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Escondido bajo la densa vegetación de México, asentamiento maya revela 80 construcciones, mural colorido, plaza monumental y estructuras de hasta 14 metros que pueden ser solo el comienzo de una ciudad ancestral aún mayor.

Escrito por Ana Alice
07/06/2026 a las 23:13
Actualizado 07/06/2026 a las 23:14
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Sitio maya registrado en el sur de Quintana Roo reúne construcciones monumentales, pintura mural, bóvedas preservadas y vestigios humanos en un área de selva aún en fase preliminar de investigación arqueológica.

Un asentamiento maya con 80 construcciones, edificios monumentales, vestigios de pintura mural y estructuras de hasta 14 metros de altura fue registrado en el sur de Quintana Roo, en México, en un área de selva que aún puede preservar sectores no mapeados de la antigua ocupación.

El sitio, llamado El Jefeciño, se encuentra en el municipio de Othón P. Blanco y ocupa, según datos preliminares del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, el INAH, al menos 100 hectáreas.

La extensión real aún depende de estudios complementarios.

El conjunto reúne una plaza en forma de “C”, cinco edificios principales, al menos tres bóvedas mayas preservadas, restos de estuco con pintura decorativa y fragmentos de huesos humanos que pueden estar ligados a un contexto funerario, según informó el INAH.

La información divulgada hasta ahora forma parte de un registro arqueológico inicial, sin excavación amplia o retirada sistemática de materiales del lugar.

Residentes de la región informaron la existencia del área a las autoridades durante acciones del Proyecto de Salvamento Arqueológico del Tren Maya, en el tramo 7 de la obra.

A partir de ese aviso, equipos del INAH realizaron trabajos de reconocimiento para documentar las estructuras, evaluar el estado de conservación y estimar la dimensión del asentamiento.

Qué hay dentro de El Jefeciño

Los primeros análisis asocian El Jefeciño al período Clásico maya, entre 250 y 900 d.C., fase en la que diferentes regiones del área maya desarrollaron formas propias de ocupación, arquitectura y organización urbana.

En el sitio recién registrado, los arqueólogos identificaron elementos probablemente ligados al estilo Petén, como edificios abovedados de gran tamaño, esquinas redondeadas y remetidas, además de molduras en delantal.

Estas características ayudan a diferenciar el hallazgo de estructuras aisladas cubiertas por la vegetación.

La disposición de los edificios indica la existencia de un área central organizada, con monumentos distribuidos en torno a una plaza.

Según los investigadores involucrados en el registro, este arreglo permite tratar el lugar como un núcleo arquitectónico, aunque aún no hay datos suficientes para definir su función política o administrativa.

La arqueóloga Diana Blancas Olvera, responsable de la Zona Arqueológica de Kohunlich, afirmó que “fue posible observar lo que correspondería al área nuclear” del asentamiento.

Esta área concentra cinco edificios con alturas entre 11 y 14 metros y longitudes que varían de 16 a 40 metros.

El conjunto forma una plaza en “C”, configuración citada por el INAH en la descripción preliminar del sitio.

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Pintura mural y posibles vestigios funerarios

Uno de los puntos descritos en el registro aparece en el edificio identificado como 53035, en el sector noreste del área.

En ese lugar, los investigadores observaron restos de estuco con pintura mural decorativa.

Los colores identificados incluyen blanco y naranja, además de franjas rojas, según la descripción atribuida al equipo arqueológico.

De acuerdo con Sonny Moisés Ojeda González, responsable de la Zona Arqueológica de Dzibanché-Kinichná, la pintura tiene carácter decorativo, no narrativo.

La información limita la interpretación del hallazgo a lo observado en campo, sin indicar, por el momento, la existencia de escenas, personajes o episodios representados en el mural.

En el mismo edificio, se localizaron fragmentos de huesos humanos.

El INAH informó que estos vestigios pueden corresponder a un contexto de enterramiento, pero esta lectura aún depende de análisis específicos.

Como el levantamiento permanece en fase preliminar, no hay confirmación pública sobre la identidad, la datación o las circunstancias asociadas a los restos encontrados.

La presencia de pintura mural en una construcción de este tipo proporciona datos sobre técnicas de acabado, uso de pigmentos y prácticas decorativas ligadas a la ocupación del espacio.

Aun así, sin excavación detallada y análisis de laboratorio, no es posible atribuir función ritual, residencial o administrativa al edificio solo con base en los elementos divulgados.

Construcciones mayas indican etapas de ocupación

Los arqueólogos identificaron, de forma superficial, al menos tres momentos constructivos en El Jefeciño.

La fase más antigua presenta moldura en delantal, asociada al estilo Petén.

En otro momento, habría sido erigido el edificio con pintura mural.

Una etapa posterior incluye estructuras con señales de colapso y posibles escalinatas.

Incluso con esta división inicial, el equipo considera que el asentamiento puede haber pasado por más fases de construcción.

Ojeda González afirmó que, por el tamaño de los edificios, es posible inferir la existencia de al menos cuatro o cinco etapas constructivas.

La declaración fue presentada como una evaluación preliminar de los investigadores, no como conclusión definitiva.

Las bóvedas mayas también integran el conjunto documentado por el INAH.

Tres de ellas fueron identificadas en el interior de algunos edificios, en buen estado de conservación, según el instituto.

Este tipo de cobertura fue construido con el sistema de saledizo, en el cual las partes superiores de las paredes avanzan gradualmente hasta reducir el vano y permitir el cierre del espacio.

La técnica aparece en diferentes áreas de la arquitectura maya y permitía la construcción de ambientes cubiertos sin el uso de arco verdadero.

En el caso de El Jefeciño, el registro de estas bóvedas contribuye a la identificación del patrón arquitectónico del sitio, pero aún no define la función específica de los edificios donde fueron encontradas.

Selva de Quintana Roo dificulta registro de áreas mayas

La vegetación densa de Quintana Roo es uno de los factores que dificultan la identificación de estructuras arqueológicas en campo.

Montículos cubiertos por árboles, raíces y sedimentos pueden ocultar plataformas, edificios y otros elementos construidos.

Por este motivo, levantamientos de superficie, relatos de moradores y tecnologías de mapeo tienen un papel importante en la documentación de áreas aún no registradas.

En El Jefeciño, los investigadores aún no han realizado un rescate arqueológico completo.

Los materiales permanecen en el lugar, y el análisis profundo de los vestigios no fue informado como etapa concluida.

El próximo procedimiento previsto es el mapeo con tecnología LiDAR, recurso usado para registrar alteraciones en el relieve bajo la cobertura vegetal e identificar patrones de ocupación.

Este tipo de levantamiento puede ayudar a determinar la extensión real del asentamiento, la distribución de los edificios y la eventual existencia de caminos, plataformas o sectores aún no reconocidos en campo.

En el caso de áreas cubiertas por selva tropical, el método permite producir mapas más precisos sin depender solo de la observación directa del terreno.

El Jefeciño y los estudios sobre los mayas

El registro de El Jefeciño amplía la documentación arqueológica del sur de Quintana Roo y puede contribuir a estudios sobre la distribución de asentamientos mayas en el período Clásico.

La región ya reúne sitios importantes, y la identificación de un nuevo conjunto con 80 edificios añade datos sobre arquitectura, ocupación territorial y posibles conexiones entre comunidades antiguas.

La secretaria de Cultura de México, Claudia Curiel de Icaza, afirmó que el registro del sitio refuerza la protección del patrimonio arqueológico y amplía el conocimiento sobre la presencia maya en el sur de Quintana Roo.

Según el INAH, el estudio del área puede ayudar a comprender relaciones sociales entre comunidades de la región y la forma en que diferentes asentamientos se articulaban.

Los datos disponibles aún no permiten estimar la población de El Jefeciño, definir su jerarquía en relación a otros centros mayas o confirmar vínculos con dinastías conocidas.

Tampoco hay información segura sobre la extensión total del sitio, ya que el mapeo con LiDAR aún es una etapa prevista.

Hasta ahora, el registro muestra un asentamiento prehispánico de grandes dimensiones, con arquitectura monumental, pintura mural, bóvedas e indicios de diferentes fases constructivas.

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Ana Alice

Redactora y analista de contenido. Escribe para el sitio web Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 y es especialista en crear textos sobre temas diversos como economía, empleos y fuerzas armadas.

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