Mientras gran parte del Valle del Silicio corre para crear humanoides capaces de doblar ropa o preparar un café, una startup de San Francisco decidió apostar por un camino mucho más polémico: usar robots humanoides en tareas peligrosas e incluso letales. La empresa, Foundation Future Industries, defiende abiertamente el uso militar de la tecnología, postura que la distingue de la mayoría de las competidoras.
El proyecto ganó visibilidad este año, después de que la compañía enviara dos robots del modelo Phantom MK-1 a Ucrania, en lo que describe como el primer uso conocido de humanoides en una zona de combate. Al frente de la empresa está el CEO Sankaet Pathak, y entre los nombres vinculados a ella aparece Eric Trump, segundo hijo del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, como asesor de estrategia. Las pruebas, apoyadas por Washington, apuntan a contratos con las Fuerzas Armadas estadounidenses en los próximos 12 a 18 meses.
Según información del portal de CNBC, fundada en 2024 y con sede en San Francisco, la Foundation desarrolla robots humanoides de uso dual, pensados tanto para entornos industriales pesados como para aplicaciones militares. Para Sankaet Pathak, la robótica humanoide debería apuntar a los mayores desafíos de la humanidad, y no a tareas domésticas o de atención. El ejecutivo afirma estar convencido de que la tecnología ya alcanza un punto en el que puede sustituir funciones peligrosas para las personas, lo que, en su opinión, sería el mayor beneficio posible de la automatización.
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Las metas son agresivas. La empresa pretende ampliar la producción a miles de unidades aún este año y comenzar pruebas de línea de frente con los militares de Estados Unidos dentro de 12 a 18 meses. Informes del sector señalan además que la Foundation busca captar cientos de millones de dólares con una valoración en el rango de los miles de millones, sustentada por planes de fabricación que dependen de una escalada enorme en relación al tamaño actual de la operación. Es una ambición que ayuda a explicar por qué los humanoides militares se convirtieron en un tema de seguridad nacional.
Eric Trump en el centro de la polémica
El punto que más llamó la atención fue la entrada de Eric Trump como principal asesor de estrategia de la empresa. La senadora demócrata Elizabeth Warren calificó los contratos públicos de la compañía como un caso de corrupción a la vista de todos, precisamente por la cercanía con la familia del presidente. La crítica puso los focos sobre la relación entre la startup y Washington.
En respuesta, un portavoz de la Foundation afirmó que Eric Trump ya era inversor antes de asumir el cargo de asesor y que la asociación se apoya en la idea de fortalecer la industria en Estados Unidos. No es la primera controversia de la empresa: ya había enfrentado cuestionamientos al sugerir vínculos cercanos y una posible inversión de General Motors, alegaciones que la automotriz negó posteriormente. Para una compañía que pide al Pentágono confianza para llevar robots al combate, este historial de credibilidad pesa.
Ucrania, el laboratorio de los robots de combate
La elección de Ucrania como vitrina no fue casualidad. El país se ha convertido en uno de los mayores campos de prueba del mundo para inteligencia artificial y robótica en combate. A lo largo de cinco años de guerra contra Rusia, ha comenzado a usar robots terrestres para llevar suministros a la línea de frente, además de drones autónomos y sistemas de IA para reconocimiento y ataques de precisión. Fue en este escenario que los humanoides de la Foundation debutaron.
Según la empresa, los dos Phantom MK-1 enviados realizaron tareas logísticas en áreas peligrosas, como la recolección de suministros que suele exponer a los soldados a riesgo. Los modelos actuales, sin embargo, están lejos de ser supersoldados: cargan alrededor de 20 kilos, no tienen protección contra el agua y se enfrentan a limitaciones de batería. La compañía promete enviar aún este año el Phantom 2, con el doble de capacidad de carga y lo que llama habilidades sobrehumanas. El Ministerio de Defensa de Ucrania no quiso comentar, y el Departamento de Defensa de Estados Unidos no respondió.
Contratos con el Pentágono y la carrera con China
En el campo financiero, la Foundation ya acumula 24 millones de dólares en contratos de investigación con el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, dirigidos a estudios de viabilidad en inspección, logística y manejo de armamentos. Según Pathak, las conversaciones con el gobierno habrían evolucionado de la fase de investigación a discusiones sobre ampliar el uso de los robots, incluso en zonas de combate, si es necesario.
La disputa con China aparece como telón de fondo declarado. Pathak dice querer entregar a las Fuerzas Armadas estadounidenses robots mejores que cualquier cosa que China tenga. El país asiático alberga varias de las principales empresas del sector y ya ha exhibido perros robóticos con IA y humanoides controlados por movimiento, aunque la verdadera dimensión de sus pruebas militares permanece incierta. Del lado estadounidense, el Pentágono aún no ha anunciado el uso operativo de humanoides, y hay informes de que los contratos actuales no autorizan armar las máquinas.
Ventajas, dudas y el dilema ético
Quienes defienden la tecnología argumentan que los humanoides llevan ventaja por circular bien en ambientes hechos para personas. Kateryna Bondar, investigadora del CSIS, observa que espacios urbanos de combate, con escaleras, sótanos y pasillos estrechos, fueron diseñados para el movimiento humano, lo que podría favorecer a máquinas humanoides frente a robots con orugas o de cuatro patas. Para uso militar, esa destreza sería un diferencial.
Hay, sin embargo, voces escépticas. Melanie Sisson, de la Brookings Institution, recuerda que hacer un robot parecido a la gente es caro y complejo, y que Ucrania enseñó lo contrario: la ventaja está en fabricar rápido y barato. A esto se suma el dilema ético de la decisión autónoma cuando hay vidas en juego. Pathak dice que la mayoría de los usos armados mantendrá confirmación humana, pero admite que situaciones críticas pueden exigir decisiones totalmente autónomas. El científico Toby Walsh, de la Universidad de New South Wales, espera que los robots reemplacen a las fuerzas humanas en el futuro, aunque cree posible que el humanoide al estilo exterminador siga siendo solo un cliché de ficción.
La idea de soldados de metal salidos de la ficción divide opiniones: para unos, robots humanoides pueden salvar vidas al asumir las misiones más peligrosas; para otros, abren una puerta arriesgada para máquinas que deciden solas en combate.
Cuéntanos en los comentarios si confiarías en humanoides en el campo de batalla o si crees que esta carrera, aún más con nombres como Eric Trump involucrados, merece más frenos.

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