El episodio ocurrió al inicio de la Segunda Guerra, cuando recomendaciones ambiguas, miedo colectivo y evacuaciones llevaron a familias inglesas a sacrificar animales sin necesidad comprobada, generando un impacto social duradero en todo el país
La masacre de animales de compañía británicos ocurrió en 1939, cuando alrededor de 750.000 gatos y perros fueron eutanasiados en Inglaterra tras recomendaciones oficiales durante las evacuaciones, en un contexto de pánico social vinculado al inicio de la guerra y decisiones precipitadas.
Un pánico colectivo al inicio de la guerra
El episodio involucró aproximadamente un cuarto de la población de animales de compañía de Inglaterra, sacrificados en los primeros días del conflicto, a pesar de que la medida se consideró innecesaria casi de inmediato.
La decisión fue impulsada por el miedo generalizado a la guerra inminente, por conflictos sociales sobre el papel de los animales de compañía y por la ausencia de amenazas concretas en ese momento.
-
Líder de Cuba declara plena disposición militar y resistencia popular tras nuevas amenazas de ataque provenientes de la administración de Donald Trump.
-
«Una era política ha terminado»: Viktor Orbán rompe el silencio y reconoce la derrota histórica que cierra 16 años de dominio en Hungría.
-
Myanmar concede indulto a más de 4,000 prisioneros y libera al presidente depuesto Win Myint en medio de presiones internacionales.
-
Ucrania busca refuerzo urgente en defensas aéreas tras ataques masivos de drones y misiles de Rusia que dejaron 16 muertos en diversas ciudades.
Experiencias anteriores y miedo a la repetición
Durante la Primera Guerra Mundial, animales abandonados en Londres se convirtieron en un problema significativo, influyendo en las autoridades para evitar un escenario similar en 1939.
Con este objetivo, el gobierno británico creó el Comité Nacional de Precauciones contra Ataques Aéreos para Animales, conocido como NARPAC, antes del inicio de la guerra.
El panfleto que desencadenó decisiones fatales
El NARPAC publicó el panfleto “Consejos para Dueños de Animales”, priorizando la evacuación y sugiriendo llevar animales al campo siempre que fuese posible.
Al final del texto, una frase afirmaba que, si no había alternativa, sería “más humano” sacrificar a los animales, observación que tuvo un impacto decisivo.
El anuncio oficial y la carrera a las clínicas
Cuando Neville Chamberlain anunció, el 3 de septiembre de 1939, la declaración de guerra a Alemania, muchos dueños llevaron inmediatamente a sus animales a clínicas veterinarias.
Los hospitales y refugios se llenaron en los primeros días, a pesar de la oposición de entidades veterinarias, como la PDSA y la RSPCA.
Relatos de profesionales y impacto urbano
La fundadora de la PDSA, Maria Dickin, describió la tragedia vivida por los técnicos, afirmando que jamás olvidarían esos días marcados por el sufrimiento.
Según la historiadora Hilda Kean, las filas en Londres llegaban a casi un kilómetro, creando escasez de cloroformo y problemas de gestión de residuos.
El pánico que llevó a la eutanasia en masa resultó ser infundado, ya que no había escasez de suministros, ni bombardeos inminentes, ni confirmación de los temores iniciales.
Kean observó que el episodio también reflejó el profundo aburrimiento de la población, que buscaba formas de sentir participación activa en el esfuerzo de guerra.
La repetición del comportamiento en 1940
Un año después, en septiembre de 1940, con el bombardeo de Londres, nuevos episodios ocurrieron, cuando los dueños volvieron a sacrificar animales por miedo e inseguridad.
La percepción de que mantener un animal era un lujo inapropiado en tiempos de guerra reforzó elecciones drásticas, incluso sin necesidad real comprobada.
En contraposición al movimiento, el Battersea Dogs & Cats Home logró alimentar y cuidar a 145.000 perros durante la guerra.
La institución mantuvo un campo en Ilford como cementerio, donde alrededor de 500.000 animales fueron enterrados, muchos muertos en la primera semana del conflicto.
Oposición individual a la matanza
Entre las voces contrarias estuvo Nina Douglas-Hamilton, que hizo campaña contra el sacrificio y creó un santuario propio para animales.
Su iniciativa ofreció refugio en un hangar calefaccionado, simbolizando resistencia moral ante el clima de miedo colectivo dominante.
Reconocimiento histórico y legado
La masacre pasó a ser reconocida como un episodio innecesario, marcado por decisiones tomadas bajo presión emocional y falta de información adecuada.
En 2017, Hilda Kean publicó el libro The Great Cat and Dog Massacre, consolidando el evento como objeto de análisis histórico y memoria social.
El caso permanece como ejemplo de cómo el pánico, la prisa y la sensación ilusoria de contribución pueden generar consecuencias duraderas, incluso cuando motivadas por intenciones consideradas humanas.
Con información de Wikipedea.


-
Uma pessoa reagiu a isso.