En Betânia, en el sertão del Moxotó, el pozo artesiano usado por José Soares abastece cintas de goteo en 4 hectáreas. Con técnica aprendida en el Sebrae, el agricultor diversificó la producción con banana, mango, coco, café, uva y más de 13 variedades, según un reportaje de Marco Zero publicado en julio de 2021.
El pozo artesiano con caudal de 5 mil litros por hora es una de las bases de la producción mantenida por José Soares, conocido como Zé de Sofia, en la zona rural de Betânia, en el sertão del Moxotó, en Pernambuco. La propiedad tiene apenas 4 hectáreas, pero reúne al menos 13 variedades de frutas y verduras.
La experiencia fue relatada en un reportaje de Marco Zero, firmado por Géssica Amorim y publicado el 6 de julio de 2021. En esa época, José Soares tenía 60 años y cultivaba especies comunes e inusuales para la región, combinando agua subterránea, bomba sumergible e irrigación por goteo para reducir la dependencia directa de las lluvias.
El agua subterránea pasó a sustentar una producción más diversificada

En la propiedad ubicada a unos 396 kilómetros de Recife, el pozo artesiano permite que el agua llegue a las plantas a través de un sistema de irrigación por goteo. El caudal informado en el reportaje es de 5 mil litros por hora, volumen que abastece las cintas de goteo esparcidas por el terreno.
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Este tipo de estructura cambia la lógica de producción en un área marcada por la irregularidad de las lluvias. En lugar de concentrar la siembra solo en cultivos estacionales, el agricultor pasó a organizar el uso del agua de forma más constante, dirigida y compatible con diferentes tipos de plantas.
El punto central no es solo tener agua disponible, sino controlar cómo llega al suelo. La irrigación por goteo libera agua en pequeñas cantidades, cerca de las raíces, lo que ayuda a evitar el desperdicio y hace posible manejar diferentes cultivos en el mismo espacio.
La reportaje informa que Zé de Sofia cultiva banana, mango, papaya, coco, granada, acerola, guayaba, anacardo, piña y guanábana. También aparecen en el terreno cultivos menos esperados en ese contexto local, como café y uva, que requieren mayor atención en el manejo.
Técnica aprendida en Petrolina ayudó a organizar el sistema
Antes de regresar al sertão de Moxotó, José Soares vivió casi dos décadas en Petrolina, en el Valle del São Francisco. La región es reconocida por la fuerza de la fruticultura irrigada y sirvió como ambiente de aprendizaje práctico para que el agricultor observara formas de producción más diversificadas.
Según Marco Zero, él comenzó a invertir en estos cultivos cuatro años antes de la publicación del reportaje. El conocimiento utilizado en la propiedad vino, en parte, de un curso de seis meses realizado en el Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas, el Sebrae, cuando aún vivía en Petrolina.
En la práctica, este aprendizaje se reflejó en la instalación de las cintas goteadoras, en la marcación de los puntos de irrigación y en el uso de una bomba sumergible para elevar la presión del agua. La bomba permite que el agua del pozo artesiano se distribuya con más constancia por la superficie del área productiva.
La diferencia está en la combinación entre conocimiento técnico y aplicación directa en el terreno. El pozo artesiano proporciona el agua, pero el sistema solo funciona de manera eficiente porque hay planificación en la distribución, en el espaciamiento de las plantas y en el mantenimiento de las plántulas.
Inversión inicial quedó por debajo de R$ 10 mil, según el agricultor

El reportaje informa que José Soares afirmó haber gastado menos de R$ 10 mil para instalar el sistema de irrigación e iniciar la producción, incluyendo compra de plántulas y fertilizantes. El valor fue citado por el propio agricultor a Marco Zero, dentro del contexto de la implantación de la estructura en el terreno.
Él también relató haber realizado solo etapas como la instalación de la bomba, marcación de los puntos de las cintas goteadoras, plantación y mantenimiento inicial de las plántulas. Esta información ayuda a entender la escala del proyecto: se trata de una estructura pequeña, organizada en 4 hectáreas, pero con planificación de agua y diversidad agrícola.
El dato de la inversión no debe ser leído como fórmula lista para cualquier propiedad. El costo de un pozo artesiano, de bombas, de irrigación y de plántulas puede variar según el suelo, profundidad del agua, energía disponible, mano de obra, distancia de proveedores y exigencias locales.
Aún así, el caso muestra cómo un sistema de riego bien dimensionado puede ampliar las posibilidades de una pequeña área rural. La producción no depende solo del tamaño de la tierra, sino de la capacidad de manejar agua, suelo, plántulas y mantenimiento a lo largo del año.
Más de 13 variedades ocupan un área de apenas 4 hectáreas
En lugar de trabajar solo con cultivos más tradicionales de la región, como frijoles, maíz y mandioca, Zé de Sofia comenzó a probar frutas y verduras variadas. La lista presentada por Marco Zero incluye especies de diferentes exigencias, lo que hace que la organización del riego sea aún más relevante.
El cultivo de uva y café en el sertão del Moxotó llama la atención precisamente por alejarse del patrón más común del paisaje agrícola local. Estos cultivos no aparecen en el reportaje como producción a gran escala, sino como parte de una diversificación llevada a cabo dentro de la propiedad.
La diversificación reduce la dependencia de un único cultivo y puede mejorar el aprovechamiento del área. En una pequeña propiedad, combinar especies diferentes puede distribuir mejor riesgos, ciclos productivos y posibilidades de consumo o venta.
El artículo original también informa que la tierra de Zé da frutos todo el año. Este resultado está directamente ligado al riego, ya que el agricultor no se limita solo al calendario de lluvias para mantener parte de las plantas en desarrollo.
Producción aún no es orgánica ni agroecológica

A pesar de la variedad de alimentos cultivados, el reportaje deja claro que la producción de José Soares aún no es orgánica y no utiliza técnicas de agroecología. En el caso de las uvas, por ejemplo, hay necesidad de aplicación de fertilizantes químicos, según informa Marco Zero.
Este punto es importante para mantener precisión periodística. El caso muestra manejo de agua y diversificación productiva, pero no debe ser presentado como producción orgánica, agroforesta o modelo agroecológico, porque la fuente no sustenta esa clasificación.
La propia reportaje informa que este puede ser un próximo paso deseado por el agricultor. Para avanzar en este sentido, sería necesario acceso a orientación técnica, intercambio de conocimiento y prácticas adecuadas para manejo saludable del suelo y de los cultivos.
En este contexto, Marco Zero cita la Articulación Semiárido Brasileño, la ASA, red formada por más de tres mil organizaciones. La entidad actúa en temas como almacenamiento de agua, agroecología, semillas y orientación para cultivos en estados del semiárido.
El caso muestra el peso de la información técnica en el semiárido
La experiencia en Betânia revela cómo el pozo artesiano, cuando se combina con riego por goteo, puede cambiar la capacidad productiva de una pequeña propiedad. El agua subterránea es el punto de partida, pero no actúa sola: el resultado depende de conocimiento técnico, elección de cultivos y manejo constante.
El reportaje también muestra que muchos agricultores de la región podrían beneficiarse de información práctica sobre tecnologías de campo. Esto incluye riego eficiente, uso racional del agua, elección de plántulas, análisis de suelo, fertilización y formas de convivencia con el semiárido.
El ejemplo de Zé de Sofia no elimina la importancia de políticas públicas y asistencia técnica. Por el contrario, refuerza que la difusión de conocimiento puede ayudar a pequeños productores a aprovechar mejor sus áreas, siempre que respeten las condiciones locales y los límites ambientales.
La ASA aparece en el reportaje como referencia en este debate, especialmente por programas dirigidos al acceso al agua, como el Programa Un Millón de Cisternas, conocido como P1MC. La iniciativa busca captar y almacenar agua de lluvia en cisternas cercanas a las casas de familias de la zona rural.
Agua, manejo y elección de los cultivos definen el futuro de la pequeña producción
El pozo artesiano de 5 mil litros por hora en Betânia se ha convertido en parte de una estructura productiva que combina agua, riego por goteo y diversidad de cultivos. El resultado es una propiedad pequeña, pero con una variedad agrícola mayor que la tradicionalmente asociada al entorno.
El caso muestra que producir en el sertão no depende solo de esperar lluvia o repetir cultivos estacionales. También pasa por acceso al agua, aprendizaje técnico, planificación del uso del suelo y decisiones sobre qué especies tienen sentido en cada área.
La experiencia de José Soares ayuda a ampliar la discusión sobre convivencia productiva con el semiárido. No se trata de presentar una solución única, sino de mostrar cómo tecnología simple, conocimiento aplicado y manejo del agua pueden abrir nuevas posibilidades para pequeños agricultores.
¿Crees que sistemas como el pozo artesiano y el riego por goteo deberían recibir más orientación técnica en el semiárido? Deja tu opinión en los comentarios y cuéntanos si este tipo de producción podría funcionar en otras pequeñas propiedades rurales.
