Decisión de Trump de vetar a África do Sul das reuniões do G20 e abrir espaço para a Polônia aprofunda o boicote a Joanesburgo, redefine a agenda do grupo para economia e energia e cria tensão diplomática com países africanos e aliados tradicionais em plena presidência americana do G20 2025.
El gobierno de Donald Trump desveló su estrategia para la dirección del G20 al confirmar que África do Sul no será invitada a las próximas reuniones del grupo, mientras que Polonia pasa a ser tratada como nueva integrante del círculo de las mayores economías del mundo. El mensaje es claro: Trump quiere rediseñar el G20 a imagen de los intereses de Estados Unidos, seleccionando aliados y prioridades.
La decisión es el punto más reciente de una crisis que comenzó en la cumbre del G20 realizada en Joanesburgo, a finales de noviembre de 2025, boicoteada por Washington. Desde que asumió la presidencia rotativa del bloque, a principios de diciembre, el gobierno Trump comenzó a hablar abiertamente de un “nuevo G20” centrado en la economía, la energía y alianzas más alineadas a la agenda americana, dejando en segundo plano temas medioambientales y sociales.
Boicot de Trump a África do Sul llega al G20
Según la Casa Blanca, el veto a África do Sul es parte de una estrategia más amplia de presión diplomática. Trump acusa al gobierno sudafricano, sin presentar evidencias, de perseguir a la minoría blanca y de promover expropiaciones de tierras sin compensación.
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Esta narrativa ya había sido utilizada para justificar el boicot de Estados Unidos a la cumbre del G20 en Joanesburgo, a finales de noviembre, y para fundamentar las represalias anunciadas desde que Trump asumió la presidencia del grupo, a principios de diciembre.
La ofensiva dejó de ser solo una amenaza la semana pasada, cuando el secretario de Estado, Marco Rubio, formalizó el veto.
Rubio declaró que “el presidente Trump y los Estados Unidos no extenderán una invitación al gobierno sudafricano para participar en el G20 durante nuestra presidencia”.
Al mismo tiempo, confirmó que Polonia fue invitada a ocupar el espacio abierto por la exclusión sudafricana, consolidando la idea de un rearrreglo político dentro del bloque.
El enfrentamiento con Pretoria ya se había intensificado. Durante la presidencia sudafricana del G20, Washington actuó para bloquear temas, frenar negociaciones y hasta intentar impedir la aprobación del comunicado final de la cumbre, profundizando el aislamiento entre los dos gobiernos.
Polonia se convierte en escaparate del “nuevo G20” de Trump
En el mismo comunicado, Rubio describió a Polonia como “socio natural” de los Estados Unidos. Destacó que el país, antes atrapado detrás de la antigua Cortina de Hierro, ahora figura entre las 20 mayores economías del planeta y que su trayectoria simboliza el tipo de aliado que Trump quiere promover dentro del G20.
De acuerdo con el secretario de Estado, “el éxito de Polonia prueba que es mejor centrarse en el futuro que aferrarse a rencores”, reforzando el argumento de que la aproximación a Washington y a empresas americanas sería responsable de impulsar la prosperidad polaca.
En la visión del gobierno Trump, Varsovia ofrece el ejemplo de un aliado confiable, alineado tanto en valores políticos como en la estrategia económica.
Polonia es hoy uno de los gobiernos europeos más cercanos a los Estados Unidos y, en este año, eligió al nacionalista de derecha Karol Nawrocki como presidente.
Para la diplomacia americana, este perfil político refuerza la sintonía con el enfoque de Trump, incluso en temas de seguridad, energía y políticas fronterizas.
Críticas al gobierno sudafricano y a la agenda de Joanesburgo
La retórica de Washington contra Pretoria ganó nuevos contornos en las últimas declaraciones de Rubio. Afirmó que “el apetito del gobierno sudafricano por el racismo y la tolerancia a la violencia contra sus ciudadanos afrikáneres se han convertido en políticas centrales”, además de acusar a África do Sul de confiscos de tierras y mala gestión económica.
Rubio también atacó directamente la agenda conducida por la presidencia sudafricana en el G20. Según él, la cumbre en Joanesburgo “fue un ejercicio de rencor, división y agendas radicales”, al priorizar debates sobre cambios climáticos, diversidad, inclusión y dependencia de la ayuda externa.
Estos temas, sin embargo, son reconocidos como pilares de la cooperación global y del multilateralismo en foros internacionales.
Para el gobierno Trump, no obstante, ellos desvían el foco de lo que debe ser el centro de la actuación del G20: crecimiento económico, competitividad y acuerdos comerciales favorables a los Estados Unidos.
Rubio llegó a condicionar el eventual regreso de África do Sul al G20 a un cambio de gobierno en Pretoria. En su formulación, los Estados Unidos “apoyan al pueblo sudafricano, pero no a su gobierno radical liderado por el ANC”.
Afirmó que, cuando el país haga “las difíciles elecciones necesarias para arreglar su sistema fallido” y esté listo para reintegrarse a la “familia de naciones libres y prósperas”, habrá un lugar reservado. Hasta entonces, Washington dice que seguirá adelante con un “nuevo G20” sin Pretoria en la mesa.
Trump quiere un G20 centrado en economía, energía y tecnología
En la práctica, la propuesta de Trump para el “nuevo G20” es reducir el alcance del grupo a tres ejes principales. El primero es la reducción de obstáculos regulatorios, con foco en desburocratizar inversiones y facilitar el flujo de capitales y negocios considerados estratégicos para los Estados Unidos.
El segundo eje es el fortalecimiento de las cadenas de suministro de energía, en un momento de disputa global por fuentes de gas, petróleo y nuevas soluciones energéticas.
La idea es reforzar asociaciones con países que puedan garantizar estabilidad y previsibilidad, disminuyendo la dependencia de regiones vistas como inestables o políticamente divergentes de Washington.
El tercer punto es el estímulo a nuevas tecnologías e innovación, incluyendo en la agenda temas como digitalización de la economía, infraestructura tecnológica e inversiones en investigación y desarrollo.
Para el gobierno Trump, el G20 debe funcionar como plataforma para consolidar un bloque de países dispuestos a adoptar reglas y estándares cercanos a los modelos defendidos por Estados Unidos y sus aliados más próximos.
Al privilegiar estos tres pilares, la Casa Blanca señala que, bajo Trump, el G20 tiende a dejar en segundo plano debates sobre medio ambiente, inclusión social y reducción de desigualdades, que marcaron cumbres recientes del grupo.
Próximos pasos del “nuevo G20” americano
Las primeras reuniones de negociadores del G20 bajo presidencia americana, con participación de países como Brasil, están marcadas para ocurrir en Washington los días 15 y 16 de diciembre de 2025. A partir de esas fechas, habrá una serie de encuentros temáticos y técnicos a lo largo de 2026, en los cuales Trump pretende consolidar su visión para el “nuevo G20”.
El plan de la Casa Blanca es cerrar la presidencia con una cumbre de jefes de Estado celebrada en Mar-a-Lago, propiedad de Trump en Florida. El gesto es visto como un símbolo del esfuerzo para personalizar el liderazgo americano en el bloque y reforzar la marca política del presidente en uno de los principales foros globales.
Hasta el momento, los demás integrantes del G20 aún no se han pronunciado oficialmente sobre el veto a África do Sul y la invitación a Polonia.
Como las decisiones del grupo suelen ser tomadas por consenso, diplomáticos evalúan que el movimiento de Washington tiende a provocar debates intensos sobre reglas de participación y sobre el límite de la influencia de la presidencia rotativa.
Del lado polaco, el ministro de Relaciones Exteriores, Radosław Sikorski, confirmó que venía negociando con Washington la entrada del país en el G20.
Argumenta que Polonia tiene derecho a la plaza “no solo como una de las 20 mayores economías del mundo, sino también como un país que presenta argumentos políticos e intelectuales”, destacando la transformación de una economía planificada a una economía de mercado como credencial para el nuevo papel.
Aún con el veto a Pretoria, el G20 sigue formalmente compuesto por 19 países, además de la Unión Europea y la Unión Africana, estructura que ahora pasará a convivir con la invitación americana a Polonia y con la presión de Trump por un rediseño de prioridades y alianzas dentro del bloque.
¿Y tú, crees que la estrategia de Trump de crear un “nuevo G20” fortalecerá al grupo o abrirá una crisis aún mayor entre los principales socios globales?

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