Actriz cambia propiedad de lujo de 1.300 m² en Barra da Tijuca por casa moderna de R$ 4 millones en Recreio dos Bandeirantes, consolidando nueva fase personal y profesional.
La mansión de Larissa Manoela, ubicada en el condominio Novo Leblon, en Barra da Tijuca (RJ), es un símbolo de una fase de opulencia y conflicto familiar. Valorada actualmente en R$ 6,5 millones, la propiedad llegó a ser anunciada por casi R$ 10 millones, pero estuvo estancada en el mercado durante años. Su nueva casa, adquirida en el Recreio dos Bandeirantes por R$ 4 millones, representa lo opuesto: una elección racional, afectiva y financieramente sostenible, un hito de la autonomía de la actriz tras romper la asociación profesional y patrimonial con sus padres.
La mansión de Barra: lujo, excesos y un impasse millonario

Erguida sobre dos lotes de terreno y con hasta 1.300 m² de área construida, la mansión en Novo Leblon fue diseñada como un verdadero palacio moderno. La propiedad incluye cinco suites, garaje subterráneo para ocho coches, campo de fútbol privado, bodega climatizada, sauna y salón de juegos, una estructura de resort que refleja la grandiosidad de la vida pública de Larissa en el auge de su carrera juvenil.
Pero el lujo vino acompañado de complejidades jurídicas y emocionales. El inmueble fue registrado a nombre de la holding Trelissa, controlada por Larissa y sus padres, cada uno con un 33% de participación. Tras la ruptura familiar, el bien pasó a ser administrado exclusivamente por los padres, quienes pusieron la propiedad a la venta sin el consentimiento de la actriz.
El alto costo de mantenimiento R$ 2.165 de condominio mensual y R$ 54 mil de IPTU al año y la falta de compradores forzaron una reducción drástica en el precio. Así, la “fortaleza dorada” se transformó en un activo problemático, rodeado de disputas, gastos y un pasado que la actriz intenta dejar atrás.
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La nueva casa en Recreio: menos ostentación, más propósito

La nueva casa de Larissa Manoela en Recreio dos Bandeirantes es el retrato de su nueva fase. Con 382 m² de área construida en un terreno de 349 m², el inmueble une diseño moderno y funcionalidad, ofreciendo confort sin excesos.
El primer piso reúne una amplia sala con tres ambientes y cocina integrada al área gourmet con parrilla y horno de pizza. En el segundo piso, tres suites, siendo una master con vestidor y un “salón de baño” con hidromasaje y pías dobles. El tercer piso guarda un altillo versátil, que puede servir de oficina o estudio.
La guinda del pastel es la piscina con arena artificial, una especie de “playa particular” — escenario perfecto para la actriz, que adora compartir momentos de ocio en las redes sociales.
La casa fue comprada a Evelyn Regly, influencer digital, que reveló haber recibido un gesto de empatía de la actriz: Larissa permitió que ella permaneciera en la casa hasta el nacimiento de su hija, incluso después de la conclusión de la venta. Un detalle que reforzó la imagen de madurez y generosidad de la artista.
Un hito de independencia financiera
A diferencia de la mansión de Barra, la nueva residencia fue financiada por la propia Larissa Manoela, a su nombre y bajo su responsabilidad. Esta elección transformó la transacción en un acto simbólico de emancipación financiera. A sus 22 años, la actriz finalmente pasó a tener control directo sobre un bien adquirido con su trabajo.
Los costos anuales de la nueva casa R$ 1.200 de condominio y R$ 6.350 de IPTU son mucho más sostenibles, lo que refleja una nueva filosofía: menos ostentación, más autonomía.
Más que un cambio de dirección, la compra del inmueble en Recreio fue un reposicionamiento de imagen y de gestión personal. Representa un cambio de página en una trayectoria marcada por talento, exposición y madurez precoz.
Entre el pasado y el futuro: el peso simbólico de los inmuebles
Mientras la mansión de Barra simboliza el pasado de dependencia y conflicto, la casa del Recreio es el cimiento de un nuevo capítulo. Ambas propiedades son metáforas físicas de la transformación de Larissa Manoela de estrella infantil administrada por terceros a mujer independiente, dueña de su propio destino y de su propio patrimonio.
La joven actriz, que ya posee un portafolio inmobiliario expresivo en Brasil y Estados Unidos, ahora parece más enfocada en construir algo que el dinero no compra: autonomía, estabilidad y libertad emocional.
