En el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), haces de núcleos de plomo acelerados casi a la velocidad de la luz colisionan y, en encuentros de raspón, pierden exactamente tres protones, transformándose en oro en cantidades medidas en trilionésimos de gramo, realizando accidentalmente el sueño de los alquimistas medievales, pero a un costo tan astronómico que cada gramo de oro producido así valdría más que toda la producción mundial del metal
Científicos del Gran Colisionador de Hadrones (LHC), el mayor acelerador de partículas del mundo, lograron transformar plomo en oro.
Según la Revista Oeste, no era el objetivo del experimento. El LHC fue diseñado para simular condiciones cercanas a las del Big Bang, colisionando haces de núcleos de plomo a velocidades cercanas a la de la luz.
Pero en medio de miles de millones de colisiones, algunos núcleos de plomo perdieron exactamente tres protones al tangenciarse, y lo que sobró tenía 79 protones, el número atómico del oro.
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El descubrimiento realizó, accidentalmente, el sueño que los alquimistas medievales persiguieron durante siglos: transformar plomo en oro.
Pero antes de imaginar una nueva fiebre del oro, el detalle que cambia todo: la cantidad de oro producida se mide en trilionésimos de gramo, y el costo de cada átomo generado es tan alto que esta alquimia moderna es económicamente inviable.
El oro existe, es real y ha sido detectado por instrumentos sensibles. Pero no se puede ver, pesar o vender.
Lo que diferencia un átomo de plomo de un átomo de oro

En la tabla periódica, cada elemento está definido por el número de protones en su núcleo, llamado número atómico.
El oro tiene 79 protones. El plomo tiene 82. La diferencia entre los dos es de solo tres protones.
En términos nucleares, transformar plomo en oro significa retirar exactamente tres protones del núcleo de un átomo de plomo.
Parece simple, pero los protones son mantenidos juntos por la fuerza nuclear fuerte, una de las fuerzas más intensas de la naturaleza en escalas subatómicas.
Ninguna reacción química común puede arrancar protones de un núcleo atómico. Se necesita energía a escala de colisiones de partículas para que el núcleo pierda protones y se transforme en otro elemento.
Y es exactamente eso lo que sucede, de forma accidental, dentro del LHC.
Cómo el LHC transforma plomo en oro sin querer durante simulaciones del Big Bang
En el LHC, haces de núcleos de plomo son acelerados casi a la velocidad de la luz y se cruzan en puntos específicos del acelerador.
Cuando dos núcleos de plomo pasan muy cerca uno del otro sin colisionar de frente, sus campos eléctricos se intensifican a niveles excepcionales, y esta interacción puede causar una fuerte excitación del núcleo que hace que emita protones.
Hay dos situaciones en una colisión de este tipo. En la colisión frontal, los núcleos chocan directamente, la fuerza nuclear fuerte domina y la estructura original es destruida, generando una sopa de partículas.
Pero en el encuentro de raspón, los núcleos solo se tangencian, sin contacto directo, y la interacción electromagnética es lo suficientemente fuerte como para causar pérdida de protones sin desmenuzar el núcleo por completo.
Es precisamente en esos encuentros de raspón donde surgen núcleos con menos protones, incluyendo núcleos con 79 protones: oro.
El proceso no es controlado individualmente. Ocurre de forma estadística: en medio de miles de millones de interacciones, solo una fracción diminuta de núcleos pierde el número exacto de protones necesario para generar oro.
Por qué el oro producido en el LHC cuesta más que todo el oro del mundo
La cantidad de oro generada en el LHC se mide en trilionésimos de gramo.
El costo por gramo de oro producido en un acelerador de partículas sería astronómico comparado al valor de mercado del metal, porque mantener el LHC funcionando consume energía equivalente a la de una ciudad entera.
La tasa de producción es tan baja que sería necesario operar el LHC durante millones de años para producir una cantidad de oro visible a simple vista.
El acelerador fue diseñado para investigación fundamental, no para fabricar materiales. Cada colisión que genera oro es un efecto colateral, no el objetivo.
En la práctica, el oro producido en el LHC es real desde el punto de vista de la física, pero inexistente desde el punto de vista económico. Cada átomo de oro generado allí cuesta millones de veces más que el oro extraído de la forma tradicional.
Los alquimistas medievales buscaban una forma barata de hacer oro. La ciencia encontró una forma que funciona, pero es la más cara que existe.
Lo que la transformación de plomo en oro enseña sobre cómo se forman los elementos en el universo
El verdadero valor de la transformación de plomo en oro en el LHC no es económico, sino científico.
El proceso ayuda a los físicos a entender cómo se forman los elementos pesados en eventos cósmicos extremos, como explosiones de supernovas y colisiones de estrellas de neutrones, que son las verdaderas fábricas de oro del universo.
Todo el oro que existe en la Tierra fue producido en eventos cósmicos violentos hace miles de millones de años, antes de que se formara el Sistema Solar.
Cuando el LHC reproduce en escala microscópica el tipo de interacción que ocurre en esos eventos, los científicos pueden probar teorías sobre la formación de los elementos y la estructura de los núcleos atómicos.
La antigua ambición alquímica de transformar plomo en oro ha adquirido un nuevo significado. En lugar de buscar riqueza material, la ciencia utiliza esta posibilidad para explorar la naturaleza de la materia y entender cómo el universo construyó los elementos que forman todo lo que existe.
El oro del LHC no vale nada en el mercado. Pero el conocimiento que genera es invaluable.
El sueño de los alquimistas realizado en trilionésimos de gramo
Científicos del LHC transformaron plomo en oro accidentalmente durante simulaciones del Big Bang.
El oro es real, medido por detectores sensibles, pero existe en cantidades de trilionésimos de gramo y cuesta millones de veces más que el oro extraído. La alquimia funciona, pero la cuenta no cierra.
Lo que los alquimistas medievales no sabían es que la diferencia entre plomo y oro es de solo tres protones, y que la naturaleza hace esta transformación desde hace miles de millones de años dentro de estrellas que explotan. El LHC solo reproduce el proceso en escala microscópica, probando que la transmutación es posible, pero recordando que el universo siempre lo ha hecho mejor y más barato.
¿Sabías que es posible transformar plomo en oro en un acelerador de partículas? ¿Crees que algún día la tecnología hará esto viable económicamente? ¿Qué te impresiona más: que funcione o que cueste una fortuna? Déjalo en los comentarios y comparte este artículo con quienes aman la ciencia y las curiosidades.

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