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Dos masas gigantescas y antiguas, una bajo África y otra bajo el Pacífico, reposan en el fondo del manto de la Tierra desde hace al menos 500 millones de años, y una de las hipótesis más fascinantes sugiere que son restos del planeta que colisionó con la Tierra y formó la Luna.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 08/06/2026 a las 00:16
Actualizado el 08/06/2026 a las 00:18
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Más grandes que continentes y más altas que decenas de montes Everest apilados, están a 2.900 kilómetros de profundidad, lejos de cualquier perforación. Los científicos solo las ven por ondas de terremotos. Y discuten si son restos de un planeta perdido o cementerios de antiguas placas hundidas en el manto.

En el fondo de nuestro planeta, escondidas de cualquier mirada directa, existen estructuras que desafían la imaginación. Dos masas gigantescas y antiguas, una bajo África y otra bajo el Pacífico, reposan en el fondo del manto de la Tierra desde hace al menos 500 millones de años, y una de las hipótesis más fascinantes sugiere que sean restos del planeta que colisionó con la Tierra y formó la Luna.

Conocidas por los científicos por la sigla LLSVPs, pero apodadas blobs, algo así como bolsones, estas dos masas gigantescas se encuentran a unos 2.900 kilómetros de profundidad, en la frontera entre el manto y el núcleo del planeta, cada una con proporciones de continente. Un estudio de 2025, coliderado por la sismóloga Arwen Deuss, de la Universidad de Utrecht, en Holanda, mapeó estas estructuras con más detalle y reavivó el debate sobre su origen y edad. A continuación, explicamos qué son estas formaciones, cómo los científicos logran verlas y por qué intrigan tanto.

El tamaño de las masas gigantescas en el interior de la Tierra

Duas massas gigantescas repousam no manto da Terra há pelo menos 500 milhões de anos; uma hipótese sugere que sejam restos do planeta que formou a Lua. Entenda.
La escala de estas estructuras es difícil de procesar. 

La masa ubicada bajo África, bautizada como Tuzo, tiene cerca de 800 kilómetros de altura, lo que equivale a aproximadamente 90 veces la altura del Monte Everest, que tiene poco menos de 9 kilómetros, mientras que la del Pacífico, apodada Jason, tiene dimensiones igualmente colosales.

Juntas, estas dos masas gigantescas llegan a cubrir cerca de un cuarto del área que rodea el núcleo de la Tierra.

No es exagerado llamarlas montañas internas monstruosas: si estuvieran en la superficie, serían visibles desde el espacio de una manera impresionante.

Pero están enterradas a una profundidad que ninguna perforación humana jamás ha alcanzado, y todo lo que se sabe sobre ellas ha llegado de manera indirecta.

Por qué ellas no destronan al Everest

Este es un punto que merece aclaración, porque circula mucha información confusa al respecto. 

Aunque sean gigantescas, estas estructuras no quitan al Everest el puesto de montaña más alta de la Tierra, y el motivo es simple: el Everest es el punto más alto sobre el nivel del mar, en la superficie donde vivimos, mientras los blobs están en el fondo, dentro del planeta, en contextos completamente diferentes.

Comparar la altura de una con la otra es como comparar la altura de un edificio con la profundidad de un pozo, son medidas de mundos distintos.

Una es una montaña que se puede, en teoría, escalar; la otra es una formación enterrada a miles de kilómetros bajo nuestros pies.

Por lo tanto, el Everest sigue tranquilo en su puesto de pico más alto del mundo, sin ninguna amenaza proveniente de estas masas profundas.

Cómo es posible ver tan profundo

Ya que nadie puede cavar hasta allí, surge la pregunta inevitable. 

Como nadie puede excavar hasta esa profundidad, los científicos usan una técnica ingeniosa llamada tomografía sísmica, parecida a una radiografía del planeta, que se basa en las ondas generadas por los terremotos para revelar lo que existe en el interior de la Tierra, sin necesidad de perforar nada.

El proceso funciona así: cuando ocurre un terremoto, genera ondas que atraviesan el interior del planeta, y sensores repartidos por el mundo registran esas ondas.

Al pasar por regiones diferentes, las ondas cambian de velocidad, y en los blobs desaceleran, lo que indica que allí existe algo diferente y más caliente que el material circundante.

Cruzando miles de estos datos, es posible mapear lo que está escondido, como quien usa el eco para descubrir la forma de una caverna nunca vista.

El misterio de miles de millones de años

Lo que más intriga a los científicos no es el tamaño, sino la longevidad de estas masas. 

Las estimaciones apuntan que estas estructuras tienen al menos 500 millones de años, pudiendo llegar a miles de millones, tal vez existiendo desde la formación de la Tierra, lo que contradice la antigua idea de que el manto del planeta sería todo bien mezclado, como una sopa en constante movimiento, sin regiones estables por tanto tiempo.

Según el estudio de la Universidad de Utrecht, los blobs muestran que existen partes del manto que permanecieron relativamente quietas e intactas por un tiempo inmenso, sin disolverse en esta mezcla.

Esto revela que el interior de la Tierra es mucho menos uniforme de lo que se imaginaba, con gigantescas islas de material que resisten al movimiento a su alrededor durante cientos de millones, tal vez miles de millones de años.

La hipótesis que conecta todo con la Luna

Es aquí donde entra la explicación más cinematográfica para el origen de estas masas. 

Una de las hipótesis, defendida por investigadores como Qian Yuan, sugiere que los blobs sean restos del manto de un planeta llamado Theia, que habría colisionado con la Tierra hace unos 4,5 mil millones de años, en el mismo impacto que habría arrancado los escombros que formaron la Luna, con pedazos más densos de Theia hundiéndose y quedando atrapados en el interior de nuestro planeta.

Es importante dejar claro, sin embargo, que esta es solo una de las hipótesis, y aún no hay consenso científico.

Otra explicación, considerada bastante probable por muchos investigadores, sostiene que los blobs sean acumulaciones de antiguas placas tectónicas, es decir, corteza oceánica que se hundió en el manto a lo largo de cientos de millones de años, formando una especie de cementerio de placas.

Ambas ideas siguen en debate, y nuevos estudios aún buscan descifrar el verdadero origen de estas formaciones.

Por qué eso importa para nosotros

Puede parecer un tema demasiado distante, pero tiene relevancia concreta. 

Estas masas gigantescas pueden influir en la forma en que el calor circula entre el núcleo y el manto de la Tierra, un proceso ligado al campo magnético que protege el planeta de la radiación proveniente del Sol, además de alimentar plumas de material caliente asociadas a grandes erupciones volcánicas a lo largo de la historia geológica.

Es decir, entender estos gigantes ocultos ayuda a comprender cómo funciona la Tierra por dentro y cómo se mantiene habitable.

Queda un recordatorio poderoso: la humanidad ya ha enviado sondas a miles de millones de kilómetros en el espacio, pero aún apenas ha arañado lo que existe bajo sus propios pies.

Algunos de los mayores misterios de la ciencia pueden estar mucho más cerca de lo que imaginamos, en el corazón de nuestro planeta.

Las dos masas gigantescas escondidas en el manto de la Tierra están entre los mayores y más intrigantes enigmas de la geología moderna, uniendo la escala colosal de sus dimensiones al misterio de su origen y de su edad de miles de millones de años.

Ya sean restos de un planeta que ayudó a formar la Luna, ya sean cementerios de antiguas placas, estas formaciones muestran que el interior de nuestro mundo es mucho más complejo y sorprendente de lo que se imaginaba.

Más que una curiosidad, son una ventana para entender la propia historia y el funcionamiento de la Tierra.

¿Y tú, ya imaginabas que existían estructuras tan colosales escondidas en el fondo de nuestro planeta? ¿Qué hipótesis te fascina más, la de los restos del planeta Theia o la de las antiguas placas hundidas? Deja tu comentario, comparte tu opinión y ayuda a divulgar el artículo para quienes se interesan por la ciencia, la geología y los misterios de la Tierra.

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Bruno Teles

Hablo sobre tecnología, innovación, petróleo y gas. Actualizo diariamente sobre oportunidades en el mercado brasileño. Con más de 7.000 artículos publicados en los sitios web CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil y Obras Construção Civil. ¿Sugerencias de temas? Envíalas a brunotelesredator@gmail.com

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