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Un meteorito encontrado en el Sahara podría ser un fragmento de un mundo perdido que existió hace 4,5 mil millones de años, después de que los cristales revelaran presiones imposibles para un asteroide común y reavivaran el misterio sobre planetas destruidos en los inicios del Sistema Solar.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 07/06/2026 a las 08:52
Actualizado el 07/06/2026 a las 08:53
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Roca rara encontrada en el Sahara preserva señales de un antiguo cuerpo planetario desaparecido y ayuda a científicos a investigar cómo mundos rocosos se formaron en los primeros millones de años del Sistema Solar.

Un meteorito encontrado en el desierto del Sahara puede contener evidencias de un antiguo cuerpo planetario desaparecido del Sistema Solar, de acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Earth and Planetary Science Letters.

La roca, llamada Northwest Africa 12774, o NWA 12774, preserva cristales que, según los investigadores, se formaron bajo presiones demasiado altas para la estructura interna de un asteroide común.

El objeto pesa cerca de 454 gramos y fue identificado en 2019.

Aunque es pequeño, la composición mineral analizada por el equipo indica que puede haberse originado en un cuerpo celeste mucho mayor, posiblemente comparable a la Luna y, según el escenario considerado en el estudio, cercano a las dimensiones de Marte.

La interpretación de los científicos apunta a un planeta embrionario, o protoplaneta, que habría existido en los primeros millones de años después de la formación del Sistema Solar, hace cerca de 4,56 mil millones de años.

Ese cuerpo ya no existe y puede haber sido destruido por colisiones ocurridas en la fase inicial de la evolución de los planetas, hipótesis tratada por los autores como una de las posibilidades para explicar el origen del fragmento.

El meteorito NWA 12774 pertenece a un grupo raro de rocas espaciales

El NWA 12774 pertenece al grupo de los angritos, una clase poco común de meteoritos volcánicos.

Estos fragmentos están entre las rocas ígneas más antiguas conocidas en el Sistema Solar y, por este motivo, son usados por investigadores para investigar procesos ocurridos cuando los planetas aún estaban en formación.

La cantidad de muestras conocidas también limita este tipo de estudio.

Según los datos citados por el equipo, de más de 80 mil meteoritos catalogados en la Tierra, solo 68 son clasificados como angritos.

Cada ejemplar analizado, por lo tanto, puede ofrecer información específica sobre los materiales presentes en el inicio del Sistema Solar.

La composición química de este grupo de meteoritos ya era considerada inusual por los científicos.

A diferencia de la Tierra, Marte y otros cuerpos rocosos, los angritos contienen poca sílice, sustancia presente en minerales comunes y asociada a la formación de cortezas planetarias.

Debido a esta característica, la explicación adoptada en estudios anteriores era que estos meteoritos habrían venido de un asteroide relativamente pequeño.

El análisis del NWA 12774, sin embargo, llevó a los autores a revisar este escenario para el cuerpo parental de los angritos.

Imagen de rayos X de NWA 12774. (Crédito: Imagen de rayos X de NWA 12774.)
Imagen de rayos X de NWA 12774. (Crédito: Imagen de rayos X de NWA 12774.)

Cristales del meteorito indican presión por encima de lo esperado

El equipo liderado por Aaron Bell, investigador de la Universidad de Colorado Boulder, identificó en el meteorito cristales de clinopiroxeno, un mineral encontrado también en la corteza y el manto de la Tierra.

El factor decisivo fue la concentración de aluminio en estos cristales, considerada por los autores una indicación de formación bajo presión elevada.

Al reconstruir las condiciones necesarias para el origen de los minerales, los investigadores concluyeron que requerirían al menos 17,5 kilobares de presión.

El valor es más de 17 veces superior a la presión existente en el fondo de la Fosa de las Marianas, el punto más profundo de los océanos de la Tierra.

Para los autores, este nivel de presión no podría ser producido en el interior de un asteroide pequeño.

Un cuerpo con menos de 200 kilómetros de radio, tamaño antes considerado compatible con el origen de los angritos, no tendría masa suficiente para generar estas condiciones internas.

Otro dato usado en el análisis vino de la preservación de los propios cristales.

Las estructuras mantienen bordes nítidos y patrones químicos que, según el estudio, tenderían a desaparecer si los minerales hubieran permanecido por largos períodos en regiones profundas y calientes de un interior planetario.

Con base en esta lectura, los investigadores afirman que los cristales pueden haberse formado en profundidades relativamente poco profundas.

Si esta interpretación es correcta, el cuerpo original necesitaría ser más grande para producir presiones tan altas más cerca de la superficie.

Mundo perdido podría haber sido más grande que un asteroide común

Los cálculos indican que el cuerpo parental de los angritos tendría al menos 1.000 kilómetros de radio.

En otro escenario considerado por el estudio, el antiguo mundo podría haber superado 1.800 kilómetros de radio, dimensión cercana a la de la Luna, que tiene cerca de 1.737 kilómetros de radio.

La comparación con Marte aparece como una posibilidad límite dentro de la modelización presentada.

El planeta rojo tiene alrededor de 3.390 kilómetros de radio, y los autores no afirman que el cuerpo original tuviera necesariamente ese tamaño, pero señalan que podría haber sido mucho mayor de lo que se imaginaba como fuente de los angritos.

En un comunicado divulgado por la Universidad de Colorado Boulder, Bell afirmó que “es increíble pensar que ya existió un mundo de ese tamaño”.

El investigador también dijo que los científicos solo saben de la existencia de este cuerpo porque algunos fragmentos llegaron a la Tierra.

El mismo investigador declaró que “los materiales que formaron el cuerpo parental de los angritos son fundamentalmente diferentes de los ingredientes de la Tierra y de Marte”.

Según él, estos meteoritos preservaron evidencias de un camino distinto de desarrollo de los primeros planetas.

Descubrimiento cambia la interpretación sobre el origen de los angritos

El estudio cuestiona la interpretación de que los angritos se hayan originado solo en pequeños asteroides.

La presencia de minerales formados bajo alta presión sugiere que al menos parte de estos meteoritos puede haber venido de un cuerpo mayor, con actividad interna suficiente para producir condiciones geológicas más intensas.

Imagen de rayos X de NWA 12774. (Crédito: Imagen de rayos X de NWA 12774.)
Imagen de rayos X de NWA 12774. (Crédito: Imagen de rayos X de NWA 12774.)

Esta conclusión también amplía la discusión sobre la diversidad de los primeros cuerpos rocosos del Sistema Solar.

En lugar de una formación uniforme, los datos analizados por los investigadores indican que algunos de estos objetos pueden haber seguido trayectorias químicas y geológicas diferentes de las observadas en planetas que han permanecido hasta hoy.

En este contexto, el NWA 12774 no sería solo un fragmento de asteroide, sino una posible muestra de un protoplaneta que tuvo actividad volcánica e interior presurizado antes de desaparecer.

La investigación no determina, sin embargo, todos los detalles de este proceso ni establece el momento exacto en que el cuerpo original habría sido destruido.

Colisiones al inicio del Sistema Solar pueden explicar fragmento

El destino del cuerpo que dio origen al NWA 12774 aún no ha sido definido por los autores del estudio.

Una de las posibilidades es que haya sido fragmentado durante colisiones de gran escala, frecuentes en las primeras etapas del Sistema Solar.

En ese período, planetesimales y protoplanetas chocaban mientras algunos cuerpos crecían y otros eran destruidos.

Parte de los fragmentos generados en esos impactos puede haber sido incorporada posteriormente a planetas rocosos, incluida la Tierra, de acuerdo con la hipótesis discutida por los investigadores.

Dentro de este escenario, el NWA 12774 sería un remanente de un cuerpo mayor que no sobrevivió a la reorganización inicial del Sistema Solar.

La roca permaneció preservada a lo largo de miles de millones de años hasta ser recuperada en el Sahara y analizada en laboratorio.

El descubrimiento también indica que otras muestras ya colectadas pueden contener registros de cuerpos similares.

Bell afirmó que hay muchos meteoritos guardados en colecciones que aún no han sido estudiados en detalle y que, por eso, pueden existir evidencias de otros protoplanetas aún no reconocidos.

El análisis del NWA 12774 muestra cómo fragmentos pequeños pueden registrar procesos planetarios de gran escala, siempre que preserven minerales capaces de indicar temperatura, presión y origen geológico.

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Ana Alice

Redactora y analista de contenido. Escribe para el sitio web Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 y es especialista en crear textos sobre temas diversos como economía, empleos y fuerzas armadas.

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