Investigadores de la Unesp identificaron un nuevo uso de la bacteria Bacillus altitudinis contra el chinche marrón, plaga que generó pérdidas de R$ 12 mil millones en la soja y desafía a los químicos tradicionales
Bacillus altitudinis puede abrir un nuevo frente contra el chinche marrón, plaga que causó un perjuicio estimado en R$ 12 mil millones en la última cosecha de soja, después de que investigadores de la Unesp registraran una mortalidad cercana al 80% en laboratorio por contacto a través de las patas.
Bacillus altitudinis apunta a plaga resistente
El descubrimiento fue realizado por investigadores del INCT NanoAgro, vinculado a la Universidad Estatal Paulista “Júlio de Mesquita Filho”, la Unesp. El grupo identificó un nuevo uso para la bacteria Bacillus altitudinis en el control del chinche marrón.
El insecto, Euschistus heros, es considerado una de las plagas más difíciles de controlar en la agricultura brasileña. Preocupa a investigadores, consultores, empresas de defensivos y productores de soja por el impacto económico y la creciente resistencia.
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La bacteria ya era conocida por aplicaciones relacionadas con la promoción del crecimiento vegetal y el control de enfermedades. En el estudio, demostró una elevada eficiencia contra el chinche marrón.
El punto central está en el mecanismo de acción. La bacteria funcionó por contacto tarsal, es decir, a través de las patas del insecto, una estrategia aún poco explorada contra este tipo de plaga.
Ricardo Antonio Polanczyk, profesor asociado de la Unesp e investigador del INCT NanoAgro, afirma que la variabilidad genética ayuda a explicar la resistencia acelerada.
Menciona una frase común entre los investigadores de Embrapa: cada 50 kilómetros existe una población diferente del chinche. Esta diversidad hace que el manejo sea más difícil.
El perjuicio crece con la caída de eficiencia
El chinche marrón se convirtió en un problema económico a gran escala no solo por los daños directos a la productividad, sino también por la pérdida de eficiencia de los químicos utilizados en el manejo.
En algunas regiones, las dosis de insecticidas que antes eran de alrededor de medio kilo por hectárea pasaron a ser de un kilo y medio. En otras áreas, las poblaciones resistentes responden de manera diferente a pocos kilómetros.
Dependiendo de la infestación, las pérdidas varían entre 49 kilos y 120 kilos por hectárea, lo equivalente a hasta dos sacos de soja.
El momento del ataque agrava el perjuicio. Leonardo Fernandes Fraceto afirma que el chinche actúa al final del ciclo, en el llenado de los granos, donde destruye la posibilidad de lucro del productor.
En las pruebas de laboratorio, mientras que muchos químicos entregan eficiencia entre 30% y 40%, los investigadores alcanzaron niveles cercanos al 80% de mortalidad, resultado que atrae a empresas del sector.
Bacteria contamina insecto por las patas
El diferencial de Bacillus altitudinis está en la forma de actuación. El chinche se contamina mientras camina sobre la superficie tratada de la planta, por la región de las patas.
Polanczyk explica que esto es una novedad porque el chinche posee sustancias antifúngicas y capas estáticas en la espalda, lo que dificulta el control tradicional.
Productos microbiológicos a base de Bacillus suelen depender de la ingestión por el insecto. En el caso del chinche marrón, esta lógica encuentra un obstáculo importante.
El insecto posee aparato bucal succionador. En lugar de masticar la superficie foliar, perfora directamente el grano para succionar nutrientes, limitando la eficiencia de muchos biológicos convencionales.
Según Polanczyk, el problema del uso tradicional de Bacillus contra chinches es que el insecto no ingiere la bacteria aplicada en la hoja. Por eso, el contacto tarsal se convirtió en la principal novedad.
Mercado de biológicos amplía interés
El descubrimiento ocurre en medio de la expansión global del mercado de biológicos, que supera los US$ 13 mil millones, o R$ 65 mil millones, según estimaciones de consultorías internacionales.
En Brasil, el mercado de bioinsumos movió más de R$ 6,2 mil millones en 2025 y alcanzó un área tratada de 194 millones de hectáreas, según CropLife Brasil.
El segmento dejó nichos ligados a la agricultura orgánica y se convirtió en una de las principales apuestas estratégicas de la industria de protección de cultivos.
La creciente resistencia de plagas, restricciones regulatorias y demanda por soluciones más sostenibles llevaron a multinacionales a acelerar adquisiciones, inversiones en biofábricas y acuerdos con startups y centros de investigación.
Nanotecnología debe definir avance comercial
La tecnología del INCT NanoAgro está entre los niveles conocidos como prueba de concepto tecnológica. Esto significa que el organismo demostró eficiencia en ambiente controlado, pero aún necesita avanzar.
El camino incluye pruebas en casas de vegetación, validaciones regionales, escalonamiento industrial y desarrollo de formulación comercial. En esta etapa, la nanotecnología debe ganar protagonismo.
Fraceto afirma que el desafío no es solo encontrar un organismo eficiente. La solución necesita garantizar estabilidad, persistencia y protección contra radiación UV.
En cultivos de soja, temperaturas por encima de 40°C son comunes. Por eso, la supervivencia del microorganismo en campo se convierte en un factor decisivo para el éxito comercial de la tecnología.
El INCT NanoAgro trabaja con encapsulamiento de activos biológicos, sistemas de liberación controlada y nanopartículas biogénicas producidas a partir de organismos vivos.
Se espera que las asociaciones con empresas aceleren el desarrollo industrial. El plazo estimado para que un producto comercial basado en esta línea llegue al mercado varía entre tres y seis años.
Hasta entonces, el trabajo continúa en laboratorios y áreas experimentales. Aún faltan validaciones regionales y escala industrial.
Con información de Forbes.


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