Experimento en la Amazonía simula una atmósfera con más CO₂ para observar reacciones del bosque a escala real, mientras científicos buscan datos sobre carbono, agua, suelo y clima antes de la COP30.
Científicos instalaron en el interior de la Amazonía una estructura creada para probar cómo el bosque puede reaccionar a una atmósfera con más dióxido de carbono, condición prevista en escenarios climáticos de las próximas décadas.
El experimento, llamado AmazonFACE, expone árboles adultos a concentraciones elevadas de CO₂ para observar, en ambiente abierto, cambios en la absorción de carbono, en la pérdida de agua por las hojas, en el crecimiento vegetal y en el funcionamiento del suelo.
La investigación se lleva a cabo en un área de bosque maduro cerca de Manaus, en el Amazonas, y busca responder a una cuestión central para la ciencia climática: ¿cómo se comporta un bosque tropical de gran tamaño cuando comienza a recibir, de forma controlada, una mayor cantidad de CO₂ en el aire?
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La discusión también se relaciona con la COP30, conferencia climática de la ONU realizada en Belém, en Pará.
Según la ONU Brasil, la conferencia abordó temas relacionados con la adaptación, financiación climática, mitigación, tecnología, capacitación, transparencia y balance global, en una edición realizada en la Amazonía y acompañada por debates sobre el comportamiento del bosque en escenarios de calentamiento global y cambio en la composición de la atmósfera.
AmazonFACE simula atmósfera del futuro en la selva amazónica
En AmazonFACE, seis grandes anillos metálicos fueron erigidos sobre y alrededor de la vegetación.
Cada estructura envuelve decenas de árboles adultos y permite comparar dos escenarios dentro de la misma área de bosque: en parte de los anillos, la concentración de CO₂ será elevada; en los demás, el ambiente seguirá expuesto a las condiciones naturales, funcionando como referencia para los investigadores.
La estructura se encuentra a unos 80 kilómetros de Manaus y reúne seis anillos de 30 metros de diámetro, compuestos por torres metálicas de 35 metros de altura.

De acuerdo con información divulgada por el gobierno federal, la propuesta es simular un aumento del 50% en la concentración de dióxido de carbono en relación con los niveles actuales, utilizando la tecnología FACE, sigla en inglés para Free-Air CO₂ Enrichment, o enriquecimiento de CO₂ al aire libre.
La tecnología permite que el bosque permanezca en su propio ambiente, sin ser transferido a laboratorio.
De esta forma, árboles, raíces, lianas, microorganismos, suelo, agua y luz siguen interactuando en condiciones naturales, mientras sensores y mediciones de campo acompañan las respuestas del ecosistema al aumento del gas.
“Estamos intentando crear la atmósfera del futuro”, afirmó Carlos Quesada, investigador vinculado al Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonía, al explicar el objetivo del experimento.
El proyecto es conducido por equipos del Inpa y de la Universidad Estatal de Campinas, con apoyo del gobierno brasileño y cooperación del Reino Unido.
¿Qué investigan los científicos sobre el CO₂ y la Amazonía?
La investigación mide si el aumento de CO₂ interfiere en el crecimiento de las plantas, en la absorción de carbono, en la transpiración de las hojas y en la dinámica del suelo.
En estudios sobre fotosíntesis, el dióxido de carbono es uno de los elementos usados por las plantas para producir energía; sin embargo, según investigadores de AmazonFACE, la respuesta de un bosque tropical depende también de la temperatura, lluvias, disponibilidad de agua, nutrientes y características de cada especie.
En la Amazonía, una de las cuestiones investigadas involucra la disponibilidad de nutrientes en el suelo, especialmente en áreas donde elementos como el fósforo pueden limitar el crecimiento vegetal.
Por este motivo, el estudio no se concentra solo en las copas de los árboles.
Los equipos también analizan hojas, troncos, raíces, hongos, microorganismos y ciclos de agua y nutrientes.
Sensores instalados en el área registran variaciones ambientales en intervalos frecuentes y acompañan la respuesta de la vegetación a la lluvia, el sol, las tormentas y los cambios en la humedad.
Según Reuters, los equipos registran la respuesta del bosque cada 10 minutos, incluyendo cómo el follaje absorbe dióxido de carbono y libera oxígeno y vapor de agua bajo diferentes condiciones meteorológicas.
La etapa de enriquecimiento del aire con CO₂ permitirá comparar áreas similares bajo atmósferas diferentes.
Con esta metodología, los científicos buscan producir datos de campo para modelos climáticos que hoy aún tienen incertidumbres sobre la reacción de los bosques tropicales al aumento de la concentración de gases de efecto invernadero.
Experimento inédito en bosque tropical maduro
Experimentos con enriquecimiento de CO₂ ya se han realizado en otros países y en otros tipos de vegetación.
En el caso de AmazonFACE, el diferencial señalado por los responsables del proyecto es el ambiente elegido: un bosque tropical maduro, con árboles adultos e interacciones ecológicas complejas.
Según material institucional del gobierno federal, es la primera vez que la tecnología se aplicará en un bosque tropical.
El ingeniero forestal Gustavo Carvalho definió el estudio como “el primer experimento en un bosque natural de este tamaño en los trópicos”.
La observación se refiere a la escala de la instalación y al hecho de que el experimento ocurre en un área de bosque en pie, sin aislar árboles en laboratorio o restringir el análisis a plántulas.
Para los investigadores, la escala del experimento es relevante porque la Amazonía no depende solo del comportamiento individual de cada árbol.
El funcionamiento del bioma involucra interacciones entre vegetación, atmósfera, suelo, agua, biodiversidad y clima regional, factores que pueden influir en la capacidad del bosque para almacenar carbono y regular la humedad.
Además del carbono, el proyecto acompaña el ciclo del agua, la biodiversidad, los nutrientes y aspectos relacionados con las poblaciones del bosque y la seguridad alimentaria.
La segunda fase de AmazonFACE, planificada para el período de 2025 a 2030, fue presentada en documentos del proyecto como etapa de implementación y operación del experimento en bosque maduro.
La COP30 en Belém amplía la atención sobre el clima y la Amazonía
La realización de la COP30 en Belém colocó a la Amazonía en el centro de la agenda climática internacional.
En el campo científico, AmazonFACE contribuye a una discusión específica: ¿qué datos de campo pueden reducir las incertidumbres sobre la respuesta del bosque a un ambiente con más CO₂, temperaturas más altas y mayor variabilidad climática?
Según científicos del clima, la preservación de los bosques tropicales está asociada a la capacidad de almacenar carbono e influir en los regímenes de lluvia.
Aun así, la continuidad de este papel depende de factores como la reducción de la deforestación, el control de incendios, la estabilidad de las lluvias y los límites fisiológicos de las especies ante las alteraciones ambientales.
AmazonFACE tiene una finalidad experimental y no sustituye las políticas públicas de conservación.
Su función es producir mediciones a escala real para alimentar modelos climáticos, orientar investigaciones y ampliar el entendimiento sobre el comportamiento del bosque en condiciones atmosféricas diferentes a las actuales.
En la práctica, los anillos metálicos instalados en la selva permiten observar una porción de la Amazonía bajo el aire previsto por escenarios climáticos futuros.

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