Amanda Hoch, de 45 años, es conocida como la «reina del cuero de tilapia de Brasil». De la cuarta generación de una familia de curtidores, ella fundó Tilapia Leather y transformó la piel de tilapia, antes descartada, en cuero noble que viste bolsos, calzados y hasta un vestido de novia.
Lo que la mayoría de los frigoríficos desecha, ella lo transformó en moda de alto valor. En Andradina, en el interior de São Paulo, la zootecnista Amanda Hoch, de 45 años, construyó un negocio entero sobre la piel de tilapia, ese residuo del pescado que suele ir directo a la basura. Según información del portal SouCatarina, al frente de Tilapia Leather, empresa que fundó en 2018, hoy es conocida en el país y en el extranjero como la «reina del cuero de tilapia de Brasil».
La apuesta se traduce en números concretos: la curtidora produce cerca de 2 mil piezas por mes y exporta el material a siete países: Estados Unidos, Canadá, Australia, Inglaterra, Rusia, Italia y Hong Kong. En las manos de Amanda y de decenas de artistas socios, el residuo del pescado se convierte en bolso, cartera, zapato, biojoya y hasta vestido de novia.
De hija de curtidor a «reina del cuero de tilapia»

La historia comienza lejos de São Paulo. Gaucha, Amanda es hija, nieta y bisnieta de curtidores, una familia que trabaja con el arte del curtido desde 1929. En 2004, por incentivo de su padre, Eliseu Hoch, fue a estudiar el curtido de pieles exóticas en la Universidad Estatal de Maringá (PR), donde actuó como colaboradora científica hasta 2008. Hoy, ella documenta el proceso artesanal en el perfil de Tilapia Leather, que reúne el paso a paso del oficio y las piezas finales.
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La elección, sin embargo, no fue inmediata. Acostumbrada a la tradición familiar de procesar solo pieles de animales de gran porte, como buey y búfalo, Amanda dudó al principio. El cambio vino de una frase de su padre, que ella guarda hasta hoy: «Amanda, el cuero de tilapia es el futuro.» Años después, la apuesta se confirmó y ella se convirtió en la única mujer de la cuarta generación de la familia en dominar el curtido de pieles exóticas.
De la basura del frigorífico al cuero noble: cómo es el proceso

Muestras de cuero de tilapia (escamas) — Tilápia Leather/DivulgaciónTransformar la piel de tilapia en cuero de lujo es un trabajo lento y artesanal. Por el método exclusivo de la Familia Hoch, cada curtido lleva, en promedio, 15 días y pasa por tres grandes etapas: limpieza, curtido y acabado.
El resultado puede obtener pigmentación natural, recibir una capa de cera de carnaúba o un efecto metalizado, según la pieza que se quiera crear.
El cuero que sale de ahí sorprende a quien espera fragilidad. Según la productora, la piel de la tilapia llega a ser cerca de tres veces más resistente que el cuero bovino, con la ventaja de agregar valor a un material que, antes, sería simplemente descartado. No es de extrañar que el antiguo residuo se haya convertido en materia prima noble para vestuario, bolsos, carteras, calzado, decoración y biojoyas.
Vestido de novia, sandalia de Schutz y siete países en el mapa

La versatilidad abrió puertas sorprendentes. En 2019, en la feria Aquishow Brasil, Amanda presentó el primer vestido de novia en cuero de tilapia del país.
Más recientemente, Tilápia Leather cerró una asociación con la marca de calzado Schutz, que resultó en una sandalia de cuero de tilapia en tonos terrosos y ganó circulación internacional.
El alcance también creció en el mapa. Hoy, la marca exporta a siete países y reúne cerca de 50 artistas que trabajan el cuero en Brasil y en el exterior.
Toda la producción sale de Andradina, donde la empresa mantiene un promedio de 2 mil piezas por mes un volumen expresivo para un material que, hace pocos años, era visto solo como descarte de frigorífico.
Emprendimiento femenino y sostenibilidad en el cuero de pescado

Muestras de cuero de tilapia (escamas) — Tilápia Leather/DivulgaciónEl negocio nació con banderas claras. Amanda define Tilápia Leather como «ESG en la vena», atenta a criterios ambientales, sociales y de gobernanza, y dice alinear la producción a varios de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, desde la igualdad de género hasta la producción y el consumo responsables. La empresa fue construida con un equipo mayoritariamente femenino.
El reconocimiento vino en premios y vitrinas del sector. Entre ellos, el bronce en el Premio Mujeres de Negocios del Sebrae-SP, en 2022, entregado en una de las mayores ferias de emprendimiento del mundo.
«Fue el punto de inflexión de mi carrera», resume Amanda, que es abiertamente LGBT y se asegura de hablar sobre representatividad en el agronegocio.
Una promesa al abuelo y un mensaje a las emprendedoras
Detrás de la empresa hay una motivación personal. Amanda cuenta que prometió a su abuelo, Alcido Hoch, poco antes de que muriera, que llevaría el legado de la familia «a los cuatro rincones de la Tierra» mientras estuviera viva. Es esa promesa la que la mantiene firme con un producto aún poco conocido por el gran público y que ella describe como una especie de «alquimia», en la que cada pieza sale única e irrepetible.
La curtidora suele transformar su propia trayectoria en incentivo para otras mujeres. «Todo camino tiene dolor, pero, cuando encuentras tu lugar en esa carretera, comienzas a percibir tu valor en la vida de las personas», dice.
Para ella, el secreto es no desistir: recordar de dónde se vino, resistir y ver valor en el propio trabajo, aunque la materia prima haya comenzado, literalmente, como desecho tirado a la basura.
Del residuo que iba a parar a la basura a las pasarelas y vitrinas de siete países, la piel de tilapia se convirtió en símbolo de innovación, sostenibilidad y emprendimiento femenino en Brasil. Es la prueba de que el valor puede nacer justamente donde nadie estaba mirando.
¿Comprarías un bolso, un zapato o una biojoya hechos de cuero de tilapia o todavía frunces el ceño ante la idea de vestir «cuero de pescado»? Cuéntanos aquí en los comentarios.
