En Phoenix, estudio de la Universidad Estatal de Arizona indica que data centers de IA ligados a la inteligencia artificial pueden intensificar la contaminación térmica y el calor urbano, con un promedio de 0,9 ºC a favor del viento y picos de 2,2 ºC, llevando a ciudades calurosas a repensar ubicación, enfriamiento y áreas verdes urbanas.
Los data centers de IA pueden estar creando una nueva presión de calor urbano en Phoenix, donde un estudio vinculó estructuras usadas por la inteligencia artificial a la contaminación térmica. La investigación señala un aumento promedio de 0,9 ºC a favor del viento y picos de hasta 2,2 ºC cerca de estas instalaciones.
La investigación analizó la región metropolitana de Phoenix, considerada la más calurosa de Estados Unidos, y trajo una preocupación adicional al debate sobre inteligencia artificial. De acuerdo con el portal Xataka, además del consumo de energía y agua, los centros de datos también pueden ampliar la llamada contaminación térmica, transformando el calor residual en un problema urbano, ambiental e incluso de salud pública.
Estudio midió el calor cerca de data centers de IA en Phoenix
Los investigadores se centraron en Phoenix precisamente por tratarse de una región que ya convive con temperaturas elevadas. En este contexto, cualquier incremento de calor puede tener un impacto relevante en la vida de los residentes, en el consumo de energía y en el funcionamiento de la infraestructura urbana.
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El estudio evaluó cómo el aire expulsado por los data centers de IA se comporta después de pasar por los sistemas de refrigeración. Estos centros necesitan mantener servidores a temperatura controlada y, para ello, liberan aire caliente al ambiente externo.
Según el análisis, este aire puede salir entre 14 y 25 grados Fahrenheit por encima de la temperatura ambiente. En regiones densas o ya muy calurosas, esta diferencia puede contribuir a calentar calles, manzanas y áreas residenciales cercanas.
La conclusión más llamativa es que el calentamiento no se restringe al edificio. Las áreas a favor del viento presentaron una temperatura media 0,9 ºC más alta, con picos de 2,2 ºC en comparación con lugares usados como referencia.
Sensores en vehículos ayudaron a mapear la diferencia de temperatura
Uno de los puntos relevantes de la investigación es el método utilizado para medir el fenómeno. El estudio fue descrito como el primero conocido en usar sensores de alta precisión montados en vehículos para comparar la temperatura del aire antes y después de pasar por un centro de datos.
Esta estrategia permitió observar el comportamiento del calor a escala urbana. En lugar de analizar solo mediciones internas o estimaciones teóricas, los investigadores siguieron la temperatura del aire en áreas cercanas a los centros de datos.
Los datos indicaron que el calor residual viaja por el entorno. El aumento fue detectado hasta cerca de 500 metros de la fuente, distancia equivalente a aproximadamente cinco cuadras en Phoenix.
Esto significa que los data centers de IA pueden afectar no solo sus terrenos inmediatos, sino también barrios cercanos, dependiendo de la dirección del viento, del diseño urbano, de la ventilación natural y de la presencia o ausencia de áreas verdes.
La contaminación térmica entra en el debate sobre inteligencia artificial

Hasta ahora, gran parte de la discusión sobre inteligencia artificial e infraestructura digital se centraba en el consumo de energía y agua. El nuevo estudio añade otro problema: el calor que estas instalaciones devuelven al ambiente.
Los data centers de IA operan con gran capacidad computacional, exigiendo refrigeración intensa para mantener servidores funcionando. Cuanto mayor es la demanda por IA, mayor tiende a ser la presión por nuevos centros de procesamiento.
La contaminación térmica es menos visible que el humo o los residuos, pero puede ser sentida directamente por quienes viven cerca. En ciudades cálidas, un aumento de 1 ºC o 2 ºC puede intensificar el malestar, elevar el uso de aire acondicionado y ampliar riesgos en olas de calor.
El estudio no afirma que los data centers deban ser prohibidos. La discusión central es otra: cómo planificar estas estructuras para que no empeoren las condiciones térmicas de barrios ya vulnerables.
El ciclo de calor puede aumentar el uso de aire acondicionado
El problema puede convertirse en un ciclo. El centro de datos libera aire caliente para enfriar servidores. Este aire calienta el vecindario. Residentes y empresas cercanas usan más aire acondicionado. Los aparatos, a su vez, también emiten calor hacia afuera.
Este proceso puede reforzar la llamada isla de calor urbana, fenómeno en el que áreas construidas se vuelven más calientes que regiones menos densas o más arboladas. En lugares como Phoenix, donde el calor ya es extremo, el efecto puede ser aún más sensible.
La investigación indica que un único centro de datos puede generar tanto calor residual como una pequeña ciudad de 40 mil residencias. Este dato ayuda a dimensionar el impacto potencial de estas instalaciones.
Cuando el calor de una infraestructura digital se suma al calor urbano común, el problema deja de ser solo tecnológico. Pasa a involucrar salud pública, planificación urbana, energía, vivienda y justicia ambiental.
La ubicación de los data centers se convierte en una decisión estratégica
David Sailor, líder del estudio, defiende que los hallazgos deben servir para repensar la integración de los centros de datos en las ciudades. El objetivo no sería impedir estas estructuras, sino tratarlas como fuentes de calor industrial.
Entre las soluciones sugeridas están reorientar salidas de aire, alejar instalaciones de áreas residenciales sensibles y crear parques o zonas verdes para amortiguar el aumento de temperatura. Estas medidas pueden reducir el impacto directo sobre los barrios cercanos.
La ubicación se convierte en una decisión tan importante como el proyecto técnico. Instalar data centers de IA en áreas ya cálidas, densas y con poca vegetación puede ampliar problemas existentes.
Por otro lado, planificar estas estructuras con corredores de ventilación, áreas de amortiguamiento y criterios ambientales puede permitir que la infraestructura digital crezca con menos impacto térmico sobre la población.
La expansión de la IA puede duplicar la demanda de centros de datos
La preocupación aumenta porque la capacidad computacional proyectada para los data centers que se construirán en Estados Unidos debe duplicarse hasta 2030, según el estudio citado. Este crecimiento acompaña la expansión acelerada de la inteligencia artificial.
Más modelos, más servicios y más procesamiento significan más servidores operando continuamente. Esto también significa más necesidad de enfriamiento y mayor generación de calor residual.
La carrera por la IA está creando una infraestructura física mucho mayor de lo que muchos usuarios perciben. Aunque la inteligencia artificial parece funcionar “en la nube”, depende de edificios, energía, agua, refrigeración y redes instaladas en territorios reales.
Si esta expansión ocurre sin una planificación urbana adecuada, ciudades cálidas pueden sentir el impacto de forma desigual. Barrios cercanos a grandes instalaciones pueden comenzar a convivir con más calor precisamente donde la población ya enfrenta temperaturas elevadas.
España también aparece en la alerta sobre nuevos proyectos
El estudio se realizó en Phoenix, pero la discusión puede aplicarse a otras regiones que intentan atraer centros de datos. La fuente cita el caso de España, especialmente la Comunidad Autónoma de Aragón, que ha ganado protagonismo en acuerdos con grandes empresas de tecnología.
Amazon e Microsoft tienen proyectos de centros de datos planeados para la región metropolitana de Zaragoza. Las ciudades de Villamayor de Gállego y Villanueva de Gállego, ambas a menos de 20 kilómetros de Zaragoza, también aparecen en el debate por recibir planes relacionados con este tipo de infraestructura.
Estas iniciativas prometen impulsar la economía local, generar inversiones y fortalecer la posición de la región en el sector digital. Al mismo tiempo, plantean cuestionamientos sobre energía, agua, impacto ambiental y ahora también calor residual.
La lección del estudio es que la llegada de centros de datos de IA necesita ser evaluada antes de la construcción, no después de que el problema aparezca. Prevenir puede ser más eficiente que intentar corregir islas de calor ya formadas.
La inteligencia artificial también ocupa espacio en las ciudades
La investigación muestra que la inteligencia artificial no es solo un fenómeno digital. Depende de una red física de infraestructura que ocupa terrenos, consume recursos e interfiere en el ambiente circundante.
Los centros de datos de IA pueden ser esenciales para servicios modernos, pero también necesitan entrar en las discusiones sobre urbanismo, clima y salud pública. El desafío es equilibrar la innovación tecnológica con la calidad de vida en las ciudades.
En regiones cálidas, este equilibrio se vuelve más urgente. Si un centro de datos aumenta la temperatura en el entorno, el impacto puede recaer sobre los residentes que no participan directamente de los beneficios económicos generados por la instalación.
¿Y tú, crees que las ciudades deberían limitar la instalación de centros de datos de IA cerca de barrios residenciales, o el avance de la inteligencia artificial justifica nuevas obras incluso con el riesgo de más calor urbano? Comenta tu opinión.

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