Iniciativa africana de restauración ecológica reúne países del Sahel, recursos internacionales y técnicas adaptadas al clima seco en un intento de recuperar tierras degradadas y reducir impactos de la desertificación sobre comunidades rurales.
La Gran Muralla Verde es una iniciativa de restauración ambiental en curso en la franja del Sahel, región semiárida situada al sur del desierto del Sahara.
Creado por la Unión Africana en 2007, el proyecto busca recuperar áreas degradadas, fortalecer comunidades rurales y reducir los efectos de la desertificación en una zona que se extiende desde Senegal, en el Atlántico, hasta Yibuti, en el Cuerno de África.
Aunque se hizo conocida por la imagen de una barrera de árboles, la iniciativa pasó a reunir acciones más amplias de recuperación del suelo, manejo del agua, agricultura sostenible y generación de ingresos.
-
Los robots aprenden de los perros a entender gestos humanos y ya logran localizar objetos con un 89% de éxito.
-
En una tumba en la antigua capital egipcia de Tanis, en el delta del Nilo, arqueólogos encontraron 225 estatuillas funerarias que deberían servir al muerto en la vida después de la muerte.
-
La IA promete revolucionar el mundo, pero sus centros de datos pueden crear una crisis tóxica invisible: un estudio de Nature calcula hasta 5 millones de toneladas de desechos electrónicos para 2030, con servidores, GPUs, plomo, cadmio y metales raros que el reciclaje global aún no puede absorber.
-
Parecía ciencia ficción, pero ya está en prueba: los científicos quieren rociar sal en el cielo para transformar nubes en espejos gigantes, reflejar la luz del Sol e intentar enfriar el planeta antes de que el calentamiento global se salga aún más de control.
Según la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, la UNCCD, el objetivo es restaurar tierras degradadas y hacer que las comunidades rurales sean más resilientes a los efectos del cambio climático.
La estructura oficial de la Agencia Panafricana de la Gran Muralla Verde reúne a 11 países: Burkina Faso, Chad, Yibuti, Eritrea, Etiopía, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal y Sudán.
Con el paso de los años, programas asociados también comenzaron a involucrar a otros países africanos y socios internacionales, lo que explica la variación en los números divulgados por diferentes organismos sobre el alcance de la iniciativa.
Gran Muralla Verde en el Sahel
La propuesta inicial preveía la formación de una franja verde con cerca de 8 mil kilómetros de extensión, atravesando el continente africano de oeste a este.
La meta era contener la degradación de las tierras en el borde sur del Sahara, en una región marcada por sequías frecuentes, presión sobre los recursos naturales y fuerte dependencia de la agricultura y el pastoreo.
Con el avance de los estudios sobre suelo, clima y restauración ecológica, el proyecto dejó de ser tratado solo como una plantación lineal de árboles.
Hoy, según organismos ligados a la ONU, la Gran Muralla Verde funciona como un conjunto de paisajes restaurados, adaptados a las condiciones de cada territorio y a las necesidades de las comunidades locales.
En la práctica, las acciones combinan árboles nativos, arbustos resistentes a la sequía, áreas de pastoreo, sistemas agroforestales, recuperación de manantiales y técnicas de retención de agua en el suelo.
Especies como la acacia senegal y la Faidherbia albida se utilizan en diferentes proyectos por su adaptación al clima seco y por su utilidad en la fertilidad del suelo, en el sombreado, en la alimentación animal y en la producción de insumos como la goma arábiga.
La meta oficial es restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas hasta 2030.
La iniciativa también prevé secuestrar 250 millones de toneladas de carbono y crear 10 millones de empleos verdes en áreas rurales.
La Unión Europea informa, además, que programas ligados al proyecto buscan mejorar la seguridad alimentaria y ampliar el acceso de agricultores a tecnologías más adaptadas al clima.
Desertificación y clima en el Sahel
El Sahel separa el desierto del Sahara de las sabanas africanas y reúne áreas con lluvias irregulares, largos períodos de sequía y gran número de familias dependientes de la producción rural.
Cuando el suelo pierde cobertura vegetal, el agua de lluvia infiltra con más dificultad, la erosión aumenta y la capacidad de sostener cultivos y ganado disminuye.
La degradación no está ligada a un único factor.
Según estudios científicos sobre la región, ciclos naturales de lluvia, aumento de la temperatura, uso intensivo del suelo, deforestación y presión demográfica contribuyen a alterar el paisaje.
Investigaciones sobre el Sahara indican que el desierto ha crecido cerca de 10% desde 1920, con variaciones de acuerdo con la estación del año y las condiciones climáticas.
En el borde sur del Sahara, estos cambios afectan directamente al Sahel.
Organismos internacionales señalan que la región registra un aumento de temperatura por encima del promedio global, lo que tiende a agravar sequías, reducir la disponibilidad de agua y hacer la producción rural más inestable.
El Banco Mundial estima que los cambios climáticos pueden llevar hasta 216 millones de personas a desplazarse internamente hasta 2050, si no se adoptan medidas de adaptación y reducción de emisiones.
Dentro de este escenario, el África Subsahariana aparece entre las regiones más vulnerables, con proyección de hasta 86 millones de desplazados internos por factores climáticos.
Restauración ambiental en África
El balance consolidado más citado por agencias de la ONU informa que cerca de 18 millones a casi 20 millones de hectáreas habían sido puestas en proceso de restauración entre 2007 y 2018, dependiendo del criterio adoptado.
El mismo levantamiento señaló que solo 4% de la zona originalmente demarcada para la Gran Muralla Verde había sido restaurada en ese período.
La diferencia entre las metas y los resultados divulgados muestra que el avance del proyecto no ocurre como una línea continua de vegetación vista desde lo alto.
En cambio, las acciones aparecen en áreas separadas, propiedades rurales, comunidades, cuencas hidrográficas y zonas de reforestación, conforme las condiciones de financiamiento, seguridad, gobernanza y participación local.
Para cumplir la meta de 100 millones de hectáreas hasta 2030, los países participantes necesitarían restaurar, en promedio, 8,2 millones de hectáreas por año.
La UNCCD estima que serían necesarios al menos US$ 33 mil millones para alcanzar los objetivos definidos para la iniciativa hasta el fin de la década.
Financiamiento de la Gran Muralla Verde
La Gran Muralla Verde recibió nuevo aporte internacional en enero de 2021, durante la One Planet Summit, cuando líderes e instituciones anunciaron el Acelerador de la Gran Muralla Verde.
En la ocasión, se prometieron US$ 14,3 mil millones en nuevos recursos para proyectos ligados a la restauración, adaptación climática y desarrollo rural.
Según la UNCCD, organizaciones multilaterales y bilaterales ya habían movilizado más de US$ 19 mil millones para la iniciativa en años recientes.
La Unión Europea también informa apoyo al proyecto a través de programas nacionales y regionales vinculados al Global Gateway, estrategia de inversiones externas del bloque.
A pesar de los anuncios de financiamiento, informes internacionales señalan dificultades de coordinación, monitoreo y ejecución local.
Parte de los recursos necesita atravesar diferentes niveles administrativos antes de llegar a las comunidades responsables por la plantación, el manejo del suelo y el mantenimiento de las áreas restauradas.
La inestabilidad política en el Sahel también interfiere en el avance de los programas.
Conflictos armados, golpes de Estado, desplazamientos poblacionales y restricciones a la actuación de organizaciones internacionales dificultan la continuidad de viveros, el seguimiento de las plántulas y la aplicación de técnicas de manejo por varios años.
En el campo, la supervivencia de las plantas depende de factores como la elección adecuada de especies, disponibilidad de agua, protección contra el pastoreo excesivo y participación de las comunidades locales.
En restauración ecológica, la plantación representa solo una etapa; sin mantenimiento y manejo continuo, las áreas recuperadas pueden volver a degradarse.
Desafíos para contener el avance del desierto
La Gran Muralla Verde se hizo conocida como un intento de contener el avance del desierto, pero el enfoque técnico adoptado cambió a lo largo de los años.
Según especialistas en restauración y organismos ambientales, el desierto no avanza como un frente único y regular.
Sus bordes varían conforme el régimen de lluvias, la temperatura, el uso del suelo y la presión humana sobre la vegetación.
Por eso, la iniciativa pasó a ser descrita como una red de áreas restauradas, y no como un muro continuo de árboles.
Este modelo incluye regeneración natural asistida, cercado de áreas degradadas, recuperación de pastizales, manejo de recursos hídricos, uso de especies locales y apoyo a actividades productivas rurales.
Estudios coordinados por la FAO señalan que las inversiones en restauración en la región de la Gran Muralla Verde pueden generar un retorno económico positivo, aunque los resultados varían según el país, la técnica utilizada, el tiempo de seguimiento y el grado de participación de las comunidades.
En varias áreas, el efecto social aparece ligado a la generación de ingresos, a la seguridad alimentaria y a la reducción de la vulnerabilidad de las familias rurales.
La iniciativa sigue asociada a una meta ambiental de gran escala, pero sus resultados dependen de factores que van más allá del número de árboles plantados.
Entre los indicadores considerados por organismos internacionales están la recuperación de la fertilidad del suelo, la retención de agua, la supervivencia de las especies, la producción agrícola y la estabilidad de las comunidades que viven en esas áreas.

¡Sé la primera persona en reaccionar!