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Dos Adolescentes De 16 Y 17 Años Crearon Filtros Con Grava, Arena, Carbón Y Algodón Para Reutilizar Hasta Mil Litros Semanales De Agua Tinteada De Las Alfombras De Oaxaca Y Ganaron El «Nobel Del Agua» Juvenil En México

Publicado el 24/02/2026 a las 14:15
Actualizado el 24/02/2026 a las 14:19
filtros de água para reutilização de água tingida dos tapetes de Oaxaca renderam nobel da água; entenda o método e o reuso nas oficinas.
filtros de água para reutilização de água tingida dos tapetes de Oaxaca renderam nobel da água; entenda o método e o reuso nas oficinas.
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Rosa y Shan, de 16 y 17 años, observaron el aumento de agua teñida en los talleres de Teotitlán del Valle, en Oaxaca, y montaron filtros con grava, arena, carbón y algodón para recuperar hasta mil litros por semana, ganando el “Premio Nobel del Agua” juvenil en México sin depender de tecnología.

En el centro-sur de México, en Oaxaca, el color que da identidad a las alfombras también deja un rastro difícil de ignorar: jarros y ollas con agua teñida acumulándose en patios de talleres artesanales. Fue en este escenario que dos adolescentes comenzaron a mirar lo que casi siempre queda fuera de la foto final y decidieron actuar con filtros.

Los filtros creados por Rosa y Shan no surgieron como “idea de laboratorio”, sino como respuesta a una rutina real de producción, sequía y costos. La propuesta es simple en forma y grande en efecto: reutilizar el agua residual del teñido y reducir el desecho que amenaza el acuífero y aún perjudica cultivos cuando esta agua se usa sin tratamiento.

La ciudad que vive del tejido y siente la presión del agua

Teotitlán del Valle tiene una larga relación con la producción textil, descrita como una práctica presente desde tiempos antiguos y ligada a la identidad local.

No es solo un oficio, es la base de vida de muchas familias, con alrededor de 1,200 hogares asociados a esta actividad en la comunidad.

Pero la continuidad de esta tradición comenzó a chocar con un punto difícil: agua. En un contexto reciente de escasez, la producción deja de ser solo “trabajo” y se convierte también en la gestión de un recurso que falta.

Cuando el agua es escasa, lo que era rutina se convierte en urgencia, y decisiones del día a día, como desechar o intentar reutilizar, pasan a tener un peso ambiental y económico.

Cuánto el color “bebe”: litros, metros cuadrados y una cuenta que no cierra

El proceso de hacer alfombras coloridas puede exigir semanas de trabajo y también mucha agua, ya que los hilos son embebidos y tratados para recibir pigmentos.

Un dato llama la atención porque transforma la sensación en medida: una pequeña área de 1 metro cuadrado puede requerir 100 litros.

En talleres que producen algo así como 5 o 10 alfombras de este tamaño, el consumo puede llegar a 500 a 1,000 litros por semana.

Este volumen, en una región asolada por la sequía, presiona la producción y eleva costos. En un momento de sequía, hubo un artesano que tuvo que comprar agua de camiones cisterna para cumplir con los pedidos, y esto muestra cómo la falta de agua no es una idea abstracta: altera la economía local.

Lo que las dos adolescentes vieron y por qué eso cambió el rumbo del proyecto

imagen: Flor Hernández

La transformación comienza cuando Rosa, al trabajar en el patio del taller, se encuentra con el aumento del agua colorida que se iba acumulando allí.

Esta percepción no fue neutra: junto con la preocupación por el desecho, apareció el miedo a la contaminación del acuífero y la duda sobre lo que esa agua cargaba después del teñido.

Regresa a la escuela secundaria con un objetivo claro: encontrar una solución para el agua teñida. Con la compañera Shan, la idea evoluciona a un sistema de filtros caseros, pensado para ser aplicado sin depender de infraestructura industrial.

La lógica es directa: si la solución no cabe en la realidad de la comunidad, no sucede, incluso si es “más tecnológica”.

Cómo funcionan los filtros con grava, arena, carbón y algodón

El sistema creado por Rosa y Shan se describe como jarros llenos de materiales naturales. En la primera etapa, grava y arena actúan como capas que retienen sólidos en suspensión.

En términos prácticos, eso significa retener parte de lo que llega mezclado con el agua, como partículas, residuos y suciedad del proceso.

A continuación, el carbón y el algodón entran para reducir contaminantes, color y olor. Es en este punto que aparecen ejemplos de lo que se pretende controlar, como coliformes y nitrógeno amoniacal, además de la carga de pigmentos.

El punto central es que los filtros no “borran” el agua del proceso, intentan devolverla al ciclo con menos riesgo y más utilidad.

Reutilizar sin repetir el error: pH, teñido e irrigación con cuidado

El proyecto se presenta como una fase inicial de experimentación. Las jóvenes mencionan el deseo de añadir nuevos elementos para neutralizar aún más el pH del agua y ampliar la seguridad del reuso.

Esta preocupación tiene motivo: muchos tejedores ya utilizaban agua teñida para regar cultivos, y esto estaba matando las plantas, incluidas aquellas de donde se extraen pigmentos naturales.

La ambición, por lo tanto, es cerrar un ciclo circular: tratar el agua para que vuelva al propio teñido y, después, pueda ser utilizada en el campo con menor impacto.

No se trata solo de “ahorrar agua”, sino de evitar que el reuso se convierta en una nueva forma de daño, intercambiando el desecho por una reutilización más responsable.

El “Premio Nobel del Agua” juvenil y el valor de una innovación que cabe en la comunidad

Aunque parezca rudimentario a primera vista, el proyecto científico fue premiado con el llamado “Premio Nobel del Agua” juvenil en México.

El reconocimiento apunta a dos ejes: innovación y adaptación al contexto. En una realidad marcada por limitaciones económicas, la elección de materiales naturales, accesibles y menos agresivos con el medio ambiente forma parte de la propia tecnología.

La visión que sostiene el trabajo tiene un componente social: crear algo que cada familia pueda replicar en casa, sin depender de soluciones industriales costosas.

Cuando el problema es colectivo, la respuesta tiene que ser compartible, y esto ayuda a explicar por qué filtros simples, bien pensados y aplicables, ganan fuerza.

La escuela como motor y el conocimiento que viene del taller

La historia también pasa por la escuela y por un modelo que incentiva a estudiantes indígenas a valorar su propia identidad, diagnosticar problemas locales y buscar soluciones coherentes con el lugar donde viven.

La agrónoma Brenda Jarquín es citada como la profesora que promueve este tipo de enfoque y ayudó a motivar a Rosa y Shan a desarrollar el proyecto.

Al mismo tiempo, hay un aprendizaje que no comienza en el aula. Rosa aprendió nociones prácticas de medir, cortar y montar en el taller de su padre, ayudando en los telares.

Este vínculo entre práctica y estudio sostiene una trayectoria en la que la ingeniería nace de la vida cotidiana, y la ciencia se convierte en herramienta para continuar viviendo de lo que la comunidad hace, con menos desperdicio y más futuro.

Un prototipo con desdoblamientos y un objetivo que va más allá del premio

Video de YouTube

Las propias creadoras tratan el sistema como prototipo y hablan de implementarlo en áreas vecinas, buscando financiamiento privado o público. El impacto, sin embargo, no es solo técnico: ya han inspirado a compañeros, y el ejemplo de jóvenes mujeres indígenas ganando reconocimiento crea una referencia concreta dentro del grupo y la ciudad.

Aún hay un horizonte personal que se mezcla con lo comunitario. El padre de Rosa expresa el deseo de que ella siga estudiando para tener una profesión y que los jóvenes no necesiten migrar por falta de empleo, en un escenario donde el comercio textil puede quedar más limitado.

Rosa comparte esta meta y cita la idea de convertirse en ingeniera ambiental para llevar tecnología de vuelta a la comunidad. Cuando falta el agua, la solución también se convierte en permanencia: quedarse, trabajar e innovar donde nacieron.

El caso de Rosa y Shan muestra cómo los filtros pueden ser más que un objeto: se convierten en un puente entre tradición y supervivencia en tiempos de sequía.

Al transformar el agua teñida, antes vista como desecho inevitable, en un recurso reutilizable, colocan números y método en un problema antiguo y abren camino a un ciclo más responsable en el teñido y en la irrigación.

¿Y en tu ciudad, existe alguna práctica de reutilización de agua que funcione “en la vida real”, sin depender de grandes obras o equipos caros?

Si trabajases en una actividad que consume mucha agua, ¿qué tipo de filtro sencillo confiarías en montar con tus propias manos, y por qué?

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Fuente
Maria Heloisa Barbosa Borges

Falo sobre construção, mineração, minas brasileiras, petróleo e grandes projetos ferroviários e de engenharia civil. Diariamente escrevo sobre curiosidades do mercado brasileiro.

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