El proyecto de Cheonggyecheon transformó un río enterrado bajo concreto y una vía expresa en un parque urbano de Seúl, con agua, pasarelas y áreas verdes. La obra atrajo a miles de visitantes, redujo el calor, mejoró la movilidad, aumentó la biodiversidad y mostró los límites de una restauración dependiente de ingeniería urbana artificial compleja en el centro urbano moderno.
El río enterrado bajo concreto y una vía expresa elevada en el centro de Seúl volvió a la superficie como parte del proyecto de recuperación del Cheonggyecheon, en Corea del Sur, y pasó a ser visto como parque urbano. La obra fue concluida en 2005, después de 27 meses de intervención urbana en una de las áreas más concurridas de la capital.
En un video divulgado por el canal Simple Discovery, el 01 de junio de 2026, la transformación removió una carretera que se había convertido en símbolo de la modernización surcoreana y dio lugar a un corredor de agua, pasarelas y espacios públicos. El proyecto ganó atención mundial por atraer cerca de 64 mil visitantes por día y por registrar un aumento del 639% en la biodiversidad entre 2003 y 2008.
Un río antiguo desapareció bajo el concreto

El Cheonggyecheon era un curso de agua histórico de Seúl, asociado a la vida cotidiana de la ciudad desde períodos antiguos. A lo largo del tiempo, sus márgenes reunieron comercio, viviendas, puentes y actividades populares que formaban parte del paisaje urbano.
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Después de la Guerra de Corea, sin embargo, la ciudad creció rápidamente y enfrentó pobreza, migración intensa, ocupaciones precarias y desecho de aguas residuales en el arroyo. Lo que antes era parte de la vida urbana pasó a ser visto como señal de atraso en una capital que quería modernizarse rápidamente.
La modernización transformó el arroyo en carretera
En la segunda mitad del siglo XX, Seúl apostó por grandes obras de infraestructura para acelerar la industrialización y organizar el tráfico. En ese proceso, el Cheonggyecheon fue cubierto por concreto y, luego, recibió una vía expresa elevada sobre su antiguo cauce.
Para muchos habitantes de la época, la obra representaba progreso. Más coches, más velocidad y más circulación de mercancías parecían indicar avance económico. El río enterrado se convirtió en la base de una ciudad moldeada por el concreto, la prisa y la lógica del automóvil.
La carretera comenzó a pesar sobre la ciudad

Con el pasar de las décadas, la estructura elevada dejó de parecer solución y pasó a exponer problemas. La vía soportaba tráfico intenso, envejecía rápidamente y exigía reparaciones costosas en una región cada vez más tomada por concreto.
Además del desgaste físico, había impactos urbanos. El centro de Seúl acumulaba congestionamientos, contaminación, calor y poca área para peatones. La carretera que antes simbolizaba modernidad pasó a funcionar como barrera, sombra y peso sobre el corazón de la ciudad.
Demoler la vía parecía una apuesta arriesgada
La decisión de derribar la vía expresa y recuperar el Cheonggyecheon fue considerada audaz. El proyecto ganó fuerza a principios de los años 2000, durante la gestión de Lee Myung-bak, entonces alcalde de Seúl, quien había construido una carrera ligada al sector de infraestructura.
La propuesta parecía contradictoria para parte de la población: un político asociado al mundo de las grandes obras quería remover una de las estructuras más emblemáticas de la modernización urbana. La pregunta era simple e incómoda: ¿cómo una metrópoli soportaría perder una avenida elevada en su propio centro?
Obra removió concreto, acero y décadas de infraestructura

La intervención comenzó en 2003 y transformó el centro de Seúl en un gran sitio de construcción. Era necesario retirar pistas, estructuras elevadas, redes subterráneas, cables, tuberías y capas acumuladas de infraestructura urbana.
La escala de la demolición impresionó. Más de 680 mil toneladas de concreto y acero fueron removidas, según referencias técnicas sobre el proyecto. No era solo abrir un parque: era deshacer una parte de la ciudad industrial para reconstruir otro modelo de espacio público.
Cheonggyecheon volvió como corredor de agua
Tras 27 meses de obras, el Cheonggyecheon fue reabierto en 2005 como un corredor de agua y convivencia en el centro de Seúl. El tramo recuperado pasó a tener cerca de 5,8 km, con pasarelas, márgenes accesibles y áreas de permanencia.
La imagen final contrastaba con el pasado reciente. Donde había concreto, sombra de viaducto y flujo de vehículos, comenzaron a aparecer agua, vegetación, peatones y espacios de descanso. El río enterrado volvió no como simple retorno al pasado, sino como reconstrucción urbana planificada.
Restauración también dependió de ingeniería artificial

A pesar de la apariencia natural, el Cheonggyecheon no volvió solo por la remoción del concreto. El antiguo sistema hidrológico ya había sido profundamente alterado, y la ciudad necesitó crear mecanismos para mantener el flujo de agua.
El proyecto pasó a depender de bombeo, control hidráulico e infraestructura urbana para sostener el canal. Este detalle es importante porque muestra que la recuperación no fue un regreso puro a la naturaleza, sino una solución híbrida entre ingeniería, paisajismo y ecología urbana.
La biodiversidad creció de forma sorprendente
Uno de los resultados más citados del proyecto fue el aumento de la biodiversidad. Entre 2003 y 2008, estudios registraron un crecimiento del 639% en el conjunto de especies observadas en el área restaurada.
Plantas, peces, aves, insectos y otros organismos reaparecieron en un tramo antes dominado por concreto y tráfico. El caso mostró que incluso áreas altamente urbanizadas pueden recuperar vida cuando reciben agua, vegetación y conexión ecológica.
Especies volvieron al centro de Seúl
El aumento de biodiversidad no se limitó a un número general. Plantas, peces e insectos crecieron en variedad tras la reapertura del Cheonggyecheon, mientras que las aves comenzaron a verse con más frecuencia en el corredor verde.
Este retorno de especies cambió la percepción sobre el centro de la ciudad. El espacio dejó de ser solo un paso rápido y pasó a funcionar como un ambiente vivo, donde residentes y visitantes podían percibir la presencia de la naturaleza dentro de la metrópoli.
Área se volvió más fresca y menos sofocante

El regreso del agua y la vegetación también ayudó a reducir el calor local. Investigaciones citadas en estudios urbanos indican que la región de Cheonggyecheon se volvió más fresca que las avenidas cercanas dominadas por concreto.
La diferencia térmica reforzó la importancia de las áreas verdes en ciudades densas. En lugar de depender solo de obras viales, Seúl mostró que el agua corriente, la sombra y la vegetación también pueden funcionar como infraestructura contra islas de calor.
La movilidad no colapsó como muchos temían
Antes de la demolición, había miedo de que la retirada de la vía expresa provocara caos en el tráfico. La carretera llevaba un gran volumen de vehículos y era vista como una arteria importante para desplazamientos urbanos.
El resultado, sin embargo, fue más complejo. Seúl amplió corredores de autobuses, fortaleció el metro y reorganizó el transporte. El caso se convirtió en ejemplo de una idea cada vez más discutida en el urbanismo: remover vías puede cambiar hábitos, reducir la dependencia del coche y redistribuir desplazamientos.
Visitantes transformaron el espacio en parque urbano
Después de la restauración, Cheonggyecheon comenzó a atraer a unos 64 mil visitantes por día. Las personas caminan, descansan, cruzan pasarelas, observan el agua y usan el corredor como una pausa dentro de la rutina urbana.
Este flujo muestra que la intervención dejó de ser solo ambiental o vial. El río enterrado se convirtió en parque urbano, punto turístico, espacio de encuentro y símbolo de una ciudad que decidió devolver parte del centro a las personas.
El proyecto se convirtió en referencia para otras ciudades
El impacto del Cheonggyecheon ha superado a Corea del Sur. La obra ha sido citada en debates internacionales sobre renaturalización de ríos, eliminación de vías urbanas y recuperación de espacios públicos.
La idea se conecta a un movimiento conocido como daylighting, que busca traer de vuelta a la superficie cursos de agua antes escondidos por concreto. En varias ciudades, ríos enterrados dejaron de ser vistos como problema a esconder y pasaron a ser tratados como activos urbanos.
No todo en el proyecto es consenso
A pesar de los resultados positivos, el Cheonggyecheon también recibe críticas. La dependencia de bombeo de agua y la fuerte intervención de ingeniería levantan dudas sobre costo, autenticidad ecológica y sostenibilidad a largo plazo.
Estas críticas no anulan la relevancia del proyecto, pero ayudan a entender su complejidad. La obra no fue una restauración natural perfecta; fue un intento urbano de corregir décadas de decisiones basadas en concreto, tráfico y crecimiento acelerado.
Ciudades repiensan concreto, agua y calidad de vida
La historia de Seúl muestra un cambio de mentalidad en la planificación urbana. Durante mucho tiempo, el progreso fue medido por carreteras, velocidad, obras elevadas y expansión del tráfico.
Hoy, muchas ciudades comienzan a medir el desarrollo también por confort térmico, movilidad activa, biodiversidad, seguridad, espacio público y calidad de vida. El Cheonggyecheon se convirtió en símbolo de este cambio: menos prioridad absoluta al coche y más atención al agua, a las personas y a la naturaleza.
Lo que una ciudad elige esconder
La historia del río enterrado bajo la carretera en Seúl muestra que una decisión urbana puede parecer progreso en una época y problema en otra. El Cheonggyecheon fue cubierto para abrir camino al concreto, pero décadas después volvió como parque urbano, corredor ecológico y espacio de convivencia.
El caso también deja una pregunta para otras metrópolis: ¿cuántos ríos, arroyos y áreas verdes aún están escondidos bajo asfalto, galerías y viaductos? ¿Crees que las ciudades modernas deben continuar priorizando coches y concreto o abrir más espacio para agua, sombra y personas? Comenta tu opinión.


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