Robots terrestres, drones aéreos y sistemas navales asumen funciones cada vez más estratégicas en la guerra de Ucrania, mientras que la Drone Line y las pruebas con humanoides indican una transformación acelerada en la forma de operar cerca de la línea de frente.
Ucrania amplió el uso de sistemas no tripulados en la guerra contra Rusia y comenzó a tratar drones, robots terrestres y plataformas navales como parte de una doctrina militar integrada para preservar soldados y aumentar ataques automatizados cerca de la línea de frente.
En este avance, el país prevé contratar 25 mil vehículos terrestres no tripulados en el primer semestre de 2026, más del doble del volumen registrado en 2025, según informó el ministro de Defensa ucraniano, Mykhailo Fedorov, tras reunión con fabricantes locales.
Conocidos como UGVs, sigla en inglés para vehículos terrestres no tripulados, estos equipos dejaron de aparecer solo como apoyo experimental y pasaron a actuar en misiones de logística, evacuación y soporte en áreas cercanas al frente.
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Para el gobierno ucraniano, la prioridad es transferir la logística de la línea de frente a sistemas robóticos, reduciendo la exposición de militares en rutas alcanzadas por artillería, minas, drones de reconocimiento y ataques de precisión.
Robots terrestres ganan escala en el frente ucraniano
En la práctica, la expansión de los UGVs muestra cómo la guerra en Ucrania se ha convertido en un campo de pruebas para tecnologías que combinan automatización, bajo costo relativo y adaptación rápida a las necesidades de las tropas en combate.
Parte de estos robots funciona como plataforma de transporte, llevando munición, suministros y equipos a posiciones expuestas, mientras que otros son adaptados para evacuación o apoyo armado, siempre con control remoto hecho por operadores humanos.
Entre los modelos que más llaman la atención están los robots armados, muchas veces comparados a “mini-tanques” por llevar armamentos o torres remotas, aunque tienen limitaciones claras de blindaje, potencia y supervivencia en ambientes hostiles.
La principal ventaja de estas plataformas está en la movilidad, ya que un armamento antes dependiente de posición fija puede ser desplazado por terrenos difíciles, áreas urbanas, carreteras degradadas o proximidades de trincheras sin exponer directamente a los soldados.
Aun así, la tecnología no sustituye combatientes a gran escala, pues los robots amplían opciones tácticas y reducen riesgos en tareas específicas, pero siguen siendo vulnerables a fallos, interferencia electrónica, daños físicos y limitaciones de batería o comunicación.
Drone Line intenta organizar ataques automatizados
Además de la compra de equipos, Ucrania comenzó a organizar el uso de estos sistemas dentro de una doctrina más amplia, presentada en abril de 2026 por el Ministerio de Defensa con el nombre de Drone Line.
Según el ministerio, la iniciativa busca formar una estructura unificada para apoyar a la infantería, detectar amenazas y alcanzar objetivos a una profundidad de 10 km a 15 km, antes de que las fuerzas rusas se acerquen a las posiciones ucranianas.
Con este modelo, la Drone Line representa el paso de un uso fragmentado de drones a una operación más sistemática, con unidades especializadas, financiación, análisis de datos e integración entre reconocimiento, ataque y apoyo a las tropas en el terreno.
En lugar de depender solo de respuestas aisladas en el campo de batalla, la estrategia intenta crear una zona de fuerte riesgo operacional para movimientos enemigos, combinando drones aéreos, sensores, robots terrestres y unidades entrenadas para actuar rápidamente.
Phantom MK-1 se limita a pruebas logísticas
El elemento más cercano a la ciencia ficción es el Phantom MK-1, robot humanoide producido por la startup estadounidense Foundation, que envió dos modelos a Ucrania en febrero de 2026 para una demostración cerrada en un lugar no divulgado.
De acuerdo con Business Insider, la prueba se centró en una tarea de retirada de suministros, evaluando si los robots bípedos podrían llevar materiales de un área externa a un ambiente interno sin exponer a un soldado.
Aunque el aspecto llama la atención por recordar a un soldado robótico, la propia empresa evita presentar al Phantom como listo para combate, sobre todo debido a limitaciones técnicas aún relevantes en un entorno de guerra real.
El CEO de Foundation, Sankaet Pathak, reconoció obstáculos relacionados con la autonomía de la batería, resistencia, durabilidad y manipulación precisa de objetos, puntos que aún dificultan el uso de humanoides en operaciones militares complejas.
La startup también informó haber obtenido un contrato de US$ 24 millones con el Pentágono, mientras el debate sobre robots humanoides militares sigue rodeado de dudas operacionales, éticas y legales.
Drones FPV y sistemas navales amplían guerra asimétrica
Antes de la escalada de los robots terrestres, los drones FPV ya se habían convertido en una de las marcas más visibles de la guerra, combinando bajo costo, precisión y capacidad de alcanzar objetivos que normalmente requerirían armamentos más caros.
En el cálculo militar, esta diferencia pesa porque un dron relativamente barato puede dañar vehículos, posiciones o equipos de valor mucho superior, alterando el costo de cada avance, retroceso o intento de abastecimiento.
Además de los FPVs, Ucrania emplea drones de reconocimiento, modelos de mayor alcance y sistemas navales no tripulados, utilizados para compensar la diferencia entre su capacidad naval convencional y la estructura marítima rusa en el Mar Negro.
Con estos vehículos, Kiev consigue realizar misiones de reconocimiento o ataque contra objetivos militares e infraestructura, reduciendo el riesgo para tripulaciones y ampliando la presión sobre áreas antes dependientes de embarcaciones tradicionales.
El resultado es una guerra cada vez más automatizada, pero aún distante de una sustitución completa de soldados por máquinas, ya que el cambio central está en la combinación entre operadores humanos, drones baratos, robots terrestres y decisiones rápidas en el frente.
Con sistemas no tripulados asumiendo misiones de logística, observación y ataque, ¿hasta qué punto la robótica redefinirá el papel de los soldados en las próximas fases de la guerra?
