Luísa Matsushita, conocida como Lovefoxxx, cambió su propia rutina al intercambiar la vida urbana por una experiencia sostenible en Garopaba, donde comenzó a probar la captación de lluvia, compostaje, baño seco y cultivo de alimentos en un espacio mínimo.
Ella cambió todo por 12 m².
Luísa Matsushita, conocida como Lovefoxxx y vocalista de Cansei de Ser Sexy, dejó atrás la rutina urbana en São Paulo y fue a vivir una experiencia radical en Garopaba, en el litoral de Santa Catarina. Según Vogue, ella construyó con sus propias manos un pequeño refugio ecológico de 13 por 10 pies, equivalente a cerca de 12 m².
El contraste llama la atención porque el cambio no provino de una persona anónima huyendo de la ciudad, sino de una artista brasileña que pasó por giras, escenarios internacionales y grandes centros urbanos. Folha de S.Paulo registró que vendió un apartamento de 98 m² en Vila Buarque y se mudó, a mediados de 2017, a un área de calles de tierra en Garopaba.
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El apartamento de 98 m² dio lugar a un barraco de 12 m²

El cambio comenzó antes de la mudanza definitiva. En relato a Gama Revista, Luísa contó que, después de experiencias con bioarquitectura, volvió al apartamento en São Paulo y se dio cuenta de que no necesitaba todo ese espacio.
Folha de S.Paulo trajo un detalle que ayuda a entender la incomodidad: ella comenzó a replantearse la vida urbana al darse cuenta de que podría gastar hasta R$ 2 mil por año solo en col rizada orgánica. La cuenta se convirtió en símbolo de una rutina cara, distante de la producción de su propio alimento y dependiente del consumo constante.
En Garopaba, el nuevo espacio era mucho más pequeño. Vogue describió el lugar como un pequeño galpón convertido en estudio y vivienda. Ya el Instituto Claro registró que Luísa llamaba a la estructura “barraco”, una referencia al barraco de obra.
El eco-barraco tenía baño seco, cisterna y ducha externa

El refugio no era solo pequeño. Fue pensado para reducir desperdicios y probar una rutina más autónoma. Según el Instituto Claro, el espacio tenía cerca de 12 m², una plataforma de 4 m por 4 m y un baño externo de 1,5 m por 1,5 m.
El sistema de agua también seguía esta lógica. Luísa afirmó al Instituto Claro que captaba agua de lluvia en una cisterna de mil litros. La misma fuente informó que ella gastaba cerca de 5 litros para baño y reaprovechaba esa agua para regar plantas.
El baño seco era otro punto central del proyecto. El modelo usaba balde, aserrín y compostera. De acuerdo con el Instituto Claro, los residuos eran llevados a una compostera con tres cabinas de 1 m por 1 m, donde el material quedaba en descomposición hasta convertirse en abono.
La vida sostenible no fue vendida como fantasía perfecta

A pesar del atractivo visual de la historia, Luísa no presentó el cambio como una fuga simple al paraíso. En testimonio a Gama Revista, relató depresión, miedo, soledad y dificultad para crear vínculos al llegar a Santa Catarina.
Vogue también destacó que uno de los desafíos fue la falta de rostros familiares y la construcción de nuevas amistades en la vida adulta. Poco a poco, la rutina pasó a incluir yoga, surf, plantación, cuidado con semillas y alimentación vegana, según la propia artista relató a Gama Revista.
UOL Ecoa añadió que el terreno pasó a reunir cultivos como plátano, yuca, ñame, aguacate, limón, maíz, col, tomate, calabaza y frijol. Vogue también describió el área como una agroforesta, con alimentos creciendo en conjunto para regenerar el suelo.
De vocalista del CSS a artista visual ligada a la bioconstrucción
El cambio dialoga con una trayectoria artística más amplia. Luísa estudió en The Earthship Biotecture Academy, en Nuevo México, según la Gama Revista, y también participó como voluntaria en una construcción sostenible en el norte de Argentina.
La Galería Luisa Strina, al presentar su exposición “Si no es para llorar, ni salgo de casa”, relacionó su producción visual con experiencias de bioconstrucción en Santa Catarina. La revista piauí, en 2025, también registró su fase más dedicada a la pintura y a las artes visuales.
Por eso, el eco-barraco de Garopaba no es solo una casa pequeña. Es el capítulo visible de un cambio de escala: menos metros cuadrados, menos cuenta, menos estructura convencional y más intento de transformar vivienda, arte y cotidiano en una misma experiencia.
