Donde se imaginaba un desierto helado y vacío, los exploradores se encontraron con una verdadera alfombra de criaturas. En una sola roca, el científico contó más de una docena de especies a simple vista. Lo más curioso: las estrellas del espectáculo son animales sin columna vertebral, como en un retrato vivo de océanos de cientos de millones de años atrás.
Al realizar el primer buceo tripulado a mil metros de profundidad en el océano Antártico, un equipo de la BBC junto al científico Jon Copley encontró un fondo marino repleto de vida. Según la descripción del propio investigador, la biodiversidad encontrada era tan rica que recordaba la abundancia de los arrecifes de coral tropicales, una sorpresa en uno de los lugares menos explorados de la Tierra, donde se esperaba encontrar poca cosa.
La expedición fue realizada para el aclamado documental Blue Planet II, de la BBC, en colaboración con la organización de exploración oceánica OceanX. Vale una aclaración importante de contexto: este buceo histórico y las imágenes que lo registraron son de 2017, cuando la serie fue producida, y vuelven a circular en las redes sociales de tiempos en tiempos por su carácter impresionante. Por lo tanto, no se trata de una expedición reciente, sino de un hito de la exploración oceánica que sigue fascinando al público hasta hoy, como veremos a continuación.
Un buceo a los confines de la Tierra

Aunque la humanidad explora la Antártida por tierra desde hace más de un siglo, el océano profundo alrededor del continente helado permanecía prácticamente tan misterioso como hace 200 años, y fue necesaria tecnología de punta para que los buceadores alcanzaran la marca de mil metros de profundidad en estas aguas heladas por primera vez de forma tripulada.
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Jon Copley, hoy profesor de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, es uno de los exploradores de aguas profundas más experimentados del mundo, habiendo sido el primer británico en bucear a más de cinco kilómetros de profundidad.
Al frente de esta inmersión en el océano Antártico, a bordo de un pequeño sumergible, él y el equipo describieron una mezcla de emoción y aprensión ante lo que podrían encontrar, sabiendo que estaban viendo, en sus palabras, partes del planeta que nadie jamás había visitado.
Un fondo marino lleno de vida
Lo que encontraron allí abajo superó las expectativas.
En lugar de un desierto helado y sin vida, los exploradores describieron el fondo del océano Antártico como una especie de alfombra viva, con Copley relatando haber contado más de una docena de especies diferentes en una sola roca, solo a simple vista, en un paisaje que él clasificó como exuberante.
Según el científico, la explicación para tanta riqueza está en el agua rica en oxígeno que circula por allí, sumada a una cantidad impresionante de nieve marina, el nombre dado a las partículas de materia orgánica que se hunden lentamente y sirven de alimento para los animales del fondo.
Copley afirmó que esa nieve marina era más espesa de lo que jamás había visto en cualquier otro océano del mundo, lo que ayuda a sostener toda esa cadena de vida en las profundidades.
El krill y las criaturas exóticas de las profundidades
Entre los habitantes de este mundo helado, algunos llamaron especial atención.
El krill, pequeño crustáceo que es uno de los componentes más importantes del ecosistema local, apareció en gran cantidad, sirviendo de alimento para numerosas especies, mientras que el curioso pez de hielo, adaptado a las aguas extremadamente frías, también fue avistado durante la inmersión en el océano Antártico.
Pero la estrella de la inmersión, literalmente, fue un animal apodado por el equipo como «Estrella de la Muerte».
Se trata de la estrella de mar sol antártica, que puede tener hasta 50 brazos, cuyas puntas están cubiertas por diminutas pinzas que se cierran al menor toque.
Según Copley, como no hay muchos peces depredadores capaces de soportar el frío extremo de allí, esta estrella puede mover sus brazos libremente para capturar alimento, sin el riesgo de ser mordida, un ejemplo de las adaptaciones únicas de ese ambiente.
Un viaje de regreso a 250 millones de años
Quizás el aspecto más fascinante sea lo que este ecosistema representa.
Según Jon Copley, sumergirse en ese ambiente fue como viajar atrás en el tiempo, porque allí son los invertebrados, animales sin columna vertebral, los que dominan como depredadores, exactamente como eran los océanos de hace más de 250 millones de años, antes de que los peces asumieran ese papel en la mayor parte de los mares del planeta.
Esta peculiaridad hace del fondo del océano Antártico una especie de ventana viva al pasado remoto de la vida en la Tierra.
Las condiciones extremas de frío crearon un refugio donde criaturas antiguas siguen prosperando según lógicas evolutivas que, en otros lugares, fueron sustituidas hace millones de años.
Para la ciencia, observar de cerca este tipo de ambiente es una oportunidad rara de entender cómo la vida marina se organizaba en eras muy distantes.
Por qué explorar el océano Antártico importa
Más que imágenes bonitas, la expedición tiene valor científico y ambiental.
Estudiar de cerca el fondo del mar Antártico ayuda a los científicos a entender, por ejemplo, cómo las llamadas piedras que caen de los icebergs, conocidas como dropstones, crean islas de hábitat rocoso que albergan especies filtradoras e influyen en la distribución de la vida en ese ambiente, algo difícil de percibir solo con muestras recolectadas por redes, como se hacía en el pasado.
Para Jon Copley, cuando todos participan, incluso a distancia, de la exploración del planeta, todos empiezan a valorarlo y a sentirse involucrados en su preservación para el futuro.
Esa es la gran mensaje detrás de iniciativas como el Blue Planet II: revelar las maravillas escondidas de los océanos para despertar en el público el deseo de protegerlos, en un momento en que los mares enfrentan amenazas como la contaminación y los cambios climáticos.
El primer buceo tripulado a mil metros en el océano Antártico, conducido por Jon Copley para el Blue Planet II, es un recordatorio poderoso de que aún hay mucho por descubrir en nuestro propio planeta.
Al revelar un fondo del mar repleto de vida, con criaturas exóticas y ecosistemas que parecen salidos de un pasado remoto, la expedición muestra que las profundidades oceánicas están entre las últimas grandes fronteras de la exploración.
Aunque sean de hace algunos años, esas imágenes siguen invitándonos a mirar con más respeto y curiosidad el vasto y misterioso mundo que existe bajo el agua.
¿Y tú, ya imaginabas que el fondo helado del océano Antártico pudiera albergar tanta vida? ¿Cuál de estas criaturas de las profundidades despertó más tu curiosidad? Deja tu comentario, cuenta qué te pareció esta expedición y comparte el artículo con quien ama el océano, la naturaleza y los misterios de la vida marina.

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