Rusia y China deben dar pasos concretos para viabilizar el gasoducto Fuerza de Siberia 2, capaz de transportar 50 mil millones de metros cúbicos de gas por año durante 30 años. Según información del portal Poder 360, la visita de Putin a Pekín, que ocurre este martes y miércoles, también prevé la firma de cerca de 40 acuerdos bilaterales y un plan para facilitar pagos en rublo y yuan entre los dos países.
Rusia y China viven esta semana el capítulo más reciente de un acercamiento que ya dura más de dos décadas y que ahora adquiere una dimensión concreta de infraestructura. El presidente Vladimir Putin desembarcó en Pekín este martes (19) para una visita de dos días a invitación de Xi Jinping, con una agenda dominada por el avance del gasoducto Fuerza de Siberia 2, un proyecto de 2.600 kilómetros que pretende transportar gas natural desde los campos de Siberia Occidental hasta el norte de China, cruzando Mongolia. El proyecto es tratado por ambos gobiernos como prioritario y fue incluido en el Plan Quinquenal chino de 2026 a 2030.
La visita marca el 25º viaje de Putin a China y coincide con el 25º aniversario del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación entre los dos países. Según el asesor presidencial ruso Yuri Ushakov, Rusia y China deben firmar cerca de 40 documentos bilaterales, abarcando sectores como energía, comercio, transporte, construcción, educación y cooperación tecnológica. El encuentro ocurre pocos días después de que Donald Trump concluyera una visita de cuatro días por Pekín sin anuncios concretos, un contraste que la diplomacia rusa se aseguró de no dejar pasar desapercibido.
El gasoducto Fuerza de Siberia 2 y lo que está en juego
El tema principal de la reunión entre Rusia y China es el avance del Fuerza de Siberia 2, el segundo megagasoducto entre los dos países. El primero, el Fuerza de Siberia, ya está en operación desde 2019 y ha entregado más de 100 mil millones de metros cúbicos de gas a China bajo un contrato válido hasta 2049. El nuevo proyecto ampliaría drásticamente esa capacidad: 50 mil millones de metros cúbicos por año a lo largo de 30 años, conectando la Península de Yamal, en el norte de Rusia, al mercado consumidor chino a través de una ruta terrestre que cruza Mongolia.
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Gazprom, la estatal rusa de gas, ya ha firmado un memorando jurídicamente vinculante sobre la construcción de las redes de transmisión. Se espera que el gasoducto comience a operar alrededor de 2030. Para Rusia, el proyecto es una cuestión de supervivencia estratégica: desde que la guerra en Ucrania cerró el mercado europeo para el gas ruso, Moscú perdió a su mayor comprador y necesita desesperadamente redirigir sus exportaciones. Para China, el interés es igualmente concreto, la crisis en el Estrecho de Ormuz en 2026 bloqueó la llegada de barcos de gas natural licuado del Medio Oriente y elevó la participación rusa al 20,7% de las importaciones chinas de gas.
Pagos en rublo y yuan y el alejamiento del dólar

El segundo gran tema del encuentro entre Rusia y China es la integración financiera. En sus relaciones comerciales, los dos países ya utilizan sus monedas locales rublo y yuan, en prácticamente todas las transacciones. El plan discutido en Pekín prevé la creación de mecanismos para facilitar aún más estas transferencias, reduciendo la dependencia del sistema financiero occidental y blindando el comercio bilateral contra sanciones.
La gobernadora del Banco Central de Rusia, Elvira Nabiullina, forma parte de la comitiva de Putin a China, señalando que las negociaciones sobre infraestructura de pagos están entre las más prioritarias. El comercio bilateral entre Rusia y China creció alrededor del 55% en los últimos cinco años, alcanzando 228 mil millones de dólares. Rusia exporta energía, minerales y productos agrícolas; China envía vehículos, máquinas y electrónicos. Consolidar un sistema de pagos que funcione enteramente fuera del circuito del dólar es un paso que ambos lados tratan como cuestión de soberanía económica.
El contraste con la visita de Trump

Imagen: Evan Vucci/AFP
La presencia de Putin en Pekín ocurre menos de una semana después de que Donald Trump haya concluido su visita al mismo anfitrión. El republicano pasó cuatro días en la capital china, discutió comercio, Taiwán y la crisis en Irán, pero se fue sin grandes acuerdos. Mientras Trump dejó Pekín con las manos casi vacías, la diplomacia rusa llega con 40 documentos listos para firma.
El propio Xi Jinping dio una pista del peso relativo que atribuye a los dos visitantes. Durante un paseo con Trump por los jardines de Zhongnanhai, el complejo residencial de la dirigencia china, el presidente estadounidense preguntó si Xi solía recibir líderes allí. La respuesta fue reveladora: muy raramente, pero Putin ya ha estado en el lugar. La frase, registrada por la prensa presente, fue leída por analistas como una señal de que la relación entre Rusia y China ocupa un nivel distinto en la jerarquía diplomática de Pekín.
La declaración sobre el mundo multipolar
Además de los acuerdos prácticos, Rusia y China deben emitir una declaración conjunta sobre lo que llaman «mundo multipolar y un nuevo tipo de relaciones internacionales». El documento formaliza la visión compartida por los dos gobiernos de que el orden mundial no debe ser dominado por una única potencia, referencia directa a los Estados Unidos.
La declaración no es solo retórica: acompaña acciones concretas como la construcción del gasoducto, la integración financiera en monedas locales y la cooperación militar y tecnológica que Rusia y China han venido profundizando desde el inicio de la guerra en Ucrania. Putin describió las relaciones entre los dos países como estando en un «nivel sin precedentes» y llamó a Xi «un buen amigo de larga data». La reunión restringida entre los dos líderes con solo cuatro integrantes de cada lado es el espacio reservado para los temas más sensibles, incluyendo la guerra en Ucrania y la situación en Oriente Medio.
Lo que la aproximación entre Rusia y China significa en la práctica
Para el mercado global de energía, el avance del Fuerza de Siberia 2 puede rediseñar rutas de suministro que estaban consolidadas desde hace décadas. Si el proyecto se concreta, Rusia habrá logrado sustituir parcialmente el mercado europeo que perdió tras la invasión de Ucrania, y China habrá diversificado su abastecimiento con una ruta terrestre menos vulnerable a bloqueos navales.
Analistas como Alexander Gabuev, del Centro Carnegie Rusia-Eurasia, evalúan que China puede estar inclinándose hacia importaciones terrestres en mayor volumen, especialmente después de que la crisis en el Estrecho de Ormuz expuso la fragilidad de depender del transporte marítimo para el 90% del petróleo importado. La asociación entre Rusia y China ya mueve 228 mil millones de dólares al año y señala una arquitectura de relaciones diseñada para durar más allá de los ciclos políticos de corto plazo. El encuentro en Pekín es el episodio más reciente de esta construcción —y posiblemente el más consecuente.
¿Crees que la asociación entre Rusia y China va de hecho a reconfigurar la geopolítica global, o el Occidente aún tiene instrumentos para contener este avance? ¿Qué es lo que más llama tu atención: el gasoducto, los pagos fuera del dólar o el contraste con la visita de Trump? Cuéntanos en los comentarios.

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