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Huellas antiguas en la Cueva Bàsura revelan cómo un grupo humano y un perro iluminaron túneles profundos con ramas de pino.

Escrito por Viviane Alves
Publicado el 13/06/2026 a las 10:01
Actualizado el 13/06/2026 a las 10:02
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Vestigios de 14.400 años muestran cómo visitantes del Paleolítico Superior atravesaron una cueva italiana usando pequeñas ramas como fuente de luz.

Una investigación arqueológica en la Cueva Bàsura, en Italia, reveló cómo los humanos exploraban ambientes subterráneos profundos hace cerca de 14.400 años.

Investigadores reconstruyeron los métodos de iluminación usados por antiguos visitantes del período Epigravetiense, cuyas huellas permanecen preservadas en el interior de la cueva.

El lugar también guarda marcas de un cánido, lo que indica que un perro o animal similar acompañaba al grupo durante la travesía.

Investigación técnica revela una travesía subterránea rara

La Cueva Bàsura está cerca de Toirano, en la región de Liguria, y tiene cerca de 800 metros de extensión.

Desde los años 1950, el lugar llama la atención por reunir huellas fosilizadas, marcas de dedos, residuos de carbón en las paredes y en el techo, además de vestigios de osos de las cavernas.

Inicialmente, algunos investigadores asociaron las huellas a los neandertales.

Décadas después, análisis de radiocarbono mostraron que la visita ocurrió mucho más tarde, durante el Epigravetiense, en los últimos estadios de la Era de Hielo.

En 2016, el proyecto multidisciplinario Bàsura Revisited retomó los estudios con técnicas modernas.

El objetivo era entender cómo pocas personas lograron avanzar por áreas profundas de la cueva, especialmente en el llamado Salón de los Misterios.

Pólen y carbón ayudan a reconstruir el ambiente antiguo

El equipo analizó muestras de polen preservadas en los sedimentos para comprender el paisaje de la época.

Los resultados indicaron una vegetación de estepa abierta, con bosques esparcidos de pinos.

Especies adaptadas al frío y a la sequía, como Artemisia, aparecían con frecuencia en las muestras.

El polen de árboles surgió en menor cantidad, principalmente ligado al pino silvestre y especies cercanas.

Según los investigadores, parte de este material llegó a la cueva adherido al pelaje de los osos de las cavernas.

El agua infiltrada del exterior también contribuyó al acúmulo gradual de material orgánico en el ambiente subterráneo.

Ramas pequeñas cambian antigua hipótesis sobre grandes antorchas

Las principales pistas sobre la presencia humana vinieron de 56 fragmentos de carbón vegetal encontrados en el Salón de los Misterios.

Más de la mitad de esos fragmentos pertenecía al pino silvestre o a especies muy similares.

La mayor parte provenía de ramas jóvenes y finas, con menos de dos o tres centímetros de diámetro.

Este detalle debilitó la antigua hipótesis de que grandes antorchas habrían iluminado la exploración.

Las evidencias sugieren que los visitantes llevaban pequeñas ramas de pino, extraídas de árboles vivos y preparadas como fuentes portátiles de luz.

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Experimentos muestran cómo el grupo veía en la oscuridad

El equipo probó esta hipótesis en una cueva cercana, con condiciones ambientales similares a las de Bàsura.

Ramas de pino silvestre compatibles con los hallazgos arqueológicos fueron secadas y quemadas de forma controlada.

Cinco voluntarios participaron en las pruebas, número cercano al indicado por las huellas preservadas.

Los resultados mostraron que solo dos ramas encendidas eran suficientes para iluminar un grupo caminando en fila.

Después de la adaptación de los ojos a la oscuridad, la visibilidad podía alcanzar cerca de diez metros.

Las pequeñas llamas también producían poco humo y causaban menos deslumbramiento que antorchas más grandes.

La travesía pudo haber durado cerca de dos horas

La configuración más eficiente mantenía una fuente de luz al frente y otra en la retaguardia del grupo.

Durante las pruebas, los participantes mantenían contacto físico al colocar la mano en el hombro de la persona al frente.

Esta estrategia facilitaba el paso por tramos estrechos, oscuros e irregulares.

El consumo de combustible también llamó la atención de los investigadores.

Cada rama quemaba cerca de cuatro centímetros por minuto durante el desplazamiento.

Con base en este ritmo, los científicos estimaron la necesidad de aproximadamente 20 ramas de 30 centímetros para ida y vuelta hasta el Salón de los Misterios.

Todo el recorrido probablemente duraba alrededor de dos horas.

Marcas de carbón refuerzan la reconstrucción arqueológica

Las marcas de carbón producidas durante los experimentos eran muy similares a las encontradas en las paredes de la Cueva Bàsura.

Pequeños fragmentos también se acumularon debajo de estas marcas, repitiendo el patrón observado en las excavaciones arqueológicas.

Las conclusiones indican que los antiguos visitantes desarrollaron una solución simple, eficiente y adaptada al entorno local.

Las ramas de pino ardían el tiempo suficiente, producían poco humo y estaban disponibles en el paisaje alrededor de la cueva.

La cueva puede haber recibido otras visitas humanas

Investigadores también encontraron fragmentos de carbón atrapados en formaciones calcáreas de otras partes de la cueva.

Las dataciones mostraron que estos vestigios pertenecen a períodos diferentes de aquel registrado por las huellas más famosas.

Aunque el origen aún no está totalmente esclarecido, los datos sugieren que la Cueva Bàsura continuó siendo visitada por humanos en épocas posteriores.

El estudio fue asociado al proyecto Bàsura Revisited y citado por fuentes como Universidad de Pisa, Quaternary International, Archaeology Magazine y Archaeology News.

Al fin y al cabo, ¿qué más puede estar escondido en cuevas antiguas como la Bàsura: nuevas huellas, herramientas olvidadas u otras señales de cómo nuestros ancestros enfrentaban la oscuridad?

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Viviane Alves

Redactora enfocada en la producción de contenidos estratégicos orientados a la macro y microeconomía, geopolítica, mercado energético, sector automotriz y comercio global.

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