Proyectos astronómicos vinculados a China en Argentina y Chile se han convertido en el centro de una disputa diplomática con Estados Unidos, en medio de preocupaciones sobre ciencia, seguridad e influencia estratégica en América del Sur.
Según un informe de The New York Times, Estados Unidos presionó a Argentina y Chile para que revisaran proyectos astronómicos vinculados a China en América del Sur, en una disputa que pasó a involucrar observatorios instalados en áreas de alto interés científico.
La acción estadounidense afectó iniciativas en los Andes argentinos y en el Desierto de Atacama, regiones buscadas por investigadores por su baja contaminación lumínica, elevada altitud y condiciones favorables para la observación del cielo en el Hemisferio Sur.
En Argentina, el caso principal involucra al China-Argentina Radio Telescope, conocido por sus siglas CART.
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El radiotelescopio está previsto para operar en el Observatorio Carlos U. Cesco, en El Leoncito, en la provincia de San Juan, a los pies de la Cordillera de los Andes.
El proyecto fue desarrollado en cooperación entre instituciones argentinas y chinas, incluyendo la Universidad Nacional de San Juan y el Observatorio Astronómico Nacional de China, vinculado a la Academia China de Ciencias.
La instalación, sin embargo, no entró en funcionamiento.
Parte de los equipos necesarios para la continuidad del proyecto quedó retenida en la aduana argentina, mientras las autoridades del país revisaban aspectos administrativos del acuerdo firmado con China.
El caso pasó a ser seguido también desde la óptica diplomática, debido a la disputa entre Washington y Pekín por influencia en sectores de tecnología y espacio.
Presión de EE. UU. afecta radiotelescopio chino en Argentina
El CART fue concebido como un radiotelescopio de 40 metros de diámetro, con capacidad para operar en diferentes rangos de frecuencia e integrar redes de observación astronómica.
Según publicaciones técnicas del propio proyecto, el equipo fue planeado para funcionar en el Observatorio Cesco y actuar tanto como antena de observación individual como unidad de interferometría de línea de base larga, técnica usada para combinar datos de radiotelescopios separados por grandes distancias.
La ubicación en Argentina es relevante para la investigación porque permite la observación de regiones del cielo que no pueden ser seguidas de la misma forma desde el territorio chino.

Esta característica, según astrónomos, amplía la capacidad de recolección de datos en el Hemisferio Sur y contribuye a estudios sobre objetos celestes, mediciones geodésicas y fenómenos detectables por ondas de radio.
Autoridades de Estados Unidos manifestaron preocupación por proyectos de este tipo al considerar que equipos de gran tamaño pueden tener uso científico y, al mismo tiempo, aplicaciones de interés estratégico.
La evaluación estadounidense, citada por medios internacionales, es que las antenas capaces de rastrear objetos en el espacio podrían ser usadas para seguir satélites o integrar redes de monitoreo orbital.
El gobierno argentino, por su parte, señaló problemas administrativos y trámites pendientes en los procedimientos del convenio como justificación para la paralización.
Hasta el momento, no hay confirmación oficial de que la decisión haya sido tomada directamente por presión de Estados Unidos, aunque la actuación diplomática estadounidense ha sido mencionada en los reportajes sobre el caso.
En el ámbito académico argentino, investigadores y representantes de instituciones científicas defendieron la finalidad científica del CART.
El argumento presentado por ellos es que la paralización puede afectar inversiones ya realizadas, equipos técnicos involucrados y la participación del país en redes internacionales de observación astronómica.
Chile revisa proyecto astronómico chino en Atacama
En Chile, la disputa involucra un proyecto planeado para el norte del país, en el Desierto de Atacama.
La región concentra algunos de los observatorios más importantes del mundo por reunir baja humedad, cielo despejado y un gran número de noches favorables para la observación espacial.
La iniciativa china fue asociada al Parque Astronómico Ventarrones, vinculado a un acuerdo firmado en 2023 entre el Observatorio Astronómico Nacional de China y la Universidad Católica del Norte.
El proyecto preveía la construcción de una instalación de alta resolución para la observación de objetos cercanos a la Tierra, como asteroides y cometas.
Tras los cuestionamientos de autoridades estadounidenses, el gobierno chileno comenzó a revisar el proyecto.
La preocupación presentada por Estados Unidos estaba relacionada con posibles aplicaciones militares o de inteligencia.
China negó esas sospechas y afirmó que la iniciativa tenía una finalidad científica.
En abril de 2025, el embajador chino en Santiago, Niu Qingbao, criticó públicamente la postura de Estados Unidos.
Según la prensa portuguesa RTP, el diplomático acusó a Washington de interferir en el derecho soberano de Chile de elegir socios y de divulgar desinformación sobre el proyecto.
La revisión chilena añadió un punto más de tensión a la relación entre las dos potencias en América Latina.
Para Chile, que alberga infraestructura astronómica de alcance global, el caso puso en evidencia la necesidad de conciliar la cooperación científica, la legislación nacional y las preocupaciones de seguridad presentadas por gobiernos extranjeros.
Disputa entre Estados Unidos y China llega a la ciencia espacial
La presión sobre proyectos astronómicos ocurre dentro de una disputa más amplia entre Estados Unidos y China por presencia económica, tecnológica y diplomática en América Latina.
En los últimos años, Pekín amplió alianzas en la región en áreas como infraestructura, energía, minería, telecomunicaciones y cooperación científica.
Washington comenzó a seguir con mayor atención las iniciativas chinas que involucran tecnología sensible, comunicación, satélites e instalaciones espaciales.
En el gobierno de Donald Trump, este tema ganó espacio en discursos sobre la influencia china en el hemisferio occidental, especialmente cuando los proyectos eran vistos por autoridades estadounidenses como capaces de generar una ventaja estratégica para Pekín.
América del Sur ocupa una posición importante en este escenario porque reúne áreas con condiciones raras para la observación del espacio.
Los desiertos andinos, en especial, ofrecen altitud, aire seco y menor interferencia luminosa.
Para los investigadores, estas características favorecen la instalación de instrumentos de alta precisión.
Para los gobiernos, los equipos capaces de observar objetos en órbita también pueden entrar en debates sobre seguridad nacional.
Esta superposición de intereses llevó a universidades y centros de investigación a lidiar con exigencias que van más allá de la agenda académica.
Los proyectos concebidos como cooperación científica comenzaron a ser evaluados por los gobiernos bajo criterios diplomáticos, tecnológicos y de seguridad.
Como consecuencia, los acuerdos pueden ser revisados, los equipos pueden ser retenidos y los cronogramas científicos pueden ser alterados.
Investigadores señalan riesgo de retraso en observatorios
Astrónomos consultados en reportajes sobre los casos afirman que los proyectos internacionales dependen de una planificación a largo plazo, el intercambio de datos y la estabilidad institucional.
Cuando una iniciativa es suspendida o revisada, los efectos pueden afectar no solo la obra física, sino también la formación de equipos, la recopilación de datos y la participación de investigadores locales en redes globales.
En Argentina, el CART podría integrar sistemas internacionales de interferometría de larga línea de base.
Esta técnica permite combinar señales captadas por radiotelescopios en diferentes puntos del planeta y producir mediciones más detalladas de objetos celestes.
Publicaciones técnicas sobre el proyecto también señalan que el equipo fue planeado para operar en múltiples bandas de frecuencia.
En Chile, la revisión del proyecto Ventarrones ocurrió en un país que ya recibe grandes consorcios científicos internacionales.
Por ello, la discusión local no se limita a la instalación de un nuevo observatorio, sino que también involucra la forma en que se evalúan este tipo de acuerdos cuando hay participación de empresas o instituciones ligadas a potencias en disputa.
La controversia muestra que la agenda espacial pasó a incluir antenas, sensores, bases de datos e infraestructura de observación en tierra.
Además de cohetes y satélites, los países también comenzaron a disputar la capacidad de recolectar e interpretar información sobre objetos en el espacio.
Para Estados Unidos, la presencia china en instalaciones de observación en el Hemisferio Sur exige fiscalización por involucrar tecnologías que podrían tener aplicación más allá de la investigación académica.
Para China, las críticas estadounidenses representan un intento de limitar su cooperación internacional en ciencia y tecnología.
Argentina y Chile, por su parte, necesitan evaluar los proyectos dentro de sus propias reglas, intereses científicos y relaciones diplomáticas.
La continuidad de estas iniciativas dependerá de las decisiones administrativas y políticas de cada país.
Mientras tanto, los investigadores siguen de cerca los acontecimientos porque los retrasos en observatorios de esta magnitud pueden afectar los cronogramas científicos y las asociaciones internacionales ya establecidas.

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