Una nueva investigación sobre el volcán Methana reaviva la alerta: hasta 10 mil años de silencio pueden no significar que un volcán ha muerto. Los científicos quieren revisar la clasificación y ampliar el monitoreo antes de que una erupción sorpresa tome a regiones enteras desprevenidas.
Volcanes clasificados como extintos pueden no estar tan muertos así. Una nueva investigación sugiere que algunos de ellos solo están atravesando una fase larga de crecimiento subterráneo antes de volver a entrar en erupción, lo que cambia la forma en que los científicos miran a áreas que hoy parecen inactivas.
La alerta gana peso porque el caso no es teórico: el volcán Methana, cerca de Atenas, pasó por un intervalo de quietud de cerca de 110 mil años, entre aproximadamente 280 mil y 168 mil años atrás, antes de volver a la actividad. El estudio refuerza la idea de que el tiempo, por sí solo, puede no ser suficiente para decretar que un volcán ha terminado.
Para los investigadores, esto abre una duda importante: ¿cuántos volcanes considerados extintos aún tienen magma acumulándose en el subsuelo, sin dar señales claras de que están listos para despertar?
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Methana estuvo quieto por 110 mil años antes de volver a entrar en erupción

El volcán Methana, considerado extinto y situado cerca de Atenas, permaneció sin erupciones visibles durante casi 110 mil años, en un intervalo antiguo localizado entre cerca de 280 mil y 168 mil años atrás. Después de ese período, volvió a producir lava, llevando a los científicos a cuestionar la clasificación tradicional de volcanes como extintos.
Este punto es central para evitar confusión: el Methana no estuvo inactivo por 110 mil años hasta los días actuales. Lo que la investigación identificó fue un largo período de silencio en el pasado geológico, que terminó cuando el volcán volvió a la actividad hace aproximadamente 168 mil años.
Según livescience.com, el equipo analizó la historia de Methana con datación y estudio químico de cristales de circón presentes en las rocas lanzadas por diferentes erupciones.
El resultado señaló 31 erupciones a lo largo de unos 700 mil años de actividad volcánica, intercaladas por largos períodos de quietud. Durante el mayor de estos intervalos, el magma se habría acumulado en profundidad hasta que el volcán volviera a entrar en actividad de forma intensa.
Para el coautor del estudio, Răzvan-Gabriel Popa, de la ETH Zúrich, el mensaje principal es directo: volcanes que hoy parecen extintos “quizás no estén realmente extintos”.
El problema de la clasificación por tiempo se convirtió en blanco de críticas
Hoy, la clasificación oficial suele tratar como extinto al volcán que no entra en erupción desde hace unos 10 mil años, o desde el inicio del Holoceno, hace 11,7 mil años. El nuevo trabajo, sin embargo, refuerza que este corte puede ser demasiado corto para explicar el comportamiento real de varios sistemas volcánicos.
Los científicos consultados por el reportaje de livescience.com defienden que la evaluación debe considerar señales de actividad magmática, alteraciones en el subsuelo, deformaciones en el terreno y otros indicadores geofísicos, y no solo el tiempo transcurrido desde la última erupción.
Esto porque una región que parece dormida puede, en realidad, estar acumulando presión sin que la superficie entregue todas las pistas. Para los investigadores, la clasificación actual es, en parte, demasiado arbitraria para el riesgo involucrado.
Otros volcanes refuerzan la alerta sobre erupciones inesperadas
Methana no es el único ejemplo que sacudió la vieja idea de volcán extinto. En Irán, el Taftan pasó a ser visto con más atención después de que estudios indicaron elevación en la cima, posiblemente provocada por acumulación de gases debajo de la superficie. La última erupción conocida del lugar puede haber ocurrido hace cientos de miles de años.
En Rumanía, el Ciomadul también fue clasificado como extinto por mucho tiempo, pero una investigación de 2019 encontró magma aún presente debajo del área. Según Popa, el sistema parece estar en fase de crecimiento, aunque aún no haya entrado en erupción.
Aún está el caso del Hayli Gubbi, en Etiopía, que entró en erupción en 2025 después de un largo período sin erupciones registradas. Como el área es remota, los científicos aún no pueden precisar con total seguridad cuándo fue la última explosión anterior.
Monitoreo más amplio puede ser la diferencia entre alerta y sorpresa
Los investigadores defienden que el monitoreo necesita ir más allá de los volcanes más famosos e incluir áreas hoy consideradas de menor riesgo. En regiones más pobladas, como Eifel, en el oeste de Alemania, y La Garrotxa, en el noreste de España, esta vigilancia puede ser especialmente importante.
Existen herramientas que ayudan a detectar cambios sutiles, como satélites capaces de identificar pequeñas deformaciones en el suelo y métodos geofísicos que revelan lo que está sucediendo en el subsuelo. En algunos casos, miles de pequeños temblores ya han precedido grandes erupciones, como ocurrió en el Pinatubo, en Filipinas, en 1991.
Para los científicos, la lección es clara: 10 mil años de silencio no garantizan que un volcán ha muerto. Y, cuando el magma continúa activo debajo de la corteza, la próxima erupción puede estar mucho más cerca de lo que la antigua clasificación sugiere.
Si la clasificación de los volcanes necesita cambiar, el debate ya está abierto. Cuéntanos qué piensas y comparte este reportaje con quienes se interesan por ciencia, riesgo natural y las señales silenciosas que vienen de las profundidades de la Tierra.

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