Proyecto Laranjix usa polvo de cáscara de naranja como aditivo natural y ahora pasará por pruebas técnicas que pueden definir su futuro en el mercado
Un proyecto creado por estudiantes de la red estatal de Paraná puso un residuo común en el centro de una discusión cada vez más urgente en la construcción civil, como reducir desperdicios y hacer que los materiales de obra sean más sostenibles sin renunciar a la seguridad, el rendimiento y la durabilidad.
La iniciativa se llama Laranjix y utiliza polvo obtenido de la cáscara de naranja como aditivo para mortero. Según el Gobierno de Paraná, la propuesta fue desarrollada por alumnos del Curso Técnico en Desarrollo de Sistemas del Colegio Estatal Cívico-Militar Profesor Darcy José Costa, en Campo Mourão.
El proyecto, que nació en un entorno escolar, ahora está en proceso de ingreso en la incubadora de la Universidad Tecnológica Federal de Paraná, la UTFPR. La nueva etapa prevé pruebas de laboratorio, análisis de viabilidad técnica y evaluación de potencial de mercado.
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La idea aún no es un producto listo para la venta, y este punto es importante. Los propios resultados iniciales necesitan ser confirmados por ensayos científicos antes de que el material pueda ser tratado como una alternativa real para uso amplio en obras.
Proyecto escolar avanza hacia una etapa técnica en la UTFPR

De acuerdo con la Agencia Estatal de Noticias de Paraná, el Laranjix fue creado en 2025 para participar en el HackTech Paraná, un desafío promovido por la Secretaría de Estado de Educación. La propuesta recibió una mención honorífica como una de las iniciativas más innovadoras de la competencia.
El grupo está formado por estudiantes de secundaria integrados al técnico. La idea surgió cuando los alumnos investigaban formas de unir residuos de la industria de jugos y materiales utilizados en la construcción civil, especialmente el mortero.
La lógica del proyecto es simple, pero llama la atención: transformar cáscaras de naranja, normalmente tratadas como sobrante o subproducto, en un polvo fino capaz de actuar como aditivo en la mezcla. En la propuesta de los estudiantes, este polvo sustituiría la cal utilizada en determinadas composiciones de mortero.
En la semana anterior a la divulgación del avance del proyecto, los alumnos presentaron la iniciativa a un jurado formado por profesores de las áreas de Química, Construcción Civil e Innovación de la UTFPR. Esta evaluación marcó el inicio de una fase más rigurosa, con pruebas capaces de señalar si la solución puede salir de la escuela y llegar al mercado.
Cómo la cáscara de naranja entra en el mortero sostenible
Según el relato de los estudiantes al Gobierno de Paraná, el proceso comienza con la higienización de las cáscaras. Luego, el material pasa por una etapa de extracción del aceite esencial con alcohol, se seca al sol, se lleva al horno y se tritura hasta convertirse en un polvo fino.
Este compuesto se incorpora a la mezcla en una proporción aproximada del 4%. La propuesta es que el polvo de cáscara de naranja funcione como un aditivo natural para mortero, con potencial para alterar propiedades como absorción de agua, peso y comportamiento del material en el uso cotidiano.
En las pruebas caseras realizadas por los propios alumnos, el grupo produjo bloques y llegó a revocar una pared entera para observar el resultado. Según la divulgación oficial, los estudiantes percibieron mayor repelencia al agua en comparación con el mortero tradicional usado en los experimentos.
Otro punto observado fue la reducción de peso. En algunas pruebas preliminares, los bloques producidos con el compuesto quedaron cerca de 500 gramos más ligeros, de acuerdo con el estudiante Emanuel Henrique Smanioto da Cruz, uno de los integrantes del proyecto.
Estos datos, sin embargo, aún son indicios iniciales. Para la construcción civil, observaciones prácticas necesitan ser confirmadas por ensayos estandarizados de resistencia, adherencia, capilaridad, permeabilidad, durabilidad y estabilidad del material a lo largo del tiempo.
Por qué la construcción civil observa este tipo de solución

El interés por materiales alternativos crece porque la construcción civil enfrenta presión para reducir emisiones, desperdicio y consumo de materias primas. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala que edificios y construcción continúan entre los grandes responsables del consumo global de energía y las emisiones de CO₂.
El cemento, componente esencial de concretos y morteros, también está en el centro de este debate. La Agencia Internacional de Energía informa que la intensidad de emisiones del cemento sigue cercana a 0,6 toneladas de CO₂ por tonelada producida, lo que muestra la dificultad de descarbonizar este sector.
En el caso de Laranjix, la propuesta no elimina el cemento ni resuelve por sí sola el impacto ambiental de las obras. Lo que hace es entrar en una línea de investigación e innovación que busca aprovechar residuos orgánicos, reducir insumos industriales y probar nuevas formulaciones para materiales de construcción.
Brasil tiene un contexto favorable para este tipo de estudio porque posee una cadena citrícola relevante. Datos del IBGE indicaron, en el Levantamiento Sistemático de la Producción Agrícola de marzo de 2025, una estimación de 12,8 millones de toneladas de naranja en el país, con São Paulo responsable de la mayor parte de la producción nacional.
Pruebas en laboratorio definirán resistencia, uso y seguridad
La etapa en la UTFPR será decisiva porque la construcción civil no puede basarse solo en apariencia, ligereza o repelencia al agua. Un material usado en obra necesita presentar un desempeño previsible, especialmente cuando se aplica en revestimientos, bloques, revoques u otros elementos constructivos.
De acuerdo con el Gobierno de Paraná, los próximos estudios deben evaluar resistencia mecánica, aislamiento térmico, durabilidad y desempeño del material. Estos puntos indicarán si el aditivo de cáscara de naranja puede tener aplicación práctica, cuáles serían sus límites y en qué situaciones podría usarse con seguridad.
Directrices técnicas usadas en el sector muestran que productos innovadores pasan por evaluaciones de desempeño mecánico, estanqueidad, permeabilidad y durabilidad. Esto incluye pruebas de adherencia, resistencia al agua, choque térmico y comportamiento del revestimiento con el envejecimiento.
Por eso, el camino hasta convertirse en producto comercial aún depende de investigación, documentación, repetición de resultados y eventual adecuación a las normas aplicables. La incubadora puede ayudar precisamente en este puente entre la idea de los estudiantes y las exigencias técnicas del mercado.
De residuo agrícola a oportunidad de innovación
El caso llama la atención también por el punto de partida. La solución no nació en un gran centro de investigación industrial, sino dentro de una escuela pública, a partir de un desafío de educación profesional y tecnológica.
Según la Casa Civil de Paraná, el HackTech Paraná reunió a estudiantes de diferentes regiones del Estado y tuvo como objetivo acercar la formación técnica a problemas reales de la sociedad. En este ambiente, el Laranjix ganó destaque por unir sostenibilidad, creatividad y potencial de aplicación práctica.
La propuesta también conversa con la economía circular, concepto que busca mantener materiales en uso por más tiempo y reducir el volumen de residuos descartados. Al transformar cáscara de naranja en insumo para mortero, los estudiantes intentan dar nuevo valor a un residuo orgánico común en una cadena productiva fuerte en Brasil.
Si las pruebas confirman viabilidad, el Laranjix podrá avanzar para aplicaciones como morteros, bloques, revoques y otros materiales. Si los resultados son limitados, aun así el proyecto ya habrá mostrado el valor de la investigación aplicada en la enseñanza media técnica.

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