Fin de la tarifa reducida amenaza las exportaciones brasileñas; país de América del Sur prioriza eléctricos y fortalece presencia china
El pasado martes (30), Colombia terminó de forma unilateral el acuerdo automotriz con Brasil. El tratado preveía una cuota de 50 mil vehículos con tarifa reducida.
Ahora, los coches brasileños pasan a pagar un impuesto de importación del 16%, lo que encarece los precios en el mercado colombiano. La decisión ya provocó la reacción del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien pidió al Itamaraty que eleve el tono en las negociaciones con el gobierno de Gustavo Petro.
Impacto directo en las exportaciones brasileñas
Colombia es hoy el tercer mayor destino de las exportaciones de vehículos producidos en Brasil, quedando detrás solo de Argentina y Chile.
-
Hyundai vende una minivan ejecutiva que parece una sala VIP sobre ruedas: Custin lleva 7 personas, usa motor 1.5 turbo de 168 cv, caja automática de 8 marchas y cuesta cerca de 157 mil reales en la conversión directa en Vietnam.
-
El Toyota de 7 plazas que parece demasiado barato para existir en Brasil: Rush tiene motor 1.5, opción manual o automática y precio convertido cerca de R$ 81 mil, mientras que aquí las familias necesitan apuntar a SUVs mucho más caros.
-
Mitsubishi Pajero Dakar diésel de 2012 aparece con 314 mil km y aún llama la atención por su fama de resistente; SUV 4×4 de siete plazas enfrenta senderos, pero señales de uso severo pueden ocultar perjuicios para compradores de usados.
-
Peugeot reconoció públicamente los errores del motor PureTech, que causaron fallas graves en cientos de miles de coches, y presentó el nuevo Turbo 100 como solución definitiva, un 1,2 turbo probado por más de 3 millones de kilómetros que sustituye la correa defectuosa por una cadena más duradera.
La pérdida de la tarifa preferencial abre espacio para competidores internacionales. Las automotrices chinas, que ya avanzan rápidamente en América Latina, ganan una ventaja significativa en el mercado colombiano.
Según la periodista Daniela Lima, de UOL, Lula evalúa que la medida perjudica directamente la industria automotriz instalada en Brasil. El sector apostaba por las exportaciones para compensar la estancación del mercado interno, y ahora teme una caída en el ritmo de producción y un impacto sobre el empleo.

Competencia con coches eléctricos chinos
El Guía del Coche señala que la crisis también revela elecciones equivocadas de la política automotriz brasileña. En los últimos años, las automotrices tradicionales, a través de Anfavea, bloquearon incentivos a los eléctricos y defendieron la anticipación de impuestos de importación sobre esos vehículos.
Mientras tanto, las tecnologías híbridas de bajo impacto ambiental recibieron apoyo gubernamental. Esta estrategia dejó a Brasil en desventaja en la carrera global por la electrificación.
Sin el acuerdo, los vehículos producidos aquí llegan más caros a Colombia. Ya los chinos ofrecen precios competitivos y una amplia variedad de SUVs híbridos y eléctricos, beneficiados por políticas de incentivo a la descarbonización adoptadas por el gobierno colombiano.
Diplomacia en el campo y alternativas de la industria
El Itamaraty intenta reabrir las negociaciones, pero aún no hay perspectiva de un nuevo tratado.
Ante el escenario, las automotrices pueden buscar alternativas. Entre ellas están redirigir parte de la producción a otros mercados o absorber pérdidas para mantener presencia en el mercado colombiano.
La disputa refuerza la necesidad de que Brasil diversifique los destinos de exportación. También evidencia la importancia de negociar mejores condiciones comerciales en el sector automotriz internacional.
Producción local de eléctricos: una salida posible
A pesar de la crisis, surgen señales de cambio. BYD inicia en octubre el montaje del Dolphin Mini eléctrico en Camaçari, en Bahía.
Aún este año, GM debería comenzar a producir el Chevrolet Spark EUV en Ceará, en régimen SKD (vehículo semidesmontado).
Si se exportan a Colombia, estos modelos pueden escapar de la nueva tarifa, ya que entran en otra clasificación.
Estos proyectos muestran que la transición eléctrica comienza a cobrar fuerza en Brasil. Sin embargo, el avance es tardío en relación a otros países.
El impasse con Colombia expone fragilidades diplomáticas y la urgencia de modernizar la política industrial brasileña para el sector automotriz.

¡Sé la primera persona en reaccionar!