenzaron a cercar la propiedad.

El cambio marca un giro en el estilo de vida. En lugar de vivir solo en la carretera, la pareja ahora intenta transformar un espacio rural en base fija, sin abandonar la lógica de reutilización, improvisación planificada y construcción por etapas.
Container usado se convirtió en opción más barata que construir en madera
La idea inicial era hacer una estructura de madera, pero los costos y el trabajo necesario hicieron que la pareja repensara el plan. Al comparar alternativas, concluyeron que comprar un container usado podría ser más barato, más rápido y más útil a largo plazo.
El container elegido costó R$ 7.800. Según ellos, el precio fue inferior a otros valores encontrados en el mercado, donde estructuras similares podrían costar mucho más dependiendo del estado, del tamaño y de la conservación.
La pieza no llegó perfecta. Había óxido externo, abolladuras y señales claras de uso. Aun así, la parte interna fue considerada buena, sin agujeros y con estructura firme.
Para la pareja, la lógica fue parecida con la reforma de las Kombis: comenzar con una base antigua, desgastada y barata, para luego lijar, pintar, aislar, adaptar y transformar en algo funcional.
Base de concreto fue preparada antes de la llegada de la estructura

Antes de recibir el container, la pareja necesitó preparar la base en el terreno. La familia ayudó en las mediciones, marcaciones y nivelación, usando tubos de concreto para apoyar la estructura.
El plan era dejar el container alejado del suelo, evitando contacto directo con humedad. Esta decisión es importante en terreno rural, especialmente en áreas con barro, lluvia y suelo aún en fase de organización.
El equipo hizo mediciones en escuadra, cavó agujeros, posicionó tubos y concretó los apoyos. La llegada del camión con el container también tuvo sus desafíos, ya que el vehículo enfrentó barro y necesitó apoyo para llegar al punto correcto.
La instalación mostró que una casa container no comienza solo con la compra de la estructura. Antes de vivir o reformar, es necesario pensar en base, nivel, acceso, posición en el terreno y protección contra humedad.
Casa contenedor tendrá taller, dos habitaciones, cocina y baño
Por dentro, la pareja comenzó a planear la división de la futura casa contenedor. La idea es reservar una parte de cerca de 3 metros para el taller de herramientas, manteniendo las puertas originales del contenedor en esa área.
Después del taller, el espacio se dividirá en dos habitaciones de aproximadamente 2,5 metros cada una. La propuesta es crear un área simple para dormir, recibir familiares y dar soporte a las personas que ayuden en los trabajos del terreno.
La cocina debe ocupar cerca de 2,70 metros, mientras que el baño tendrá aproximadamente 1,30 metro de ancho. También planean abrir ventanas, crear corredor de acceso e instalar aislamiento térmico y revestimiento interno.
El contenedor no será la casa definitiva, sino una base esencial para el refugio. Debe funcionar como vivienda provisional, galpón, depósito seguro y apoyo para las próximas obras.
Estructura resuelve problema de herramientas y hospedaje en el terreno

Uno de los principales motivos para transformar el contenedor en casa es resolver la falta de estructura en el terreno. Hasta entonces, la pareja necesitaba llevar y traer herramientas, proteger equipos de la lluvia e improvisar espacios de apoyo.
Con un taller dentro del contenedor, herramientas y equipos podrán quedar guardados en un lugar cerrado, con candado y más protección. Esto facilita la rutina de obra y evita desplazamientos innecesarios.
La parte residencial también debe mejorar la permanencia en el sitio. Con habitaciones, baño y cocina, la pareja y familiares podrán pasar más tiempo en el terreno, sin depender solo de la Kombi o de estructuras temporales.
En la práctica, el contenedor funciona como la primera construcción útil del refugio. Antes de pensar en la casa principal, crea condiciones mínimas para trabajar, cocinar, dormir, guardar artículos y enfrentar días de lluvia.
Rutina en el terreno aún depende de soluciones provisionales
Mientras la casa contenedor no está lista, la pareja sigue usando soluciones provisionales. Han montado un área externa cubierta, organizado cajas plásticas para la cocina, improvisado un fogón, usado una parrilla y adaptado la Kombi como apoyo.
La energía tampoco proviene aún de la red pública. Para realizar parte de las tareas, utilizan una estación portátil de energía, capaz de alimentar equipos, internet vía satélite, iluminación e incluso herramientas como sierra circular.
El agua fue extraída de un manantial del terreno hasta un tanque de mil litros. Esta estructura ayuda en el riego del césped plantado por hidrosiembra y en el uso básico del refugio durante los días de trabajo.

El proyecto avanza en capas: primero acceso, agua, contención del suelo, césped, cerca, base, contenedor y solo después la reforma interna. Nada aparece listo de una vez.
El refugio comenzó con trabajo familiar y mucha adaptación
La construcción del refugio tiene una fuerte participación de la familia. Padres, parientes y amigos aparecen ayudando en tareas como cercar el terreno, preparar la base, cargar materiales, cocinar y acompañar la llegada del contenedor.
Ese apoyo es importante porque muchas etapas requieren fuerza física, experiencia práctica y varias manos al mismo tiempo. Medir, nivelar, concretar, cortar madera y organizar el terreno son trabajos demorados cuando se realizan sin un equipo profesional fijo.
La pareja también dejó claro que muchas cosas se están haciendo por primera vez. Esto requiere intento, error, adaptación y aprendizaje durante el proceso.
La obra no tiene apariencia de proyecto listo de revista. Muestra el comienzo real de una construcción rural: barro, óxido, lluvia, improvisaciones, herramientas, familia reunida y decisiones tomadas conforme el terreno revela sus desafíos.
Contenedor usado abre nueva fase para quien vivió años en una Kombi
Después de vivir en una Kombi de 1986 y cruzar largas distancias por las Américas, la pareja ahora intenta transformar un contenedor usado en símbolo de una nueva etapa. La vida móvil dio lugar a una base fija, pero el espíritu de adaptación sigue siendo el mismo.
La elección del contenedor tiene lógica práctica. Es reutilizable, resistente, puede cerrarse con seguridad y permite una reforma por partes. Además, queda como estructura útil incluso después de que se construya una casa definitiva.
Aún habrá mucho trabajo: tratar el óxido, pintar, aislar, abrir ventanas, dividir habitaciones, instalar baño, montar cocina y organizar el taller. Pero la llegada de la estructura ya resuelve una parte importante del problema.
Al final, la pareja que atravesó el continente en Kombi comienza a cambiar la carretera por un refugio en el campo, usando un contenedor de R$ 7.800 como primera casa, taller y base de obra.
¿Crees que una casa contenedor es una solución inteligente para comenzar en un terreno rural o el costo de la adaptación puede terminar sorprendiendo? Comenta tu opinión.


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