Descubrimiento hecho en ostras comercializadas en Brasil revela avance silencioso de la resistencia antimicrobiana, levanta preocupaciones sobre fiscalización alimentaria y expone desafíos que pueden impactar salud, economía y exportaciones
Un descubrimiento científico realizado en Brasil encendió una importante señal de alerta para autoridades sanitarias, investigadores y consumidores. En agosto de 2025, científicos de la Universidad de São Paulo (USP) y del Instituto de Pesca de São Paulo identificaron por primera vez en alimentos brasileños la bacteria Citrobacter telavivensis, considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) una amenaza de prioridad crítica debido a su elevada resistencia a antibióticos.
La información fue divulgada originalmente por el portal The Conversation Brasil, en un artículo firmado por los investigadores Leonardo Vazquez y Ana Lúcia do Amaral Vendramini, ambos ligados a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). El estudio muestra que la resistencia antimicrobiana ya no está restringida a los hospitales y ha alcanzado la cadena alimentaria, creando nuevos desafíos para la salud pública mundial.
El alimento analizado eran ostras frescas adquiridas en mercados de los estados de São Paulo y Santa Catarina. A pesar del descubrimiento, ninguna de las muestras habría sido reprobada por los protocolos sanitarios actualmente utilizados en el país, lo que amplía la preocupación de los especialistas.
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Además, los investigadores destacan que la presencia de la bacteria resistente fue identificada en productos considerados aptos para consumo, evidenciando una brecha importante en los sistemas de monitoreo utilizados actualmente.
Resistencia antimicrobiana crece y preocupa a especialistas en todo el mundo
La resistencia antimicrobiana ya figura entre las diez mayores amenazas globales a la salud según la Organización Mundial de la Salud. En los últimos años, los especialistas han observado un crecimiento acelerado del problema, principalmente debido al uso excesivo de antibióticos en seres humanos, animales y sistemas productivos.
En octubre de 2025, el informe GLASS, publicado por la OMS, reveló un dato alarmante. Una de cada seis infecciones bacterianas registradas entre 2018 y 2023 presentó resistencia a los antibióticos utilizados en el tratamiento. El aumento superó el 40% en el período analizado.
Ante este escenario, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó en mayo de 2025 un nuevo Plan Global de Acción para el período de 2026 a 2036. La medida reconoce que, sin intervenciones efectivas, las llamadas superbacterias podrían provocar hasta 39 millones de muertes por año hasta 2050, número superior a las proyecciones actuales relacionadas con el cáncer.
Aunque gran parte de las discusiones sobre resistencia antimicrobiana aún están concentradas en los entornos hospitalarios, los datos más recientes muestran una realidad diferente. Cada vez más estas bacterias están presentes en el medio ambiente, en la producción de alimentos y en ecosistemas acuáticos.
Consecuentemente, los especialistas defienden un enfoque más amplio para combatir el problema, involucrando salud pública, agricultura, ganadería, acuicultura y protección ambiental.
¿Por qué las ostras revelan problemas ocultos de los océanos?
Las ostras poseen una característica biológica que las transforma en verdaderos indicadores de la calidad ambiental. Estos animales son filtradores naturales y bombean continuamente grandes volúmenes de agua para obtener alimento.
Durante este proceso, acumulan en sus organismos diversos elementos presentes en el ambiente, incluyendo virus, bacterias, residuos de medicamentos, metales pesados y otros contaminantes.
Por este motivo, muchos investigadores clasifican las ostras como centinelas ambientales. En otras palabras, aquello que está presente en el agua tiende a aparecer también en estos moluscos.
En el estudio realizado en 2025, los científicos encontraron no solo la Citrobacter telavivensis, sino también cepas de Klebsiella pneumoniae y Escherichia coli resistentes a antibióticos considerados de última generación.
Además, el 35% de las muestras analizadas presentaron concentraciones de arsénico superiores al límite máximo permitido por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa).
Los investigadores identificaron además un fenómeno conocido como co-selección. En este proceso, tanto el arsénico como residuos de antibióticos presentes en el ambiente favorecen simultáneamente el desarrollo de bacterias resistentes a ambos agentes.
Como resultado, áreas contaminadas pasan a funcionar como verdaderas incubadoras de resistencia bacteriana.
Los protocolos actuales no fueron creados para detectar superbacterias
Cuando peces, moluscos y otros productos de origen acuático llegan a las industrias de procesamiento, pasan por sistemas de control reconocidos internacionalmente.
Entre ellos están el HACCP, el APPCC y las Buenas Prácticas de Fabricación. Estos protocolos verifican temperatura, higiene, contaminación microbiológica general y presencia de patógenos específicos como Salmonella y Listeria.
Mientras tanto, existe una limitación importante.
Los sistemas actuales normalmente no analizan el perfil de resistencia antimicrobiana de las bacterias encontradas en los alimentos. Esto significa que un producto puede contener microorganismos altamente resistentes y aun así ser liberado para consumo si los demás parámetros están dentro de los estándares exigidos.
Según los especialistas, esto ocurre porque muchos de estos protocolos fueron desarrollados antes de que la resistencia antimicrobiana alcanzara la dimensión observada actualmente.
Por consecuencia, las normas continúan preparadas para enfrentar problemas sanitarios del pasado, mientras nuevos riesgos emergen rápidamente.
Los biofilms hacen que las superbacterias sean aún más resistentes
Otro aspecto preocupante involucra la formación de los llamados biofilms bacterianos.
Bacterias resistentes, como el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, pueden adherirse a superficies industriales, equipos, tuberías y bancadas, formando estructuras altamente protegidas.
Estos biofilms funcionan como una especie de escudo biológico. Dentro de ellos, las bacterias pueden volverse entre 100 y 1.000 veces más resistentes a los antibióticos y también a los productos químicos utilizados en los procesos de higienización industrial.
Una investigación publicada en 2023 en la revista científica Bioscience, Biotechnology, and Biochemistry trajo resultados prometedores en este campo.
El estudio, conducido junto con el equipo de la profesora Fernanda Sampaio Cavalcante, de la UFRJ-Macaé, demostró que una enzima llamada lugdulisina puede impedir la formación de estos biofilms e incluso destruir estructuras ya establecidas en laboratorio.
La lugdulisina es una metaloproteasa capaz de degradar la matriz proteica que protege a las bacterias, haciéndolas nuevamente vulnerables.
Aunque los resultados aún están en fase experimental, apuntan a una posible alternativa biotecnológica en la lucha contra las superbacterias.
¿Qué necesita cambiar para evitar una crisis mayor?
Los especialistas afirman que no existe una solución única para enfrentar el avance de la resistencia antimicrobiana.
El problema comienza con el uso de antibióticos en la ganadería y la acuicultura. Actualmente, más del 75% de los antibióticos producidos en el mundo están destinados a los animales.
Además, factores como el saneamiento básico inadecuado, el desecho incorrecto de medicamentos, la contaminación ambiental y las fallas en los sistemas de monitoreo contribuyen a acelerar el fenómeno.
En Brasil, el Ministerio de Agricultura inició en 2023 la segunda etapa del Plan de Acción Nacional de Prevención y Control de la Resistencia a los Antimicrobianos en el ámbito Agropecuario.
El programa monitorea principalmente Salmonella en aves, cerdos y bovinos. Sin embargo, pescados, moluscos y peces aún permanecen fuera de esa cobertura.
Ante esto, los investigadores defienden tres medidas urgentes. La primera es incluir el pescado en los programas nacionales de vigilancia antimicrobiana. La segunda consiste en actualizar los protocolos de calidad alimentaria para incorporar pruebas de resistencia bacteriana y trazabilidad más avanzada. Por último, la tercera involucra ampliar la financiación de investigaciones dirigidas al desarrollo de nuevas tecnologías, incluyendo agentes biológicos capaces de combatir biofilms.
La presencia de superbacterias en alimentos no representa solo un problema sanitario. También puede afectar directamente la competitividad internacional del sector pesquero brasileño.
Mercados exigentes, como la Unión Europea y Estados Unidos, ya adoptan estándares rigurosos relacionados con la resistencia antimicrobiana. Por lo tanto, además del riesgo a la salud pública, existe un potencial impacto económico relevante para las exportaciones nacionales.
El descubrimiento de Citrobacter telavivensis en ostras brasileñas muestra que las superbacterias no permanecen confinadas a los hospitales. Acompañan los caminos de la presión selectiva creada por la acción humana y, en los últimos años, han encontrado en el ambiente marino un nuevo espacio para desarrollarse.
Ante este escenario, la pregunta que queda es: ¿cree usted que los sistemas actuales de fiscalización alimentaria están preparados para enfrentar la amenaza creciente de las superbacterias presentes en la cadena de alimentos?

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