Expertos del LNA advirtieron sobre el impacto creciente de los desechos espaciales, que ya superan las 11 mil toneladas y amenazan tanto las observaciones astronómicas como la seguridad de satélites en órbita
La acumulación de desechos espaciales alrededor de la Tierra se está convirtiendo en uno de los mayores desafíos para la astronomía y para las operaciones orbitales. Millones de fragmentos de satélites, cohetes y colisiones están perjudicando tanto la observación del universo como el funcionamiento de equipos activos en el espacio.
Desechos espaciales: una contaminación que va más allá de la Tierra
Durante el programa Mirada Espacial del 31 de octubre, el presentador Marcelo Zurita recibió a Wagner José Corradi Barbosa, director del Laboratorio Nacional de Astrofísica (LNA/MCTI), y Éder Martioli, investigador del LNA y del Instituto de Astrofísica de París.
Explicaron cómo los desechos espaciales interfiere en la visualización del cielo y en los estudios científicos.
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A pesar de que la mayoría de los objetos se queman al reingresar a la atmósfera, el proceso de desintegración genera otro problema.
Las pequeñas partículas que brillan durante la quema confunden los telescopios y dificultan la identificación de fenómenos realmente relevantes. Este efecto causa perjuicios directos a los observatorios y a las misiones de investigación.
Riesgos crecientes y números alarmantes
“El monitoreo de estos desechos espaciales es esencial para garantizar la seguridad de nuestros equipos que están en el espacio”, afirmó Éder.
Según él, el peligro no está en eventuales caídas en la Tierra, sino en las posibles colisiones orbitales. “Va a llegar un momento en el que habrá tantos objetos en el espacio, que va a ser difícil mantener un satélite de gran tamaño en órbita sin que ocurran colisiones”, completó el investigador.
La Agencia Espacial Europea (ESA) estima que más de 36 mil desechos de más de 10 centímetros orbitan el planeta, sumando alrededor de 11 mil toneladas de material.
Son restos de cohetes, satélites desactivados y fragmentos de colisiones viajando a altísimas velocidades.
Además, existen millones de fragmentos más pequeños que no aparecen en los sistemas de monitoreo. Wagner Barbosa destacó que, si se incluyen objetos de menos de 10 centímetros, el número supera un millón.
Y si sumamos partículas de apenas 1 milímetro, el total puede llegar a 130 millones de residuos orbitando la Tierra.
Cielo contaminado y observaciones comprometidas por culpa de los desechos espaciales
En los últimos años, se ha vuelto común ver imágenes astronómicas rayadas por trazos luminosos. Esto ocurre porque la luz solar se refleja en los fragmentos y en las estructuras que giran alrededor del planeta.
El fenómeno se asemeja a la contaminación lumínica de las grandes ciudades, que impide la visualización de las estrellas.
Según Éder, el problema tiende a empeorar. “Puede llegar a un punto en el que no tengamos más cielo para estudiar”, advirtió.
Para él, el exceso de luz reflejada por objetos artificiales puede inviabilizar observaciones astronómicas detalladas.
Constelaciones artificiales amplían el desafío
Wagner Barbosa recordó que los proyectos de satélites en serie, como el “trencito” de Starlink, agravan la situación.
Estas constelaciones artificiales ocupan grandes áreas del espacio y compiten visualmente con los astros naturales.
Como resultado, fenómenos celestes acaban siendo ofuscados por estructuras humanas, dificultando más el trabajo de los científicos.
El resultado es un cielo cada vez más congestionado — y una alerta urgente sobre los límites de la exploración espacial.
Con información de Olhar Digital.
