En 1981, en Nigeria, el científico australiano Tony Ronaldo y Liz enseñaron a agricultores a cambiar el hacha por la regeneración de árboles que ya estaban vivos en el suelo, bajo vientos del Sahara, creando cosechas protegidas, más granos y el llamado oro verde, hoy replicado en 40 países, con impacto social visible.
Los agricultores miran un campo seco y, por instinto, limpian lo que queda: cortan árboles, queman brotes, abren el terreno para plantar y esperan que la cosecha responda. En el oeste africano esta lógica se volvió un riesgo, porque cada corte exponía el suelo a los vientos del Sahara.
La idea, conducida por Tony Ronaldo y Liz a partir de 1981, fue tratar la regeneración como tecnología social: seleccionar brotes de tocones vivos, proteger árboles útiles y mantener la cosecha en medio de ellos. Con el tiempo, el método se asoció a más granos, al «oro verde» y a una expansión citada como presente en alrededor de 40 países.
El campo que parecía perdido y la decisión que cambió todo

En el interior de países de África Occidental, el paisaje descrito por quienes llegaron primero era de suelo cansado, cultivos fallidos y familias viendo desaparecer la comida.
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El sector sucroenergético avanza con tecnología agrícola, pero la productividad agrícola aún preocupa.
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La cáscara de huevo que casi todo el mundo tira está compuesta por alrededor del 95% de carbonato de calcio y puede ayudar a enriquecer el suelo cuando se tritura, liberando nutrientes lentamente y siendo reutilizada en huertos y jardines domésticos.
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Esta granja en Estados Unidos no utiliza sol, no utiliza suelo y produce 500 veces más alimentos por metro cuadrado que la agricultura tradicional: el secreto está en 42 mil LEDs, hidroponía y un sistema que recicla hasta el calor de las lámparas.
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El agua que casi todo el mundo tira después de cocinar papas contiene nutrientes liberados durante la preparación y puede ser reutilizada para ayudar en el desarrollo de plantas cuando se usa correctamente en la base de huertos y macetas, sin costo adicional y sin cambiar la rutina.
Los agricultores cortaban árboles y eliminaban los brotes, intentando abrir espacio, pero el resultado era lo contrario de lo esperado: más viento, más calor y menos fertilidad.
Fue en este escenario que, en 1981, en Nigeria, Tony Ronaldo y Liz comenzaron a insistir en una idea que sonaba ofensiva para mucha gente: dejar de tratar el tocón vivo como enemigo.
La propuesta era simple de explicar y difícil de aceptar, porque exigía confianza en un proceso lento, de regeneración, en lugar de una solución rápida y visible.
Regeneración en la práctica: comenzar por lo que ya está en el suelo

El cambio llegó cuando la regeneración dejó de ser un discurso y se convirtió en rutina.
En lugar de plantar árboles nuevos que morían, los agricultores comenzaron a observar el llamado bosque subterráneo, los tocones y depósitos de semillas ya presentes.
La técnica consistía en trabajar con lo que estaba vivo, eligiendo qué se mantendría y qué se podaría.
En un ejemplo mostrado como demostración de campo, el corte y la poda de un brote llevaban pocos minutos y cambiaban el estatus de esa “hierba mala” a árbol en crecimiento.
La lógica incluía dejar alrededor de cinco brotes por cepa, creando una estructura más resistente al viento y al pisoteo, sin perder el objetivo central de mantener las cosechas entre los árboles.
Árboles como infraestructura: sombra, barrera y producción junto a la cosecha

Cuando los árboles regresan, no es solo paisaje. Funcionan como amortiguador contra temperaturas altas, vientos fuertes y baja fertilidad, condiciones citadas como típicas de regiones cercanas al Sahara.
Los árboles son una infraestructura agrícola, porque reducen extremos y protegen la producción que ocurre entre ellos.
Al mismo tiempo, la regeneración responde a una necesidad concreta del día a día: leña. En comunidades donde cocinar depende de madera, prohibir el corte sin ofrecer alternativa se vuelve un castigo.
El método buscó equilibrar el uso y la protección, manteniendo los árboles como “cuenta conjunta” y “póliza de seguro”, una reserva que permanece en pie cuando la cosecha falla.
Oro verde y granos: cuando la ganancia aparece en el plato y en el tiempo
El término oro verde aparece como síntesis de lo que cambió: los árboles pasaron a ser valor, no obstáculo. Para los agricultores, la ganancia no era solo ambiental, era material, con más estabilidad y más alimento.
La base del relato atribuye al método un resultado de más de 500.000 toneladas de granos por año, volumen descrito como suficiente para alimentar a 2,5 millones de personas.
Este tipo de número siempre requiere cautela, porque depende del contexto, el clima y la adopción real por parte de la comunidad, pero ayuda a explicar por qué la regeneración ganó tracción.
Oro verde no es romanticismo, es el lenguaje de quienes miden el impacto por lo que entra en la casa, por lo que sobra para vender y por lo que ya no necesita ser buscado lejos.
Del “farmer blanco loco” al jefe: el peso social del cambio
El apodo dicho en voz alta, “farmer blanco loco”, muestra el roce inicial: la idea contrariaba el instinto de limpiar el terreno y producía desconfianza.
Con el tiempo, cuando los árboles crecieron y las cosechas entre ellos comenzaron a rendir, el mismo personaje fue descrito como “jefe de los agricultores”, un reconocimiento que no viene de propaganda, viene de resultados percibidos.
El efecto social más repetido es menos dramático y más cotidiano: aliviar la carga de mujeres y niños. Si la leña y el agua están más cerca y la cosecha es menos inestable, el tiempo cambia de dueño.
La regeneración altera la agenda de la familia, no solo el diseño del campo.
Por qué se ha extendido y lo que aún está en disputa
El método ha sido descrito como habiéndose extendido a alrededor de 40 países, comenzando en Nigeria y avanzando a lugares citados como Malí y Etiopía, con retornos a regiones como Kenia y Uganda previstos en nuevos viajes.
En declaraciones públicas, Grant Balden, CEO de World Vision, trató la regeneración como una de las respuestas más sólidas disponibles hoy para enfrentar el cambio climático, sin llamarla solución milagrosa.
El reconocimiento internacional, como el Premio de la Paz de Luxemburgo por paz ambiental, da visibilidad, pero no reemplaza la parte más difícil, que es la gobernanza en el terreno.
Los árboles solo se convierten en oro verde cuando son una regla social, cuando la comunidad decide qué se puede, qué no se puede y cómo repartir el beneficio, sin dejar que el costo recaiga siempre en los mismos.
El caso demuestra que la regeneración no es solo reforestación, es una estrategia de producción en un ambiente hostil, diseñada para agricultores que no pueden esperar años por un milagro de laboratorio.
Los árboles se convierten en herramienta de supervivencia cuando protegen la cosecha, sostienen el suelo, proporcionan leña y hacen que el riesgo sea menos cruel.
Si alguna vez has vivido sequías, vientos fuertes o cosechas quebradas, ¿qué te parece más realista: apostar en plantar desde cero o insistir en el bosque subterráneo y llamar a esto oro verde? ¿Qué tipo de regla comunitaria haría que los agricultores se adhirieran sin miedo a perder ingresos a corto plazo?


I interviewed him in Zambia, on regenerative agriculture..Fantastic and smart man
Well done,needs dedication and patience.
At Mana Pools in Zimbabwe i saw a wonderful concept; a small area of land (maybe 20 mx 20 m) securely fenced off with a solar panel to electrify a few wires. It guarded a tiny reservoir of indigenous plants, self-seeded, which over time grew into trees. It also provided shelter and sustenance to various birds and insects, while being locked away from mammals such as elephant and buffalo. The mature trees were able to produce seeds to repopulate the surrounding area.
And in the Eastern Cape area of South Africa, I saw plantations of an exotic tree which produced long thin stems in abundance. The plantations were placed there (by the Apartheid government) to provide long thin poles for hut-building and waste growth for firewood. As the stems are cut they regrow.