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Un plan de 5,5 mil millones de dólares pretende extraer agua del mar en México, desalinizarla y enviarla por un acueducto de 320 km hasta los EE.UU., pero el proyecto ha estado estancado durante años debido a tensiones entre los dos países, un costo diez veces mayor que el actual y el riesgo para especies amenazadas.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 26/05/2026 a las 13:49
Actualizado el 26/05/2026 a las 13:50
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La idea original llegó a ser tratada como solución, pero se detuvo: el gobierno de Sonora calificó el plan como absurdo y dijo que no trabajaría con la empresa proponente. Hoy Arizona estudia seis propuestas diferentes, ninguna con dinero comprometido, y la entrega de agua, si la hay, solo vendría en la década de 2030.

Un plan de cerca de US$ 5,5 mil millones pretende sacar agua del mar en México, desalinizarla para hacerla potable y enviarla por un acueducto de aproximadamente 320 kilómetros hasta el estado de Arizona, en los Estados Unidos. La propuesta, sin embargo, está lejos de ser realidad: el proyecto lleva años estancado debido a tensiones diplomáticas entre los dos países, a un costo estimado de hasta diez veces el valor actual del agua y a serios riesgos para especies en peligro de extinción.

Es importante dejar claro desde el principio que no se trata de una obra en curso, sino de una idea en disputa. La propuesta original, presentada por la empresa israelí IDE Technologies alrededor de 2022, preveía construir una planta de desalinización en Puerto Peñasco, en el estado mexicano de Sonora, a orillas del Golfo de California, y bombear el agua tratada por cientos de kilómetros hasta la región de Phoenix. Desde entonces, el plan enfrentó resistencia y terminó esencialmente archivado en su forma inicial.

Por qué Arizona busca agua del mar tan lejos

Un plan de US$ 5,5 mil millones quiere sacar agua del mar en México y llevarla a Arizona por 320 km, pero se estanca por tensiones diplomáticas, alto costo y riesgo a la vaquita.
La motivación detrás de la idea es una crisis hídrica real y grave.

Arizona enfrenta lo que los científicos describen como la peor sequía del suroeste de los Estados Unidos en alrededor de 1.200 años. El estado depende básicamente de dos fuentes de agua, la subterránea y el Río Colorado, y ambas están bajo enorme presión, con el río en declive y los acuíferos siendo explotados más rápido de lo que se recuperan.

La situación se volvió tan crítica que, en junio de 2023, las autoridades reconocieron que no había suficiente agua subterránea para sostener nuevos desarrollos inmobiliarios en la región de Phoenix, incluso con proyectos ya aprobados. Al mismo tiempo, la población no deja de crecer: desde el inicio de la megasequía, en 2000, el número de habitantes del estado aumentó de forma expresiva, creando una paradoja entre la expansión urbana y la falta de agua, y llevando al gobierno a buscar fuentes cada vez más distantes, incluyendo el agua del mar.

Cómo funcionaría el proyecto de desalinización

Un plan de US$ 5,5 mil millones quiere extraer agua del mar en México y llevarla a Arizona por 320 km, pero se estanca por tensiones diplomáticas, alto costo y riesgo para la vaquita.
planta de desalinización

Según el diseño original, la planta transformaría el agua del mar del Golfo de California en agua dulce mediante ósmosis inversa, un proceso en el que el agua es forzada bajo alta presión a través de membranas que retienen la sal. De cada 100 litros de agua de mar, aproximadamente la mitad se convierte en agua potable, y la otra mitad se transforma en salmuera, un concentrado con el doble de sal, que debe ser descartado de nuevo en el océano.

El gran desafío, sin embargo, es el transporte. Arizona no tiene salida al mar, y el agua tratada necesitaría ser bombeada por un acueducto de aproximadamente 320 kilómetros, subiendo más de 600 metros de altitud hasta llegar a Phoenix, para luego ser integrada al Canal del Proyecto Central de Arizona, que ya distribuye el agua del Río Colorado. Serían necesarias estaciones de bombeo, en gran parte movidas por energía solar, y un reservorio de seguridad, lo que convierte la obra en un enorme y costoso desafío de ingeniería.

El estancamiento diplomático que detuvo el plan

Un plan de US$ 5,5 mil millones quiere extraer agua del mar en México y llevarla a Arizona por 320 km, pero se estanca por tensiones diplomáticas, alto costo y riesgo para la vaquita.
Aquí está el punto que las noticias sensacionalistas suelen ignorar: el proyecto original prácticamente no salió del papel, y por buenas razones.

La propuesta de IDE fue marcada por acusaciones de falta de transparencia, con acuerdos de confidencialidad firmados antes de cualquier proceso formal, lo que generó desconfianza entre los parlamentarios y la sociedad civil sobre supuestas negociaciones tras bambalinas.

Aún más decisivo fue el posicionamiento de México. El gobierno del estado de Sonora criticó duramente a la empresa y llegó a afirmar que no trabajaría con ella, mientras que el gobernador Alfonso Durazo calificó los planes como un absurdo y dijo que el proyecto no estaba en la agenda del gobierno estatal. Sin el aval mexicano, y ante una frontera internacional y tratados de agua entre los dos países, la idea inicial perdió fuerza y fue dejada de lado.

La paradoja de Puerto Peñasco

Uno de los aspectos más delicados del plan es dónde se construiría la planta. Puerto Peñasco, aunque es un destino turístico conocido, es una ciudad que ya enfrenta sus propios problemas de abastecimiento de agua. Gran parte de la población local convive con escasez, situación que empeora en verano, cuando la llegada de turistas dispara el consumo y la presión sobre el sistema de abastecimiento.

Esto crea una paradoja difícil de justificar: instalar en una ciudad con falta de agua una fábrica para producir agua potable destinada, en gran parte, a otro país. Aunque los proponentes afirman que parte del agua quedaría para Puerto Peñasco y otras ciudades de Sonora, como Hermosillo y Nogales, la percepción de injusticia es fuerte, ya que los beneficios seguirían para Arizona mientras que gran parte de los impactos permanecerían en México.

Los riesgos ambientales y la vaquita

Las preocupaciones ambientales son otro gran obstáculo. El norte del Golfo de California es el hogar de la vaquita, considerado el mamífero marino más amenazado del mundo, con estimaciones de solo alrededor de diez individuos restantes en la naturaleza. Debido al formato estrecho y cerrado del golfo, hay temor de que la salmuera descartada se acumule en lugar de dispersarse, alterando la salinidad del agua y afectando desde el plancton, base de la cadena alimentaria, hasta toda la vida marina.

Los impactos no se detienen en el mar. El acueducto y las líneas de transmisión de energía tendrían que cruzar áreas de desierto extremadamente frágiles, incluyendo sitios federales protegidos, y tierras consideradas sagradas por el pueblo indígena Tohono O’odham, para quienes cada cactus saguaro tiene valor espiritual. Pescadores locales también temen perjuicios a una de las áreas de pesca más productivas de México, sumando voces contrarias al proyecto de ambos lados de la frontera.

El costo y el estado actual

Incluso si se superaran todas las barreras, existe el problema del precio. Estimaciones indican que esta agua desalada y transportada podría costar casi diez veces más de lo que Arizona paga hoy por el agua del Río Colorado, sin contar los altos costos de energía y mantenimiento a lo largo de las décadas. La desalinización consume mucha electricidad, lo que requeriría incluso la construcción de una gran planta solar para alimentar el sistema.

En cuanto al estado actual, el escenario es de indefinición. Después de abandonar la propuesta original de IDE, la agencia estatal responsable comenzó a analizar, a finales de 2025, seis propuestas diferentes de nuevas fuentes de agua, varias de ellas de desalinización, sin que ningún recurso haya sido efectivamente comprometido hasta ahora. La fase es de estudios y consulta pública, y la previsión más realista para la llegada de cualquier agua nueva es el inicio o mediados de la década de 2030, y no algo inminente.

El plan de llevar agua del mar de México a Arizona es un retrato de los dilemas que la escasez hídrica impondrá a regiones áridas en el siglo XXI, pero está lejos de ser un caso cerrado. Entre el costo billonario, las tensiones diplomáticas, los riesgos ambientales y la oposición de comunidades de ambos países, la propuesta sigue más como debate que como solución concreta. El caso muestra que, cuando el agua se acaba, no hay salida fácil, y que importar el recurso de lejos se topa con barreras que van mucho más allá de la ingeniería.

¿Y tú, qué opinas de esta idea de sacar agua del mar en México para abastecer el desierto de Arizona? ¿Crees que proyectos de desalinización como este son el futuro para regiones secas, o los costos y riesgos ambientales son demasiado grandes? Deja tu comentario, comparte tu opinión sobre la crisis del agua y comparte el artículo con quienes se interesan por el medio ambiente, la geopolítica y los recursos hídricos.

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Bruno Teles

Hablo sobre tecnología, innovación, petróleo y gas. Actualizo diariamente sobre oportunidades en el mercado brasileño. Con más de 7.000 artículos publicados en los sitios web CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil y Obras Construção Civil. ¿Sugerencias de temas? Envíalas a brunotelesredator@gmail.com

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