La promoción de Coca-Cola con figuritas de la Copa 2026 provocó robos de etiquetas en supermercados, perjuicio al comercio minorista y reacción de la empresa en Brasil.
El 10 de junio de 2026, el caso ganó repercusión nacional después de que una promoción de Coca-Cola ligada al álbum de la Copa Mundial de la FIFA 2026 comenzara a provocar robos de etiquetas en supermercados y mayoristas. Según iG Economía, los consumidores comenzaron a retirar las etiquetas de las botellas aún en los estantes para obtener las figuritas promocionales sin comprar el producto, lo que generó perjuicio para el comercio minorista y obligó a las cadenas a cambiar la exposición de los envases.
La mecánica de la acción ayuda a explicar la carrera. Según la página oficial de Coca-Cola Brasil, las figuritas físicas estaban debajo de la etiqueta de las botellas participantes de Coca-Cola Original y Coca-Cola Zero en tamaños de 600 ml y 2,5 litros, con una figurita exclusiva por producto. Cuando la etiqueta era arrancada dentro de la tienda, la botella quedaba sin identificación completa y, en la práctica, perdía valor comercial.
La promoción de Coca-Cola colocaba figuritas exclusivas dentro de la etiqueta
La acción promocional fue estructurada para aprovechar la fuerza del coleccionismo en año de Copa. De acuerdo con Coca-Cola Brasil, el consumidor necesitaba comprar un producto con etiqueta especial Panini y, en el interior de esa etiqueta, encontraría una figurita exclusiva para destacar y pegar en la página especial de la marca en el álbum de la Copa de 2026.
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Los productos participantes estaban limitados a envases específicos, lo que aumentó la demanda precisamente por las botellas promocionales en las góndolas. Esto transformó la etiqueta en un artículo disputado por sí mismo, incluso antes de que la bebida fuera efectivamente comprada.
En la práctica, la campaña creó un fuerte incentivo de compra, pero también abrió espacio para un efecto colateral difícil de controlar en el comercio minorista físico: consumidores intentando acceder al obsequio directamente en la tienda, sin pasar por la caja.
Consumidores comenzaron a arrancar etiquetas y dejaron botellas sin valor de venta
Según iG Economía, muchos consumidores comenzaron a remover las etiquetas de los envases expuestos para verificar o retirar las figuritas. El problema es que el código de barras estaba en la propia etiqueta, lo que impedía la venta normal del refresco después de la violación.
Con esto, los supermercados comenzaron a lidiar con productos dañados, descarte de mercancías y la necesidad de registrar pérdidas artículo por artículo. La pérdida dejó de ser puntual y se convirtió en un dolor de cabeza operacional en diferentes redes minoristas.
El caso llamó la atención justamente porque mostró cómo una promoción de gran atractivo popular puede transformarse rápidamente en un problema logístico cuando el artículo promocional está físicamente incorporado al embalaje.
El comercio minorista reforzó la seguridad y cambió la exposición de las botellas promocionales
Según el reportaje de iG Economía, algunas redes comenzaron a reforzar la seguridad en las tiendas y a cambiar la forma de exhibir los productos para contener los robos. Hubo casos en que las botellas promocionales fueron llevadas a áreas cercanas a las cajas o a puntos con mayor circulación de empleados.
Otras intentos incluyeron sujetar las etiquetas con cinta adhesiva, aunque la medida fue descrita como poco eficaz ante el volumen de productos y la repetición del problema. También hubo redes que dejaron de enviar los artículos promocionales a determinadas unidades, en un intento de reducir pérdidas.
Este movimiento muestra que el impacto no se limitó a Coca-Cola. El comercio minorista necesitó reorganizar la exposición, control y reposición para lidiar con una campaña que, aunque exitosa en llamar la atención, aumentó el riesgo de daño directamente en el punto de venta.
Coca-Cola comenzó a reembolsar a minoristas por productos dañados
Según iG Economía, la empresa comenzó a reembolsar a minoristas por los productos dañados después de la ola de retirada irregular de etiquetas. En una gran cadena de supermercados, los artículos sin etiqueta eran retirados de los estantes y el fabricante hacía el reembolso. En una cadena mayorista, el acuerdo preveía la devolución de los productos y el envío de nuevos lotes para reposición.
El propio reportaje destaca que la pérdida no estaba solo en la pérdida de la venta. Las redes también necesitaban separar los productos violados, registrar la ocurrencia y organizar el cambio o el reembolso, lo que elevó el costo operativo de la campaña.
En una nota mencionada por el medio, Coca-Cola afirmó que la retirada de las etiquetas sin la compra del producto contraviene las reglas de la promoción y dijo que los puntos de venta tienen autonomía para adoptar las medidas que consideren necesarias para enfrentar la situación.
El caso expuso el riesgo de promociones basadas en regalos físicos escondidos en el embalaje
El episodio se convirtió en un ejemplo claro de cómo las campañas promocionales pueden generar distorsiones cuando el premio o el artículo coleccionable está incorporado físicamente en el empaque del producto. En teoría, la idea aumenta el compromiso y fomenta la compra. En la práctica, también puede incentivar intentos de acceso irregular al obsequio dentro de la propia tienda.
Como Coca-Cola vinculó la figurita al interior de la etiqueta, el valor promocional del empaque terminó siendo, para parte del público, mayor que el valor comercial del refresco en sí. Esto ayuda a entender por qué la acción ganó tanta tracción y, al mismo tiempo, tanta vulnerabilidad en el comercio minorista.
Más que un caso curioso, el episodio revela un punto sensible del marketing promocional en ambientes físicos: cuando el objeto de deseo está visible, accesible e incorporado al empaque, la operación de la campaña puede salirse de control rápidamente.


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