La posible explosión cósmica recibió la designación AT2025ulz y llamó la atención por comenzar parecida a una kilonova, cambiar de comportamiento en pocos días y plantear la hipótesis de una “superkilonova”, fenómeno en el que una colisión de estrellas de neutrones quedaría oculta dentro de una supernova.
Los astrónomos podrían haber identificado una explosión cósmica de un tipo aún no observado, tras detectar un evento que comenzó parecido a una kilonova y, pocos días después, pasó a comportarse como una supernova. El fenómeno, llamado AT2025ulz, podría indicar una “superkilonova”, hipótesis en la que una colisión de estrellas de neutrones ocurre dentro de una supernova.
El descubrimiento involucra señales de ondas gravitacionales, observaciones de telescopios y un cambio inesperado en el brillo del objeto. La posibilidad aún no ha sido confirmada, pero el caso llevó a los investigadores a considerar que futuras kilonovas podrían no parecerse al evento clásico registrado en 2017.
La explosión cósmica comenzó parecida a una kilonova
La primera señal del evento apareció el 18 de agosto de 2025, cuando los detectores del LIGO, en Luisiana y Washington, y del Virgo, en Italia, registraron una señal de ondas gravitacionales. Minutos después, se envió una alerta a astrónomos en varias partes del mundo, indicando que la señal probablemente provenía de la fusión de dos objetos.
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La alerta también señalaba que al menos uno de los objetos involucrados parecía tener una masa inusualmente pequeña. Horas después, el Zwicky Transient Facility, en el Observatorio Palomar, identificó una fuente roja en desaparición a unos 1.300 millones de años luz, en la misma región del cielo asociada a la señal gravitacional.
El objeto recibió inicialmente el nombre ZTF 25abjmnps y luego pasó a tener la designación oficial AT2025ulz. Durante aproximadamente tres días, la emisión se pareció a la kilonova observada en 2017, cuando dos estrellas de neutrones se fusionaron y produjeron ondas gravitacionales y luz.
La señal cambió de color y confundió a los investigadores
Las primeras observaciones mostraron un objeto rojo que desaparecía rápidamente. Este comportamiento recordaba a la kilonova de 2017, en la cual el color rojo estaba ligado a elementos pesados, como el oro, que absorben luz azul y dejan pasar longitudes de onda rojizas.
La explosión cósmica, sin embargo, cambió de comportamiento pocos días después del primer destello. El objeto volvió a brillar más, pasó a emitir luz más azulada y presentó hidrógeno en sus espectros, características asociadas a una supernova de colapso de núcleo con envoltura removida.
Este giro llevó a parte de los astrónomos a considerar que el evento podría ser solo una supernova común y sin relación con la señal de ondas gravitacionales. Las supernovas en galaxias distantes normalmente no producen ondas gravitacionales detectables, lo que aumentó la dificultad de interpretación.
La hipótesis apunta a una “superkilonova”
El equipo liderado por Mansi Kasliwal, profesora de astronomía del Caltech y directora del Observatorio Palomar, identificó señales que no encajaban totalmente en una kilonova clásica ni en una supernova típica. El estudio con los resultados fue publicado en The Astrophysical Journal Letters.
La hipótesis presentada es que la explosión cósmica representa una “superkilonova”, una kilonova activada por una supernova. La idea ya había sido propuesta por científicos, pero nunca había sido observada.
En este escenario, una estrella masiva habría explotado y creado dos estrellas de neutrones recién formadas. Estas estrellas se habrían espiralado una hacia la otra y se habrían fusionado rápidamente, produciendo una kilonova dentro de los escombros de la supernova.
Las estrellas de neutrones pequeñas entran en el debate
Las estrellas de neutrones son remanentes densos que quedan después de la explosión de estrellas masivas. Tienen aproximadamente el tamaño de San Francisco, unos 25 kilómetros de diámetro, y normalmente presentan masas entre 1,2 y tres veces la masa del Sol.
Los datos de ondas gravitacionales sugirieron que al menos uno de los objetos en colisión tenía una masa menor que la del Sol. Algunas teorías admiten la existencia de estrellas de neutrones aún más pequeñas, pero ninguna ha sido observada directamente.
Científicos han propuesto dos caminos para la formación de estas pequeñas estrellas de neutrones. En uno de ellos, una estrella masiva en rotación rápida explota y se divide en dos estrellas más pequeñas por fisión; en otro, la explosión crea un disco de material alrededor del núcleo en colapso, y los cúmulos en ese disco forman una pequeña estrella de neutrones.
Se necesitarán más eventos para confirmar el descubrimiento
La explicación aún requiere nuevas evidencias. Los investigadores resaltan que todavía no hay datos suficientes para confirmar que AT2025ulz sea realmente una “superkilonova”, a pesar de que el evento ha llamado la atención por su comportamiento inusual.
Nuevas búsquedas podrán usar datos del ZTF, del Observatorio Vera Rubin y de proyectos futuros o en desarrollo. La lista incluye el Telescopio Espacial Nancy Roman, de la NASA, el UVEX, liderado por Fiona Harrison, del Caltech, el Deep Synoptic Array-2000 y el Cryoscope, en la Antártida.
La investigación también refuerza la importancia de observar eventos que puedan confundirse con supernovas comunes. Si se identifican nuevas ocurrencias similares, la posible explosión cósmica AT2025ulz podría convertirse en la primera pista concreta de una clase inédita de cataclismo estelar.
Con información de ScienceDaily

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