Entienda cómo la psicología intercultural explica la influencia del ambiente, de la cultura y de la genética en la formación de la personalidad humana.
El lugar donde nace una persona puede influir directamente en su forma de pensar, sentir y actuar.
Es lo que señalan investigadores de psicología intercultural, campo científico que investiga cómo se desarrollan la cultura y la personalidad a lo largo de la vida.
Estudios recientes, conducidos por geneticistas, psicólogos y filósofos en universidades de Europa y Asia, muestran que la identidad humana es resultado de la interacción entre genética e influencia del ambiente — y no solo del ADN.
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El debate involucra a científicos, estudiosos del comportamiento y pensadores desde hace siglos.
Hoy, con el avance de las neurociencias y de los análisis comparativos entre culturas, nuevas evidencias comienzan a explicar cómo los valores morales, hábitos sociales y hasta rasgos emocionales varían conforme al contexto cultural en el que el individuo crece.
La cuestión central es clara: si una persona hubiera nacido en otro país, ¿tendría la misma identidad cultural y personalidad?
Naturaleza vs crianza: el equilibrio entre genes e influencia del ambiente
La discusión clásica entre naturaleza vs crianza continúa en el centro de las investigaciones.
Aunque el ADN es único en cada individuo, los especialistas afirman que no actúa solo en la definición de la personalidad.
La geneticista psiquiátrica Ziada Ayorech, de la Universidad de Oslo, destaca la fuerza de las experiencias culturales:
“Cuando pienso en todos los lugares donde he vivido y en todas las formas en que han influido en mi perspectiva, imagino intuitivamente que no hay forma de que eso no haya hecho una diferencia”.
Estudios con gemelos idénticos ayudan a medir ese impacto. Un análisis global publicado en 2015, que reunió casi 50 años de datos sobre 17 mil características humanas, concluyó que la genética explica, en promedio, solo el 50% de las diferencias entre las personas.
“Es esta combinación de naturaleza y crianza la que nos hace quienes somos y contribuye a nuestras creencias y culturas”, dice Ayorech. “Por lo tanto, no podríamos tener exactamente la misma combinación en otro lugar”.
Cultura y personalidad: cómo el ambiente altera comportamientos
Las investigaciones indican que los rasgos de personalidad son aproximadamente un 40% hereditarios.
Dicho de otra manera, la mayor parte sufre una fuerte influencia del ambiente social.
Ayorech relata su propia experiencia después de vivir en diferentes países:
“Si comparamos la versión de mí que vive aquí en Noruega con la versión que vivía en el Reino Unido, es justo decir que hoy soy menos extrovertida”.
Aun así, ella observa que las características genéticas continúan presentes:
“Tendemos a buscar ambientes que estén en sintonía con nuestros rasgos genéticos”.
Este fenómeno ocurre porque las conexiones neuronales se reorganizan conforme a las experiencias culturales vividas.
La psicóloga intercultural Ching-Yu Huang explica:
“Habrías sido una persona diferente si hubieras crecido en Taiwán.
El cerebro que tienes hoy sería muy diferente si hubieras nacido y crecido en Taiwán, incluso con el mismo ADN”.
Psicología intercultural y las diferencias entre sociedades
La psicología intercultural también compara patrones de comportamiento entre países.
Las investigaciones muestran contrastes claros entre culturas occidentales y orientales.
En Occidente, hay una mayor valoración del individualismo.
Las personas suelen definirse por características personales, como el humor o la inteligencia.
Ya en países asiáticos, es común que la identidad cultural esté ligada a roles sociales, como hijo, estudiante o trabajador.
El psicólogo Vivian Vignoles, de la Universidad de Sussex, refuerza:
“Creo que las personas tienden a emocionarse demasiado con el aspecto genético.
Sea lo que sea que sean los genes, se necesita un ambiente determinado para que se manifiesten”.
Exámenes cerebrales refuerzan esta diferencia.
En estudios comparativos, los occidentales activaron áreas relacionadas con la autoconciencia al pensar en sí mismos.
Ya los participantes chinos activaron las mismas regiones al pensar también en sus madres.
Influencia del ambiente en la formación de valores y disciplina
Levantamientos internacionales amplían esta comprensión.
Un estudio de 2022, con 22 países, mostró que las sociedades con una fuerte valoración de la autodisciplina — como India, Alemania y China — presentan un mayor sentido del deber y organización.
Por otro lado, culturas más igualitarias y flexibles, como Canadá, Australia y Noruega, registran niveles más altos de apertura a nuevas experiencias.
Otra diferencia involucra la forma de percibir el mundo.
En experimentos visuales, los occidentales se centraron en objetos centrales de imágenes.
Los japoneses, sin embargo, describieron el contexto completo a su alrededor.
“Hay algunas evidencias de que, en culturas occidentales, especialmente en la norteamericana, las personas tienden a atribuir el comportamiento a las características del individuo y no a la situación”, dice Vignoles.
Identidad cultural desde la óptica de la filosofía
Además de la ciencia, la filosofía también debate la identidad cultural. Parte de los estudiosos cree que el “yo” es biológico e inmutable.
Philip Goff, de la Universidad de Durham, explica:
“Desde esta perspectiva, incluso si se borraran tus recuerdos, seguirías siendo la misma persona”.
Otros defienden el constructivismo social — la idea de que el ambiente moldea la esencia humana.
Existen también teorías espirituales que asocian la identidad a un alma independiente de la cultura.
Goff agrega:
“Estos son solo conceptos humanos sobre lo que es una ‘persona’ o un ‘yo’.
No hay, según él, una respuesta definitiva para saber si ‘esa persona en circunstancias muy diferentes sería yo o no’”.
Cuando la cultura define quién nos convertimos
Relatos personales ilustran este debate.
Experiencias vividas en diferentes países muestran cómo los hábitos alimentarios, valores morales y visiones del mundo cambian conforme al contexto.
Así, situaciones simples de la infancia — como discutir el consumo de carne entre culturas distintas — pueden revelar el peso de la influencia del ambiente en la formación de creencias.
Por lo tanto, para quien transita entre múltiples culturas, se vuelve evidente que la personalidad no nace lista. Se construye.
Al final, aunque es imposible saber quién seríamos en otra sociedad, las evidencias indican que habría diferencias claras — aun cuando rasgos esenciales permanecieran.

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