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Mientras los países gastan miles de millones para extraer agua del mar, científico ganador del Nobel crea una máquina del tamaño de un contenedor que extrae hasta 1.000 litros por día del aire seco y usa ultrasonido para liberar agua en minutos en pleno desierto.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 06/05/2026 a las 20:01
Actualizado el 06/05/2026 a las 20:02
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Nuevas tecnologías buscan extraer agua potable de la humedad del aire, incluso en ambientes secos, y aceleran una carrera científica por soluciones descentralizadas para regiones afectadas por sequías, huracanes y fallas en el suministro.

Máquinas capaces de extraer agua potable del aire seco y sistemas que usan ultrasonido para acelerar la recolección de este líquido han pasado a integrar un nuevo frente de investigación contra la escasez hídrica.

Las tecnologías no sustituyen, por ahora, las redes públicas de abastecimiento ni las grandes obras de desalinización, pero se estudian como alternativas complementarias para regiones áridas, islas y comunidades aisladas después de eventos climáticos extremos.

Una de las iniciativas más recientes fue presentada por Atoco, empresa fundada por el químico Omar Yaghi, profesor de la Universidad de California en Berkeley y uno de los ganadores del Premio Nobel de Química de 2025.

Según la compañía, unidades con un tamaño similar al de un contenedor de 20 pies pueden producir hasta 1.000 litros de agua limpia por día al capturar humedad del aire, incluso en ambientes secos.

El funcionamiento del sistema se basa en la llamada química reticular, área que permite construir materiales moleculares con poros planificados.

Estos materiales, conocidos como estructuras metal-orgánicas o MOFs, forman cristales con cavidades internas capaces de retener moléculas específicas, como agua, dióxido de carbono y otros gases.

En la práctica, la tecnología funciona como una esponja molecular.

El material atrae vapor de agua presente en el aire, atrapa esas moléculas en su estructura y luego permite que sean liberadas en forma líquida.

De acuerdo con Atoco, los equipos fueron diseñados para operar con energía térmica de baja intensidad y pueden ser instalados cerca de las comunidades atendidas.

La propuesta ganó espacio porque apunta a una limitación frecuente en las crisis de suministro.

En lugares donde las tuberías, depósitos o redes eléctricas son dañados por tormentas, la entrega de agua depende de camiones, embarcaciones, botellas o sistemas de emergencia.

Equipos descentralizados, según investigadores del área, pueden reducir parte de esa dependencia cuando existan condiciones técnicas y mantenimiento adecuado.

Omar Yaghi/Ilustración del proyecto (Imagen: Reproducción/interestingengineering)
Omar Yaghi/Ilustración del proyecto (Imagen: Reproducción/interestingengineering)

Cómo la química reticular captura agua del aire seco

El Premio Nobel de Química de 2025 fue concedido a Susumu Kitagawa, Richard Robson y Omar Yaghi por el desarrollo de las estructuras metal-orgánicas.

La Real Academia Sueca de Ciencias destacó que estos materiales abrieron una nueva forma de arquitectura molecular, con cavidades lo suficientemente grandes como para permitir la entrada y salida de moléculas.

Esta característica hizo que los MOFs fueran útiles en diferentes aplicaciones científicas.

Entre ellas se encuentran el almacenamiento de gases, la captura de dióxido de carbono, la eliminación de sustancias no deseadas y la recolección de agua en ambientes de baja humedad.

La adaptación para su uso en el suministro, sin embargo, depende de factores como el costo, la durabilidad, la escala de producción y la seguridad del agua obtenida.

Yaghi asocia parte de su trayectoria científica a la experiencia personal con la falta de suministro.

En un discurso en el banquete del Nobel, el químico afirmó haber crecido en una comunidad de refugiados en Jordania sin agua corriente ni electricidad.

Recordó que la llegada del agua movilizaba al vecindario y dijo que corría para llenar recipientes antes de que el flujo se interrumpiera.

En el mismo discurso, el investigador describió la química reticular como “una ciencia capaz de reimaginar la materia”.

La frase fue utilizada por él al defender la cooperación científica, la libertad académica y la circulación internacional de investigadores en áreas relacionadas con el clima y la seguridad hídrica.

El ultrasonido acelera la liberación del agua capturada

Mientras Atoco trabaja con sistemas basados en materiales reticulares, otra línea de investigación busca resolver una etapa específica de la captación atmosférica: la extracción del agua después de que ya ha sido absorbida.

En muchos modelos, esta liberación depende del calor, generalmente solar, para evaporar y condensar el líquido.

Investigadores del MIT presentaron, en noviembre de 2025, un dispositivo ultrasónico capaz de acelerar este proceso.

Según la institución, el equipo utiliza ondas sonoras de alta frecuencia para hacer vibrar el material absorbente y liberar gotas de agua en minutos, en lugar de depender únicamente de la evaporación térmica.

El estudio, publicado en la revista Nature Communications, describe la técnica como una forma de actuación mecánica vibracional.

En las pruebas reportadas por los autores, el método aumentó la eficiencia energética de la etapa de extracción en aproximadamente 45 veces en comparación con modelos de evaporación inducida por calor solar.

La tecnología del MIT no produce agua por sí sola ni elimina la necesidad de energía.

El papel del ultrasonido es liberar más rápidamente el agua que ya ha sido capturada por un material adecuado.

Según los investigadores, pequeños paneles solares podrían alimentar el dispositivo y permitir ciclos repetidos a lo largo del día.

Este punto es relevante para diferenciar los frentes de investigación.

La máquina de Atoco y el dispositivo ultrasónico del MIT no son el mismo equipo.

Ambos se relacionan con la recolección de agua atmosférica, pero actúan en etapas y proyectos distintos: uno enfocado en la producción diaria en unidades más grandes, otro concentrado en acelerar la liberación del agua retenida en materiales absorbentes.

La crisis hídrica aumenta la búsqueda de fuentes alternativas

El avance de estas tecnologías ocurre en un escenario de presión creciente sobre las fuentes tradicionales de agua dulce.

Un informe de la Universidad de las Naciones Unidas, publicado en enero de 2026, afirmó que el mundo ha entrado en una era de “quiebra hídrica global”.

El documento señala que casi tres cuartas partes de la población viven en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en relación con el agua.

El mismo estudio informa que alrededor de 2.2 mil millones de personas aún no tienen acceso a agua potable gestionada de forma segura, mientras que 3.5 mil millones viven sin saneamiento seguro.

Aproximadamente 4 mil millones enfrentan escasez severa de agua durante al menos un mes al año, según la Universidad de las Naciones Unidas.

En este contexto, la desalinización sigue siendo una tecnología importante para los países costeros con baja disponibilidad de agua dulce.

Según Associated Press, más de 20 mil plantas desalinizadoras operan en el mundo, y el sector crece desde 2010, de acuerdo con la Asociación Internacional de Desalinización y Reúso.

El proceso, sin embargo, exige inversiones, energía y control ambiental.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente afirma que la salmuera descartada por las plantas puede aumentar la salinidad, reducir el oxígeno disuelto y afectar a los organismos marinos cuando el descarte no se gestiona adecuadamente.

Por esta razón, los especialistas del sector hídrico tratan las soluciones atmosféricas, la reutilización, la conservación, la desalinización y la protección de los manantiales como herramientas diferentes para problemas diferentes.

La elección depende del clima, el costo, la demanda, la infraestructura disponible y la capacidad local para operar los sistemas.

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Islas y comunidades aisladas entran en el radar de la tecnología

Las islas del Caribe aparecen entre los lugares citados por investigadores y autoridades locales porque combinan exposición a huracanes, períodos de sequía y dependencia de infraestructura concentrada.

En julio de 2024, el huracán Beryl azotó Granada y causó daños severos en Carriacou y Petite Martinique, con impactos en viviendas, servicios esenciales y sistemas de agua.

Después de eventos de este tipo, la presencia de agua en las calles o en áreas inundadas no significa acceso a agua potable.

Sistemas de bombeo, depósitos, redes de distribución y estaciones de tratamiento pueden ser interrumpidos al mismo tiempo que aumenta la necesidad de agua segura para consumo, higiene y atención de emergencia.

En 2025, el huracán Melissa también generó demanda de acciones de agua, saneamiento e higiene en el Caribe.

Un informe regional de Unicef estimó que miles de personas necesitaban asistencia para restaurar servicios esenciales tras el paso del fenómeno.

La captación de agua del aire se presenta, en este escenario, como una opción para reducir vulnerabilidades específicas.

Su adopción a gran escala, sin embargo, aún depende de la comprobación de rendimiento en campo, disponibilidad de piezas, capacitación local, costos operativos y monitoreo de la calidad del agua.

Incluso con estas limitaciones, la investigación cambia la forma en que parte de la ciencia observa el agua disponible en el planeta.

Además de ríos, océanos, acuíferos y embalses, el vapor disperso en la atmósfera ha pasado a ser tratado como una fuente posible para usos localizados, siempre que la recolección sea segura y económicamente viable.

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Ana Alice

Redactora y analista de contenido. Escribe para el sitio web Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 y es especialista en crear textos sobre temas diversos como economía, empleos y fuerzas armadas.

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