Cartamundi, ubicada en la pequeña Turnhout, imprime barajas comunes, cartas coleccionables y juegos famosos, y además es dueña de las icónicas cartas Bicycle usadas por magos y mesas de casino
Si alguna vez has jugado buraco, truco, póker o abierto un sobre de cartas de Pokémon, probablemente has tenido en tus manos el producto de una empresa que casi nadie sabe que existe. El mayor fabricante de cartas de baraja del planeta es belga y se encuentra en una pequeña ciudad del norte de Bélgica. De allí sale buena parte de las cartas que circulan por el mundo, desde barajas populares hasta coleccionables raros.
Su nombre es Cartamundi, y su alcance es sorprendente. La compañía imprime desde la baraja barata de mercado hasta cartas coleccionables de marcas gigantes, y además es dueña de las legendarias cartas Bicycle, aquellas usadas por magos y mesas de casino en todo el mundo. Muchas cosas que parecen de marcas diferentes salen del mismo lugar.
Cómo este fabricante de cartas de baraja nació en una ciudad belga
La historia de esta ciudad belga con las cartas es antigua y profunda. La ciudad se especializó en la impresión de cartas de jugar hace mucho tiempo, acumulando conocimiento, máquinas y gente calificada generación tras generación. Con el tiempo, se convirtió en una especie de capital de la baraja, al punto de concentrar allí una tradición rara en este ramo.
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Fue de este ambiente que nació el gigante actual. Así como otras ciudades se convirtieron en especialistas en botones o lápices, la región concentró el saber de hacer cartas de jugar en un solo punto del mapa. Cuando una habilidad se acumula por tanto tiempo en un lugar, se vuelve casi imposible para los competidores de fuera alcanzarla. El fabricante de barajas local se benefició de décadas de ventaja acumulada.
Una operación que factura cientos de millones de euros

Las raíces del negocio son realmente antiguas, pero el tamaño de hoy es lo que impresiona. Según la Belga News Agency, el grupo cerró 2025 con una facturación de 693 millones de euros, un aumento del 6% respecto al año anterior, y proyecta alcanzar los 800 millones de euros este año.
Sobrellevar y crecer en este ramo durante tanto tiempo es un logro considerable. La empresa atravesó revoluciones industriales, guerras y la llegada de los videojuegos sin dejar las cartas. Esta longevidad muestra que, incluso en un mundo digital, las cartas físicas continúan teniendo un lugar privilegiado en la mesa de miles de millones de personas, desde el juego familiar hasta la apuesta seria.
De la baraja común a las cartas de Pokémon y Magic
Lo que hace a la empresa belga tan poderosa es la variedad de clientes. Según la Belga News Agency, la empresa produce cartas para marcas gigantes, entre ellas Pokémon, Disney Lorcana y Magic: The Gathering, tres de los nombres más grandes en el mundo de los juegos coleccionables. También fabrica barajas de marcas propias y de terceros para todo el mundo.
Esto significa que juegos que parecen rivales en las estanterías pueden salir de la misma fábrica. La empresa se ha convertido en una especie de imprenta oficial del entretenimiento de mesa, atendiendo desde el niño que abre un paquete de cromos hasta el adulto que colecciona cartas raras. Es la misma lógica de otros gigantes ocultos: dominar la producción y dejar que la marca aparezca.
Las cartas Bicycle y los casinos

Uno de los activos más valiosos del grupo es la compra de la United States Playing Card Company, propietaria de la marca Bicycle. Según la Cartamundi, la USPC, dueña de marcas icónicas como Bicycle, Bee, Hoyle y Fournier, es descrita como el estándar global en el mundo de las cartas de jugar.
El mismo comunicado señala que la USPC es fuerte en los segmentos de cardistry, casino y cartas especiales, exactamente los nichos más exigentes. Desde la carta de diez centavos hasta la carta premium usada en Las Vegas, el camino puede llevar al mismo dueño belga. Fabricar cartas de jugar de altísima calidad, idénticas entre sí e imposibles de marcar, es una exigencia técnica que pocos pueden cumplir a escala.
Una inversión billonaria y más de una docena de fábricas
La operación es industrial de verdad. De acuerdo con la Belga News Agency, el grupo opera cerca de once fábricas repartidas por varios países y anunció un plan de invertir 200 millones de euros en dos años para ampliar y modernizar la producción, impulsado por la explosión de la demanda por cartas coleccionables como las de Pokémon.
Cada baraja que sale de allí pasa por impresión de precisión, corte milimétrico, aplicación de barniz y control de calidad riguroso. Producir cartas en masa que sean todas iguales es esencial: cualquier diferencia mínima podría ser usada para hacer trampa en el juego. Por eso, la fabricación de cartas de jugar es mucho más tecnológica de lo que la apariencia simple del producto sugiere.
Por qué hacer cartas es más difícil de lo que parece
Puede parecer que imprimir una baraja es trivial, pero no lo es. Las cartas necesitan tener espesor idéntico, reverso perfectamente igual y un acabado que permita barajar miles de veces sin pegarse ni desgastarse. Una única falla visible en el reverso arruinaría el juego, pues revelaría la carta al adversario.
Además, los casinos exigen control rígido para evitar fraudes, con cartas rastreables y descartadas con frecuencia. Asegurar que millones de cartas salgan absolutamente idénticas es un desafío de ingeniería de precisión, no de simple imprenta. Esta exigencia técnica es justamente lo que protege al líder del sector de la competencia barata.
Un negocio que resistió a la era digital
Mucha gente apostó que los juegos digitales matarían las cartas físicas, pero ocurrió lo contrario en varios nichos. Los juegos coleccionables explotaron, el póker se convirtió en fenómeno global y los juegos de tablero y cartas volvieron a estar de moda como forma de reunir a la familia lejos de las pantallas.
El fabricante belga supo surfear esta ola. Según la Belga News Agency, las cartas coleccionables ya representan cerca del 45% de los ingresos de la empresa y crecen a ritmo de dos dígitos, convirtiéndose en el principal motor del negocio. Mientras se hablaba de la muerte del papel, la empresa demostró que la carta física tiene un atractivo que la pantalla no sustituye. Sostener, barajar y repartir cartas sigue siendo un placer analógico que resiste al tiempo.
Por qué casi toda baraja lleva a un pueblito belga
Al final, la historia de este gigante de las cartas muestra cómo hasta el más simple de los pasatiempos esconde un imperio industrial detrás. La baraja que adorna el cajón de tu casa forma parte de una cadena global que pasa por un pueblito belga y hoy abastece al mundo.
Es otro caso de cómo la producción de cosas comunes se concentra en puntos sorprendentes del planeta. La próxima vez que abras una baraja nueva y sientas ese olor a carta, vale la pena recordar la larga tradición detrás de ella. ¿Imaginabas que tantos juegos diferentes pudieran nacer de la misma fábrica?
