Hace 252 millones de años, el mayor derrame de lava de la historia cubrió millones de kilómetros cuadrados, alteró el clima global y provocó la mayor extinción masiva jamás registrada por la ciencia.
Cuando se habla de extinciones masivas, la imagen más popular suele ser la del asteroide que puso fin a la era de los dinosaurios. Sin embargo, el mayor desastre biológico de la historia de la Tierra no vino del espacio. Surgió desde el interior del propio planeta, de forma lenta, persistente y devastadora. Hace aproximadamente 252 millones de años, al final del período Pérmico, la Tierra fue escenario del mayor evento volcánico jamás identificado por la ciencia. Un proceso que no duró días o años, sino cientos de miles a millones de años, liberando volúmenes de lava, gases y energía a escala planetaria. Este evento se conoció como los Trapps Siberianos y está directamente ligado a la mayor extinción masiva jamás registrada, responsable de la desaparición de hasta 90% de las especies marinas y cerca de 70% de las especies terrestres.
Este colapso redefinió completamente la biosfera, remodeló el clima global y abrió camino para una nueva configuración de la vida en la Tierra.
Qué fueron los Trapps Siberianos y por qué este evento no tiene paralelo geológico
Los Trapps Siberianos no fueron un único volcán, sino una provincia ígnea gigantesca, formada por miles de erupciones fisurales sucesivas. En lugar de explosiones puntuales, la corteza terrestre literalmente se rompió en largas fracturas, permitiendo que el magma fluyera continuamente a la superficie.
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Las estimaciones científicas indican que:
- más de 2 a 3 millones de kilómetros cúbicos de lava fueron vertidos;
- el área afectada superó 7 millones de km², equivalente a buena parte de un continente;
- capas de basalto alcanzaron más de 1.500 metros de espesor en algunas regiones.
Para efecto de comparación, esto es cientos de veces mayor que cualquier erupción histórica observada por la humanidad.
Un derrame de lava que no destruyó solo paisajes, sino sistemas climáticos enteros
El impacto de los Trapps Siberianos no se limitó a la lava. El verdadero colapso vino de la liberación masiva de gases, especialmente dióxido de carbono (CO₂), dióxido de azufre (SO₂) y metano (CH₄), tanto del magma como de la quema de sedimentos ricos en materia orgánica.
Este proceso desencadenó una secuencia de eventos climáticos extremos:
- calentamiento global abrupto;
- lluvias ácidas persistentes;
- acidificación de los océanos;
- colapso de la circulación oceánica;
- pérdida de oxígeno en grandes masas de agua.
Estudios isotópicos indican que la temperatura media global puede haber aumentado entre 5 °C y 10 °C, un valor suficiente para tornar vastas regiones del planeta inhóspitas.
La mayor extinción masiva de la historia de la Tierra y sus números absolutos
El resultado fue un evento conocido como extinción Pérmico-Triásica, o simplemente “La Gran Muerte”. Ningún otro evento de extinción se acerca a su magnitud.
Las estimaciones más aceptadas indican:
- hasta 96% de las especies marinas eliminadas;
- cerca de 70% de las especies terrestres extintas;
- colapso casi total de los arrecifes;
- desaparición de grandes bosques;
- quiebra completa de las cadenas alimenticias.
Durante millones de años después del evento, la Tierra permaneció biológicamente empobrecida, con ecosistemas simplificados y dominados por pocas especies resistentes.
Por qué los océanos fueron los más afectados por el volcanismo extremo
Los océanos sufrieron de manera particularmente intensa. La liberación de CO₂ llevó a la acidificación del agua, dificultando la formación de conchas y esqueletos calcáreos. Al mismo tiempo, el calentamiento redujo la solubilidad del oxígeno, creando zonas oceánicas muertas.
Las capas sedimentarias de este período muestran señales claras de:
- anoxia (ausencia casi total de oxígeno);
- proliferación de bacterias productoras de sulfuro de hidrógeno;
- coloración oscura asociada a ambientes tóxicos.
Este escenario eliminó gran parte de la vida marina compleja y transformó vastas áreas del océano en ambientes hostiles a la vida.
El papel del metano y el efecto invernadero fuera de control
Uno de los aspectos más preocupantes revelados por estudios recientes es el papel del metano, un gas con potencial de calentamiento mucho mayor que el CO₂.
El calentamiento inicial provocado por el volcanismo puede haber liberado enormes cantidades de metano almacenado en hidratos en el fondo del mar.
Este proceso creó un efecto invernadero en cascada, donde el calentamiento liberaba más gases, que a su vez generaban aún más calentamiento. Modelos climáticos muestran que este ciclo puede haber sido decisivo para llevar al planeta más allá de un punto de retorno climático.
Cuánto tiempo le llevó a la Tierra recuperarse del colapso causado por los Trapps Siberianos
La recuperación no fue rápida. Registros fósiles indican que la vida tardó entre 5 y 10 millones de años para comenzar a diversificarse nuevamente de forma significativa.
Durante este período:
- los ecosistemas eran inestables;
- grandes depredadores casi desaparecieron;
- la diversidad biológica permaneció extremadamente baja.
Solo después de este largo intervalo, la Tierra entró en el período Triásico, cuando nuevos grupos comenzaron a ocupar nichos vacíos — entre ellos, los ancestros de los dinosaurios.
Qué enseña este evento sobre límites planetarios y cambios climáticos extremos
Los Trapps Siberianos son hoy un laboratorio natural para entender los límites del sistema terrestre. Muestran que:
- cambios graduales pueden generar colapsos abruptos;
- el clima puede entrar en estados extremos difíciles de revertir;
- la vida es resiliente, pero no indestructible.
Por ello, el evento es ampliamente estudiado por climatólogos, geólogos y científicos del sistema terrestre como un profundo alerta sobre cambios globales rápidos.
Sin los Trapps Siberianos, la historia de la vida en la Tierra habría sido radicalmente diferente. El evento eliminó a antiguos dominantes, abrió espacio para nuevas linajes y rediseñó la trayectoria evolutiva del planeta.
Fue un recordatorio brutal de que la mayor fuerza de destrucción de la vida ya registrada no vino del espacio, sino del interior de la propia Tierra lento, persistente y absolutamente colosal.




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