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Un volcán en la Antártida lanza 80 gramos de oro puro al aire todos los días, esparce partículas preciosas sobre el hielo y aun así nadie puede poner sus manos en esa riqueza.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 24/04/2026 a las 22:03
Actualizado el 24/04/2026 a las 22:04
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En el hielo antártico, el Monte Erebus libera partículas microscópicas de oro en un proceso raro, observado por científicos y rodeado de límites ambientales, técnicos y legales que impiden cualquier explotación comercial.

El Monte Erebus, en la isla de Ross, en la Antártida, libera partículas microscópicas de oro junto con gases volcánicos, vapor y material expulsado por su cráter.

La estimación más citada en estudios científicos señala una emisión cercana a los 80 gramos de oro por día, pero este metal no aparece en forma de pepitas, barras o fragmentos visibles.

Se dispersa en partículas muy pequeñas, arrastradas por el viento, lo que impide cualquier recolección práctica y aleja la imagen de una “lluvia de oro” sobre el hielo.

Ubicado cerca de la estación norteamericana McMurdo, el Erebus es descrito por la Smithsonian Institution como el volcán activo más austral del planeta.

El cráter mantiene un lago de lava activo desde al menos 1972, condición que permite observar la liberación continua de calor, gases y material volcánico en una región de acceso limitado.

La NASA también registra que el volcán presenta actividad asociada a vapor, lava y emisiones típicas de un sistema volcánico en funcionamiento en el ambiente polar.

El oro en el Monte Erebus tiene origen en las emisiones volcánicas

El oro relacionado con el Monte Erebus no forma depósitos aparentes sobre la nieve.

Según un estudio publicado en 1991 por investigadores que analizaron las emisiones del volcán, el material aparece como partículas de oro elemental expulsadas junto con gases volcánicos.

Durante el enfriamiento en el aire antártico, parte de este material se condensa y pasa a circular en la atmósfera en dimensiones microscópicas.

Las partículas descritas en la literatura científica pueden alcanzar aproximadamente los 60 micrómetros, un tamaño inferior al grosor promedio de un cabello humano.

Esta escala ayuda a explicar por qué el fenómeno requiere instrumentos especializados para su detección.

A simple vista, no hay una capa metálica perceptible ni acumulación que pueda ser recogida de manera sencilla.

La presencia de este material en las emisiones del Erebus es relevante para la geología porque muestra cómo los metales pueden ser transportados por gases volcánicos.

En lugar de surgir en una mina convencional, el oro aparece diluido en un proceso natural ligado a la composición del magma, a la temperatura de los gases y al enfriamiento rápido en el ambiente antártico.

Partículas de oro se dispersan por la atmósfera de la Antártida

Después de salir del cráter, el oro no se concentra alrededor del volcán.

Las partículas son arrastradas por corrientes de aire y pueden depositarse en áreas distantes, mezcladas con la nieve, el hielo y otros materiales volcánicos.

Informes científicos y divulgaciones sobre el Erebus indican que ya se han identificado rastros asociados al volcán a hasta 1.000 kilómetros de la fuente de emisión.

Este dato suele alimentar la curiosidad sobre el volcán, pero también refuerza la dificultad de cualquier aprovechamiento económico.

Cuanto mayor sea la dispersión, menor será la concentración en cada punto.

En la práctica, aunque la cantidad diaria parezca significativa en comparación con el valor de mercado del oro, el material se distribuye por un área extensa y en partículas casi invisibles.

La estimación de 80 gramos por día debe interpretarse dentro de este contexto.

El número se refiere al flujo calculado en las emisiones, no a una cantidad disponible para su recolección en un lugar específico.

Entre la salida del material por el cráter y su deposición en el hielo, hay dilución atmosférica, mezcla con otros elementos y pérdida de concentración.

Por qué la minería en el volcán antártico es inviable

La inviabilidad comienza por la propia ubicación del Monte Erebus.

El volcán tiene aproximadamente 3.794 metros de altitud y se encuentra en una de las áreas más remotas de la Antártida.

La llegada de investigadores depende de logística especializada, condiciones climáticas favorables, transporte adecuado y apoyo de bases científicas.

Para una operación comercial, estos factores elevarían los costos y los riesgos.

La dificultad técnica también es fundamental.

Dado que el oro está disperso en partículas microscópicas, sería necesario procesar grandes volúmenes de nieve, hielo y material atmosférico depositado para intentar separar una fracción muy pequeña de metal.

No hay confirmación de que este procedimiento tendría viabilidad económica, y el propio patrón de dispersión indica una concentración baja.

Además, existe una restricción legal.

El Protocolo de Madrid, instrumento asociado al Sistema del Tratado Antártico, prohíbe actividades relacionadas con recursos minerales en el continente, con excepción de la investigación científica.

Por lo tanto, incluso si hubiera interés comercial, la explotación mineral no se ajustaría a las normas ambientales vigentes para la región.

El monitoreo del Monte Erebus ayuda a estudiar volcanes polares

El monitoreo del Monte Erebus no se limita al oro.

El volcán es monitoreado debido a su lago de lava, las emisiones de gases, las variaciones térmicas y la actividad explosiva eventual.

Según la Smithsonian Institution, la ubicación remota hace que la observación por satélite tenga un papel importante en el seguimiento de la actividad reciente.

Imágenes infrarrojas y alertas térmicas ayudan a registrar cambios en el cráter y en la intensidad del calor emitido.

En informes recientes, el Programa Global de Vulcanismo del Smithsonian destacó la permanencia del lago de lava y la detección de señales térmicas, especialmente en períodos analizados por satélites.

Estos datos ayudan a los investigadores a seguir el comportamiento del volcán incluso cuando el acceso directo no es posible.

El Observatorio del Volcán Monte Erebus, vinculado al New Mexico Institute of Mining and Technology, reúne información de campo y registros instrumentales.

Según la institución, los datos recolectados en la región se transmiten a estructuras de investigación en la Antártida y luego se envían para análisis y archivo.

Este flujo permite que el Erebus sea estudiado de forma continua, a pesar de las limitaciones impuestas por el ambiente.

Lo que el oro del Erebus revela a la ciencia

Para la ciencia, el oro emitido por el Monte Erebus funciona como un indicador de procesos geoquímicos que ocurren en profundidad.

El fenómeno muestra que los metales pueden ser incorporados a gases volcánicos y transportados por la atmósfera antes de depositarse en el hielo.

Esta dinámica ayuda a los investigadores a investigar la relación entre magma, gases, minerales y condiciones ambientales extremas.

La Antártida hace que este proceso sea aún más específico.

El contacto entre emisiones calientes y aire muy frío favorece transformaciones rápidas en el material expelido.

En el caso del Erebus, el lago de lava persistente ofrece una condición inusual para la observación a largo plazo, permitiendo comparar variaciones del sistema volcánico a lo largo de los años.

La descripción de un volcán que “arroja oro” al aire es compatible con la existencia de partículas microscópicas de oro elemental en las emisiones, siempre que no se interprete como metal visible o recolectable.

El fenómeno está documentado, pero su escala real está más cerca de la investigación geoquímica que de cualquier posibilidad de explotación.

El punto central, por lo tanto, no es la existencia de una riqueza escondida lista para ser extraída, sino la forma en que un volcán activo logra transportar trazas de metal precioso a través de la atmósfera polar.

En un ambiente donde el acceso es restringido y la minería está prohibida, el Erebus permanece como objeto de investigación científica.

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Ana Alice

Redatora e analista de conteúdo. Escreve para o site Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 e é especialista em criar textos sobre temas diversos como economia, empregos e forças armadas.

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