El planeta gaseoso WD1856b desafió las leyes del cosmos al migrar cerca de una enana blanca miles de millones de años después del colapso de la estrella, revela James Webb.
Un equipo internacional de científicos desveló, en un estudio publicado el 1 de julio en la revista Nature, cómo el planeta gigante gaseoso WD1856b logró sobrevivir intacto a la destrucción provocada por la muerte de su estrella anfitriona, ubicada a 80 años luz de la Tierra.
Utilizando datos inéditos de atmósfera, masa y temperatura recolectados por el Telescopio Espacial James Webb (JWST), los investigadores reconstruyeron la trayectoria del astro y comprobaron que escapó de ser engullido porque se mantuvo en una órbita distante durante la fase violenta del sol local, migrando a su posición actual mucho más cerca de la enana blanca solo miles de millones de años después del colapso estelar.
El descubrimiento soluciona un misterio que intrigaba a la astronomía desde 2020 y ayuda a anticipar el destino final de nuestro propio Sistema Solar.
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La extraña arquitectura de un sistema estelar triple
Desde que fue identificado, el sistema de WD1856b llamó la atención de los astrónomos por presentar una configuración considerada extremadamente inusual.
El planeta gigante completa una vuelta alrededor de la enana blanca en solo 1,4 días, permaneciendo en una órbita tan cercana que, si ya ocupara esa posición cuando la estrella aún atravesaba su fase de expansión, habría sido destruido por la intensa radiación y acabado engullido por el astro.
Para explicar este escenario, los investigadores señalan que el sistema no está formado solo por la estrella muerta y el planeta.
Hay aún dos estrellas compañeras en regiones mucho más distantes, cuya acción gravitacional a lo largo de miles de millones de años alteró gradualmente la trayectoria del gigante gaseoso, empujándolo hacia la órbita actual. Las dimensiones del propio WD1856b hacen el descubrimiento aún más impresionante.
Las estimaciones indican que su masa varía entre cuatro y once veces la de Júpiter, reforzando el carácter excepcional de este arreglo cósmico y ayudando a comprender cómo interacciones gravitacionales a largo plazo pueden remodelar completamente la arquitectura de un sistema estelar.

Fuerzas gravitacionales y la «fiebre» atmosférica del planeta
La clave para descifrar que el WD1856b realizó un desplazamiento tardío fue una fuerte anomalía térmica identificada en su cima gaseosa.
Al cruzar los indicadores del telescopio operado por la NASA con modelos matemáticos de enfriamiento planetario a lo largo de las eras cósmicas, los investigadores notaron que el ambiente estaba excesivamente caliente.
El comportamiento del termómetro espacial reveló datos cruciales para la reconstrucción histórica del astro:
- Temperatura registrada: La atmósfera del cuerpo celeste mantiene un calor en torno a los 400 Kelvin (equivalente a 127 °C).
- Sobrecalentamiento: Este índice térmico está aproximadamente 240 grados por encima de lo esperado si el astro dependiera solo de la débil luz emitida por la enana blanca actual.
- Cronología del movimiento: La aproximación gradual hacia el centro del sistema ocurrió entre 3 y 5,5 mil millones de años después de que el sol local ya había muerto.
Este calor extra fue provocado por las intensas interacciones de marea gravitacional de la enana blanca, que actuaron comprimiendo y calentando al gigante gaseoso mientras se desplazaba.
El mañana del Sistema Solar reflejado en el cosmos
El monitoreo de este sistema exótico sirve como un adelanto del destino reservado para nuestro propio rincón en el universo. De acuerdo con los astrónomos, el Sol agotará su energía en aproximadamente cinco mil millones de años, expandiendo su tamaño original en más de 100 veces.
Este proceso violento de gigante roja ciertamente engullirá planetas internos como Mercurio y Venus, poniendo también la integridad de la Tierra en serio riesgo. La confirmación de que cuerpos celestes pueden persistir tras el cierre del ciclo vital de sus estrellas trae nuevas perspectivas sobre el tiempo y el espacio.
Para el investigador Ryan MacDonald, vinculado a la Universidad de St. Andrews, en Escocia, la experiencia con las lentes del James Webb se asemeja a un viaje temporal.
«Estamos acostumbrados a mirar hacia el pasado cuando usamos telescopios, pero esta es la primera vez que conseguimos vislumbrar lo que puede suceder con los planetas externos alrededor del remanente de una estrella similar al Sol», comparó el astrónomo, definiendo la oportunidad como el uso de una máquina del tiempo orientada hacia el futuro.
El avance de las investigaciones promete traer nuevas piezas para este rompecabezas espacial. Además de la explicación sobre la órbita, la detección de metano y la presencia de nubes en la atmósfera marcan la primera caracterización de este tipo en torno a un sol extinto.
Ryan MacDonald celebró el hito inicial proporcionado por la tecnología actual, demostrando optimismo sobre los próximos descubrimientos astronómicos.
Según concluyó el investigador, «este es solo el comienzo de nuestra exploración de planetas orbitando estrellas muertas con el JWST. Nuestros resultados muestran que la muerte estelar no es el fin — algunos planetas experimentan un futuro vibrante y lleno de vida tras la muerte de su estrella.”
Con información de la Revista Galileu
