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Una isla entera del Pacífico quiere rodearse con una barrera colosal contra el océano para intentar escapar de olas cada vez más violentas y no ser engullida por el mar en las próximas décadas.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 13/04/2026 a las 23:45
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Entre muros, erosión y adaptación climática, islas del Pacífico ponen a prueba los límites de la ingeniería para contener el avance del mar y proteger áreas habitadas, en un escenario que moviliza comunidades, gobiernos y especialistas.

En varias islas del Pacífico, el aumento del nivel del mar ha dejado de ser solo una proyección climática y ha comenzado a guiar obras, políticas públicas y decisiones locales.

En Samoa, en las Islas Marshall y en Tuvalu, comunidades costeras han recurrido a muros, enrocados y áreas rellenadas para intentar reducir la erosión y contener inundaciones provocadas por mareas, resacas y tormentas.

En Nanumea, atolón de Tuvalu, la propuesta discutida por los residentes va más allá de la protección de tramos aislados de la costa: el plan prevé una barrera alrededor de toda la isla.

La iniciativa expone uno de los principales impases de la adaptación climática en pequeños Estados insulares.

Por un lado, las obras costeras ofrecen protección inmediata para viviendas, vías y estructuras esenciales.

Por otro lado, investigadores y organismos internacionales señalan que este tipo de intervención requiere mantenimiento constante, demanda una alta inversión y no detiene la tendencia de aumento del nivel del mar, que debe continuar a largo plazo.

Cómo el avance del mar ha cambiado la rutina en islas del Pacífico

En la aldea de Lauli’i, en Samoa, la presión del mar ya se había convertido en parte de la rutina antes de la construcción más reciente.

El agua comenzó a inundar casas y superó una antigua estructura costera erigida en el mar.

Los daños afectaron residencias y también tumbas de familias de la comunidad.

En mayo de 2025, la conclusión de un nuevo muro financiado por el gobierno de Nueva Zelanda fue recibida por los residentes como una medida de protección ante las resacas.

El caso de Lauli’i ayuda a explicar por qué este tipo de obra se ha multiplicado en partes del Pacífico.

En islas bajas, pequeñas variaciones en el nivel del mar ya amplían el alcance de las olas, aceleran la erosión y favorecen la entrada de agua salada en áreas ocupadas.

Cuando casas, carreteras, iglesias y cementerios están cerca de la franja costera, cualquier pérdida de terreno tiene un impacto directo en la vida cotidiana.

En este contexto, la construcción de barreras suele surgir como una respuesta inmediata.

Sin embargo, especialistas en ingeniería costera y adaptación climática observan que el comportamiento del litoral no depende solo de la presencia de un muro.

Estructuras rígidas pueden alterar la dinámica de las olas, intensificar la erosión en áreas vecinas, excavar el fondo marino frente a la obra y desplazar el problema a otros puntos de la costa.

Los límites de los muros costeros contra el aumento del nivel del mar

Los investigadores también registran dificultades de mantenimiento, sobre todo en localidades rurales y remotas.

En islas más pequeñas, donde los equipos, materiales y recursos técnicos son más escasos, muchas estructuras terminan deteriorándose rápidamente.

Un estudio publicado en 2021 describió tramos de la costa rural del Pacífico como áreas marcadas por restos de muros costeros que no resistieron al mar.

En trabajos anteriores, el investigador Patrick Nunn señaló que, en promedio, estas estructuras pueden colapsar en un plazo relativamente corto cuando no cuentan con un mantenimiento adecuado a su función.

La discusión, por lo tanto, no se limita a la viabilidad técnica de erigir un muro, sino a la capacidad de mantenerlo a lo largo del tiempo.

Países como los Países Bajos utilizan diques, presas y sistemas hidráulicos como parte central de la ocupación del territorio.

En las islas del Pacífico, sin embargo, el contexto es diferente.

Hay menos tierra disponible, menor capacidad fiscal y altos costos logísticos para transportar máquinas, piedras y concreto a áreas aisladas.

En Ebeye, una de las áreas más pobladas de las Islas Marshall, este desafío se presenta de forma concreta.

El proyecto en ejecución prevé el uso de cerca de 65 mil toneladas de roca transportadas desde los Emiratos Árabes Unidos.

La obra, apoyada por el Banco Mundial y el Fondo Verde para el Clima, fue planificada para reducir la erosión y las inundaciones en una isla donde casas y equipos urbanos están muy cerca del océano.

El caso muestra que la ingeniería costera puede aplicarse en islas de baja altitud, pero también evidencia el costo material y financiero de estas intervenciones.

Además de la ejecución, estas estructuras requieren monitoreo y reparaciones continuas, sobre todo en regiones sujetas a tormentas y variaciones intensas de marea.

Por eso, los investigadores del área suelen tratar los muros costeros como una medida de protección localizada, y no como una solución definitiva para el aumento del mar.

Por qué la tierra sigue en el centro de la adaptación climática

Aun así, la insistencia en este tipo de obra no se debe solo a un cálculo técnico.

Investigaciones sobre adaptación en pequeñas islas muestran que la tierra ocupa un papel central en la organización social, en la memoria colectiva y en los modos de vida.

En muchas comunidades, la decisión de intentar proteger primero el lugar donde las familias siempre han vivido precede cualquier debate sobre el cambio a otras áreas.

Este aspecto aparece con frecuencia en estudios sobre desplazamiento planeado en el Pacífico.

Según investigadores del área, antes de considerar la reubicación, muchas aldeas intentan agotar las alternativas de protección física del territorio.

La construcción de un muro, en este escenario, es vista por parte de los residentes como una forma de ganar tiempo y posponer la necesidad de abandonar áreas de valor histórico, cultural y familiar.

La propuesta de Nanumea para cercar toda la isla

Es en este punto que el caso de Nanumea llama la atención.

En Tuvalu, país formado por islas y atolones de baja altitud, obras recientes ya han reforzado tramos de la costa y ampliado áreas protegidas.

El proyecto de adaptación costera incluyó la creación de cerca de siete hectáreas de tierra recuperada en Funafuti, capital del país, además de intervenciones en Nanumea con bloques de concreto interconectados y refuerzo de estructuras litorales.

Aun con estas obras, un grupo de residentes defiende que la protección en segmentos aislados no es suficiente.

La propuesta conocida como Nanumea Salvation Seawall Project prevé una barrera continua alrededor de toda la isla.

Según los defensores de la idea, una estructura de este tipo podría reducir el impacto de olas fuertes y de eventos extremos en diferentes puntos de la costa.

Hasta ahora, sin embargo, el proyecto aún depende de financiamiento para estudios de viabilidad.

Este detalle es central.

Cercar una isla entera no significa solo ampliar un muro ya existente.

Una intervención de este tipo requeriría un análisis sobre corrientes, transporte de sedimentos, drenaje, circulación de agua entre océano y laguna y efectos sobre la propia dinámica costera.

Los especialistas observan que, en situaciones así, la obra debe ser tratada como un sistema permanente de ingeniería, con exigencias técnicas y financieras continuas.

Soluciones basadas en la naturaleza y otras salidas en debate

Al mismo tiempo, otras estrategias siguen en discusión en la región.

Investigadores citan la recuperación de ecosistemas costeros, el uso de manglares, taludes rocosos menos verticales y vegetación como parte de enfoques que intentan reducir la fuerza de las olas sin depender solo de estructuras rígidas.

Estas soluciones, sin embargo, también varían según el tipo de isla, la densidad poblacional y la infraestructura existente.

En áreas urbanas más densas, donde se concentran aeropuertos, hospitales, escuelas y sedes administrativas, la defensa costera suele ser tratada por gobiernos y técnicos como prioridad.

Ya en islas volcánicas con relieve más alto, o en localidades donde hay posibilidad de desplazamiento interno, los investigadores señalan que el cambio gradual a áreas más elevadas puede ser considerado como una alternativa a más largo plazo.

En el Pacífico, la adaptación climática no sigue un único modelo.

En algunos casos, la respuesta pasa por obras de gran envergadura.

En otros, involucra soluciones basadas en la naturaleza, reorganización del uso del suelo o planificación de reubicación.

El avance del mar, sin embargo, impone una misma pregunta a las comunidades insulares: ¿qué debe ser protegido primero cuando el territorio disponible es limitado y la presión costera sigue aumentando?

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Ana Alice

Redatora e analista de conteúdo. Escreve para o site Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 e é especialista em criar textos sobre temas diversos como economia, empregos e forças armadas.

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