Huellas encontradas en Australia desafían teorías antiguas y anticipan en 35 millones de años el origen de los reptiles, sugiriendo que los primeros tetrápodos modernos podrían haber surgido en el hemisferio sur.
El origen de los reptiles siempre se ha contado a partir de fósiles encontrados en el hemisferio norte. Pero un nuevo descubrimiento en Australia cambia completamente esta narrativa.
Científicos encontraron huellas fósiles mucho más antiguas de lo que se imaginaba, y ahora proponen que los primeros reptiles podrían haber surgido en el supercontinente Gondwana, millones de años antes de lo que se pensaba.
Estas marcas en el suelo desafían todo lo que se sabía sobre la línea del tiempo de la evolución de los tetrápodos – grupo que incluye los anfibios, reptiles, aves y mamíferos, como los humanos. Y más que eso: apuntan a que la ciencia estaba buscando en el lugar equivocado.
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La llegada de los primeros pies en tierra firme
Los tetrápodos surgieron durante el período Devónico, hace alrededor de 390 millones de años. Eran peces con aletas robustas, que comenzaron a arrastrarse fuera del agua.
A partir de esta línea ancestral, se formaron dos grandes grupos.
Uno de ellos dio origen a los anfibios actuales, como ranas y salamandras. El otro grupo evolucionó hacia los llamados amniotas, animales con huevos protegidos por membranas especiales. Entre los amniotas están todos los reptiles, aves y mamíferos.
Hoy, los amniotas son dominantes en todos los ambientes terrestres. Están en el suelo, en el aire y hasta han regresado con éxito a los océanos.
Pero el inicio de esta jornada aún era un gran misterio.
Hasta ahora, se creía que los primeros amniotas surgieron hace alrededor de 318 millones de años, con base en fósiles encontrados en América del Norte y Europa.
El fósil que cambió todo
El nuevo descubrimiento fue realizado en la región de Taungurung, cerca de la ciudad de Mansfield, en el sureste de Australia.
Una placa de arenisca de 35 centímetros de ancho trajo una sorpresa: huellas bien preservadas, con marcas de garras.
Los científicos que analizaron el material aseguran que se trata de huellas de amniotas primitivos — probablemente reptiles.
Esta simple placa de piedra puede significar que los primeros reptiles existieron al menos 35 millones de años antes de lo que se pensaba.
Las huellas fueron datadas entre 359 y 350 millones de años atrás, es decir, al inicio del período Carbonífero.
Las marcas fueron dejadas por animales con dedos y garras — una característica exclusiva de los amniotas. Anfibios, por ejemplo, rara vez presentan garras reales.
Por eso, la presencia de estas marcas afiladas es un fuerte indicio del tipo de animal que pasó por allí.
Huella en la lluvia
Las huellas fueron encontradas en una área conocida por contener fósiles de peces que vivían en ríos y lagos. Pero, esta vez, lo que llamó la atención fue lo que ocurrió fuera del agua.
Las huellas aparecen junto con pequeñas marcas de gotas de lluvia, lo que comprueba que los animales andaban sobre tierra firme justo después de una precipitación.
La escena está registrada como si fuera una fotografía del pasado: huellas cruzando la superficie de la piedra, una de ellas sobreponiéndose a la otra, todas con rasguños dejados por las garras.
Los animales parecían moverse con firmeza, dejando sus marcas en suelo húmedo.
La forma de las huellas es similar a la de reptiles primitivos conocidos. Con esto, los científicos tienen seguridad para afirmar que se trata de amniotas, empujando el origen de este grupo aún más hacia el pasado.
Un nuevo punto de partida
Si los amniotas ya existían entre 359 y 350 millones de años atrás, la separación entre ellos y los anfibios debió haber ocurrido aún antes — quizás a finales del Devónico, hace alrededor de 380 millones de años. Esto cambia completamente lo que se sabía hasta hoy.
El problema es que el registro fósil no acompaña esta nueva línea del tiempo. Hasta ahora, casi todos los fósiles importantes provenían de Euramérica — un antiguo continente del hemisferio norte, donde hoy están ubicadas América del Norte y Europa.
Ya Gondwana, el antiguo supercontinente del sur que incluía Australia, África, América del Sur, Antártida e India, siempre ha sido una incógnita en este período de la historia.
Hay poquísimos fósiles de tetrápodos encontrados por allí. Y, por eso, quizás muchas especies antiguas simplemente han pasado desapercibidas.
¿Apenas el comienzo de los descubrimientos?
La placa encontrada en el sureste australiano es, hasta el momento, el único fósil de tetrápodo de la primera fase del período Carbonífero en toda Gondwana.
El registro fósil del Devónico también es escaso en esta parte del planeta. Esto sugiere que los científicos aún saben muy poco sobre los animales que vivieron en estas regiones en el pasado remoto.
Esta escasez plantea una cuestión importante: ¿acaso los primeros tetrápodos modernos surgieron en las tierras del sur y solo después migraron a otras regiones del mundo? Es una hipótesis posible, pero que aún necesita más pruebas.
Los investigadores señalan que la única manera de responder a esta pregunta es continuar excavando. Solo nuevos descubrimientos en campo, en otras áreas de Gondwana, podrán llenar las lagunas dejadas por la falta de fósiles.
Un descubrimiento con impacto global
El descubrimiento de las huellas australianas se considera uno de los más importantes de los últimos años para la paleontología.
No solo anticipa en millones de años el origen de los reptiles, sino que también sugiere que los primeros capítulos de la evolución de los tetrápodos pudieron haber ocurrido lejos de los lugares donde los científicos siempre han buscado.
La ciencia ahora tiene un nuevo punto de partida para repensar la historia de la vida en la Tierra. Si Gondwana fue realmente la cuna de grupos modernos de tetrápodos, aún hay mucho por revelar bajo el suelo de regiones como Australia, África y América del Sur.
El hallazgo en Mansfield muestra que es posible encontrar evidencias revolucionarias incluso en pequeños fragmentos de roca.
Las huellas dejadas por animales que vivieron hace más de 350 millones de años abrieron una nueva línea de investigación científica.
A partir de ahora, los ojos de la paleontología se dirigen hacia el hemisferio sur, con la esperanza de que nuevas pistas aparezcan.
Al fin y al cabo, la historia de la vida en la Tierra está escrita en sus capas más profundas. Y solo quienes excavan con paciencia pueden leerla por completo.

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