Investigadores Encuentran Capas de Ámbar en el Fondo del Mar en Hokkaido, Japón, y Revelan Tsunamis Gigantes Que Ocurrieron Hace 115 Millones de Años Durante el Período Cretácico.
Descubrir un evento natural que ocurrió hace más de 100 millones de años es raro. Identificar que ese evento fue un tsunami es aún más sorprendente.
Y fue exactamente eso lo que un equipo de investigadores encontró al analizar rocas en una cantera en la isla de Hokkaido, en un Japón.
El descubrimiento no fue planeado. Los científicos estaban estudiando sedimentos antiguos cuando se toparon con algo fuera de lo común: capas gruesas de ámbar enterradas en profundidad en una formación marina.
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Estas resinas fosilizadas, que generalmente aparecen en bosques o áreas costeras, estaban ahora a más de 150 kilómetros de la antigua línea de costa.
Una Resina Fuera de Lugar
El estudio reveló que el ámbar tuvo origen como resina de árboles en bosques costeros.
Durante tsunamis gigantescos, pedazos enteros de estos bosques fueron arrancados y llevados al mar, arrastrando junto a ellos resina, árboles, plantas y suelo.
El material llegó directamente al fondo del océano, siendo posteriormente soterrado por sedimentos marinos.
Los tsunamis son fenómenos extremadamente destructivos. Son provocados por terremotos submarinos o deslizamientos de tierra.
Avanzan rápidamente y destruyen todo lo que se encuentra a su paso. A pesar de que hoy en día están bien documentados, encontrar pruebas de su ocurrencia en tiempos tan antiguos es extremadamente difícil.
Esto sucede porque los registros geológicos dejados por tsunamis, como arena o conchas, tienden a desaparecer con el tiempo. Y, muchas veces, se confunden con señales dejadas por inundaciones o tormentas. Pero el ámbar trajo una nueva posibilidad.
Secuencia Sedimentaria con Sorpresa
El equipo investigó una secuencia sedimentaria del período Cretácico Inferior. Los depósitos tenían alrededor de 150 metros de espesor, con base volcánica y, sobre ella, una gruesa capa de sedimentos marinos. Fue en esa transición donde apareció el ámbar, infiltrado en medio de la arenisca profunda.
En total, se encontraron 30 capas distintas con ámbar. En algunas de ellas, el material representaba hasta el 80% de la superficie visible. Una de las capas era tan concentrada que había hasta siete centímetros de espesor de ámbar sobre diez metros de roca marina. Un verdadero misterio para los científicos.
Más que la cantidad, lo que más llamó la atención fue el estado en que se encontró el ámbar. La apariencia de la resina indicaba que aún estaba blanda cuando fue depositada en el fondo del mar.

Técnica Revela «Llamas» Bajo el Agua
Para analizar mejor, los investigadores usaron una técnica conocida como “tomografía de molienda de fluorescencia”. Esta técnica permite cortar la muestra y observarla bajo luz ultravioleta. Fue así como notaron deformaciones en el ámbar, con pliegues y flujos que recuerdan llamas formándose hacia arriba — un signo típico de la arena húmeda cuando es presionada.
Estas formaciones muestran que el ámbar aún era resina fresca y blanda cuando se hundió. Se mezcló con el lodo del fondo del mar y solo después se endureció. Si hubiera estado seco, se habría quebrado o depositado de forma diferente.
Según los investigadores, la resina moderna se endurece en aproximadamente una semana cuando se expone al aire. Pero bajo el agua, permanece blanda por más tiempo. Este comportamiento fue esencial para entender el camino que llevó el material hasta el fondo marino.
Árboles Hundidos y Lodo Arrancado
Otro detalle importante del descubrimiento fue lo que estaba junto con el ámbar. Las capas venían acompañadas de madera flotante, pedazos de lodo y sedimentos mezclados. Algunos fragmentos de madera medían más de un metro de longitud. También había bloques de lodo arrancados del propio fondo del océano.
Estos elementos indicaban que un evento de gran energía había arrastrado todo de una sola vez. La presencia de los llamados “turbiditos” — areniscas formadas por avalanchas submarinas de sedimentos — reforzaba esta teoría.
La explicación más plausible: un tsunami.
Un Evento en Cadena
La hipótesis de los científicos es que un terremoto provocado por la subducción de placas tectónicas generó un gran tsunami.
Este avanzó del mar hacia la tierra, arrasando bosques costeros, arrancando árboles y cargando la resina de las plantas. Al mismo tiempo, plataformas costeras colapsaron, lanzando sedimentos y caliza al fondo del océano.
Este conjunto de materiales fue siendo depositado a lo largo del tiempo en el fondo de la cuenca pelágica. Mientras arena y lodo se hundían rápidamente, resina y madera flotaban más tiempo, siendo depositadas después.
La repetición de capas sugiere que este tipo de tsunami ocurrió varias veces durante ese período geológico.
Una Nueva Función para el Ámbar
El ámbar ya era conocido como un material valioso para la ciencia. Preserva vestigios de vida antigua, como insectos y polen. Pero ahora también puede funcionar como registro de catástrofes naturales.
Esta nueva utilidad transforma la comprensión que se tenía del ámbar. En lugar de ser únicamente un recuerdo de antiguas bosques, se convierte también en un testigo de eventos dramáticos. Y, en un ambiente marino profundo, donde ciclones e inundaciones no alcanzan, el registro de tsunamis se vuelve más fácil de identificar.
La investigación muestra que el ámbar puede ser utilizado para rastrear eventos extremos del pasado, especialmente cuando otras marcas han desaparecido. Y más: ofrece una nueva forma de estudiar el transporte de sedimentos en ambientes marinos.
Conclusión Científica Valiosa
El estudio, publicado en la revista Nature Scientific Reports, representa un avance importante en la comprensión de los tsunamis antiguos. Las características únicas del ámbar, especialmente cuando se asocia a sedimentos de profundidad, abren camino a nuevas investigaciones en regiones donde la costa ha cambiado o desaparecido con el tiempo.
Según los autores, la resina debe ser vista no solo como un fósil, sino como parte de un proceso sedimentario completo. Registra desde la erosión hasta el soterramiento, proporcionando información que antes era invisible para los geólogos.
Este descubrimiento refuerza la importancia de la observación detallada de estructuras aparentemente comunes. Un simple trozo de ámbar, cuando se estudia adecuadamente, puede contar una historia de destrucción y transformación que comenzó hace más de 100 millones de años.
El estudio fue publicado en Nature Scientific Reports.

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