Investigadores Investigan Si La Antigua Receta De Concreto Usada Por Los Romanos Podría Ayudar A Hacer La Construcción Civil Más Sostenible En El Mundo Actual.
El concreto romano sigue impresionando a ingenieros e investigadores. Incluso después de dos mil años, estructuras como acueductos, puentes y edificios resisten el paso del tiempo.
Este desempeño llamó la atención de científicos, quienes decidieron investigar si retomar la receta antigua podría ayudar en la construcción sostenible actual.
En un estudio publicado en la revista iScience, investigadores compararon las fórmulas romanas con las prácticas modernas.
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Querían entender si la durabilidad del material podría compensar las altas emisiones y el consumo de energía de la industria de la construcción.
Receta Antigua, Desafíos Modernos
La base del concreto, en ambas versiones, es la caliza. Cuando se calienta a temperaturas elevadas, se transforma en óxido de calcio y libera CO₂. Este proceso sirve para crear la pasta que une los elementos de la mezcla. Lo más importante es que, a pesar de usar el mismo ingrediente, los romanos seguían una lógica diferente.
Ellos añadían puzolana — un detrito volcánico — e incluso restos de demolición. En cambio, el concreto moderno mezcla cemento con arena y grava. Con estas diferencias, los científicos quisieron probar los impactos ambientales de cada método.
Daniela Martinez, ingeniera de la Universidad del Norte, en Colombia, explica el objetivo del estudio: «Queríamos aprender de los romanos y ver si sus técnicas podrían ayudar a reducir los daños ambientales de nuestro sector de construcción.»
Modelado Revela Sorprensas
Los investigadores crearon modelos que simulan el volumen de agua, caliza y energía utilizados para producir cada tipo de concreto. Además, midieron las emisiones de CO₂ y otros contaminantes asociados con la producción.
La sorpresa llegó con los resultados. La producción del concreto romano, en varios casos, emitió cantidades iguales o incluso mayores de CO₂ que el concreto actual. Es decir, la antigua receta no es automáticamente más limpia, como se imaginaba.
Según Martinez, «esperábamos encontrar una alternativa más sostenible, pero descubrimos que solo cambiar la fórmula no lo resuelve todo. También es necesario repensar la fuente de energía de los hornos.»
Biomasa Y Energía Renovable Hacen La Diferencia
El estudio también comparó los efectos del uso de diferentes fuentes de energía para calentar la caliza. El uso de biomasa, madera y fuentes renovables tuvo un impacto positivo, reduciendo la contaminación atmosférica. Contaminantes como óxidos de nitrógeno y azufre, que afectan directamente la salud humana, cayeron hasta un 98% dependiendo de la fuente energética utilizada.
Por lo tanto, aunque el concreto romano no genere una ventaja directa en términos de CO₂, aún puede aportar beneficios ambientales al emitir menos contaminantes tóxicos durante la producción.
Apuesta En La Durabilidad
Otro punto central del estudio es la durabilidad. Estructuras romanas han sobrevivido durante siglos sin grandes reparaciones. En cambio, las construcciones modernas requieren mantenimientos constantes, especialmente en carreteras y obras de gran uso.
“Cuando pensamos en la vida útil del material, los romanos aún tienen mucho que enseñar”, afirma Martinez. “Un concreto que dura más puede reducir la necesidad de reconstrucción, lo que significa menos emisiones a lo largo del tiempo.”
Sabbie Miller, de la Universidad de California, está de acuerdo. Para ella, la verdadera ventaja de la receta antigua radica en la resistencia. Si se aplica correctamente, podría reducir el impacto ambiental, incluso con emisiones iniciales similares.
Límites En La Comparación
A pesar de esto, los propios autores advierten sobre los límites de esta comparación. El concreto moderno está reforzado con barras de acero, algo que los romanos no usaban. Esto hace que el material actual sea más susceptible a la corrosión, una de las principales razones de la deterioración.
Paulo Monteiro, de la Universidad de California, destaca: «Es necesario tener cuidado al comparar los dos tipos. Las estructuras antiguas no enfrentaban los mismos desafíos que enfrentamos hoy, como la corrosión de armaduras metálicas.»
Próximos Pasos
El grupo planea nuevos estudios para entender mejor cómo la mezcla romana puede comportarse en obras modernas. Quieren probar diferentes escenarios y evaluar si la durabilidad realmente puede compensar los costos ambientales iniciales.
“Si logramos unir las técnicas romanas con la tecnología moderna, podemos crear construcciones más eficientes y sostenibles”, concluye Martinez.
La investigación allana el camino para nuevas soluciones en la ingeniería civil. El concreto romano no es una solución mágica, pero puede inspirar estrategias más duraderas y menos agresivas con el medio ambiente.

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