En San Rafael, California, la startup Terranova apuesta por robots autónomos que bombean una pasta de residuos de madera al subsuelo y elevan el terreno poco a poco. La idea es liberar a los barrios que se hunden de las inundaciones por alrededor de 92 millones de dólares, en lugar de casi mil millones en muros.
Una startup de California decidió enfrentar las inundaciones de una manera poco usual: en lugar de levantar muros contra el mar, quiere elevar la propia ciudad. Para ello, Terranova desarrolló robots autónomos que inyectan residuos de madera en el subsuelo y elevan el terreno lentamente, devolviendo a los barrios que se hunden cierta protección contra las inundaciones.
El proyecto nació en San Rafael, en la región de la Bahía de San Francisco, y tiene rostro de familia: fue llevado a cabo por Laurence Allen, cofundador y CEO, junto a su padre, Trip Allen, presidente de la empresa. El dúo calcula que se puede proteger la ciudad por alrededor de 92 millones de dólares, un valor muy por debajo de los 500 millones a 900 millones estimados para muros de contención marítimos. En noviembre de 2025, la startup recaudó 7 millones de dólares en una ronda inicial de inversión.
Por qué San Rafael se hunde y necesita una solución

San Rafael convive con un problema silencioso: partes de la ciudad se están hundiendo. El llamado Canal District, vecino a la bahía, ya ha cedido cerca de 90 centímetros y se encuentra por debajo del nivel del mar, lo que deja la región expuesta a inundaciones que tienden a empeorar con la elevación de los océanos. Estimaciones citadas por la empresa indican que el suelo continúa descendiendo a razón de pocos centímetros por año, y que, sin intervención, el centro y el área del canal podrían quedar sumergidos en las próximas décadas.
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El obstáculo es el costo. Según Terranova, las soluciones presentadas a la ciudad por consultores siempre giraban en torno a 500 millones a 900 millones de dólares en muros de contención, un valor difícil de costear para un municipio de alrededor de 60 mil habitantes, parte de ellos viviendo en situación de pobreza. Es en este escenario que entra la propuesta de elevar el suelo en lugar de bloquear el agua, usando robots en lugar de grandes obras de concreto.
Cómo los robots levantan el suelo con madera

La tecnología es menos compleja de lo que parece. La empresa mezcla astillas de madera con agua y un agente espesante, formando una pasta que se bombea desde un contenedor hacia el equipo de inyección.
Los robots, que se mueven solos por el sitio de construcción, perforan pozos y empujan este material a profundidades de alrededor de 12 a 18 metros, bajo baja presión. El efecto es el de un ascensor lento: la superficie sube de forma tan gradual que, según los creadores, apenas se puede percibir el cambio en el día a día.

Al trabajar con un área amplia y en capas profundas, el sistema no comprometería las estructuras en la superficie, de acuerdo con la empresa. Los fundadores suelen usar el aeropuerto de San Francisco como ejemplo: sería posible elevar el terreno mientras los aviones continúan aterrizando normalmente. En ritmo de operación, los robots pueden levantar alrededor de un acre-pie de tierra por día, con la versión más reciente del equipo bombeando cerca de 1,500 galones por minuto, contra los 200 galones por minuto de los primeros prototipos.
Arca, Atlas, Prometeo y Vulcano: la flota de robots
Los equipos recibieron nombres de peso. La Arca funciona como una nave nodriza, recibiendo la materia prima y abasteciendo a las demás máquinas en el campo. El Atlas es la unidad que carga y mueve el equipamiento por el lugar, con una batería capaz de sostener cerca de diez horas de trabajo. Ya el Prometeo es la cápsula que realiza de hecho las inyecciones, bajando sus soportes y empujando la pasta hacia el subsuelo, mientras que el Vulcano es la plataforma de perforación.
La elección de los nombres mezcla mitología griega y el Arca de Noé, en un juego con la misión de salvar ciudades de las aguas. El montaje de los robots también impresiona por la velocidad: según el equipo, una de las unidades Atlas fue construida en solo dos semanas, con un equipo de tres personas. Para 2026, el plan es ambicioso, con la intención de fabricar cerca de diez de estos robots y tres naves nodrizas, lo que exige un modelo de producción casi industrial.
Más barato que un muro y con crédito de carbono
El gran triunfo de la propuesta es financiero. Terranova estima que puede elevar cerca de 240 acres en San Rafael en casi 1,2 metros por aproximadamente 92 millones de dólares, una fracción de lo que costarían los muros de contención. Parte de la cuenta aún podría ser reducida con la venta de créditos de carbono, ya que la madera enterrada queda retenida en el subsuelo en lugar de ser quemada o descartada en vertederos, lo que secuestra carbono y puede reducir el costo final para los contribuyentes.
La materia prima es justamente un problema que California tiene de sobra. En una región marcada por incendios y por gran volumen de residuos de poda, sobra madera que suele ser enviada para quema. Los fundadores afirman que un solo camión de madera rinde cerca de ocho veces más volumen que un camión de tierra, lo que hace que el transporte sea mucho más barato. La inspiración vino de experiencias de los años 1970 alrededor de Venecia, donde edificios llegaron a ser erigidos con inyección de lodo, técnica que tropezaba con el alto costo de transportar el material.
Seguridad, dudas y la resistencia de la ciudad
Del lado de la seguridad, la empresa sostiene que el material es inofensivo. Según Terranova, el contenido inyectado son básicamente astillas de madera mezcladas con agua, y pruebas indicarían que el proceso puede incluso ayudar a remover nitratos del acuífero. La compañía afirma haber recibido señales de organismos ambientales en el sentido de no tratar la inyección como una amenaza al agua subterránea.
Pero no todos están convencidos. Algunos ingenieros han planteado la duda de si el suelo rellenado con la pasta de madera podría amplificar el temblor en caso de terremoto, algo sensible en una región sísmica como California. El propio ayuntamiento de San Rafael ha mostrado reservas, con cuestionamientos sobre cómo conectar calles, edificios y vías después de elevar el terreno, y sobre el uso de ingeniería asistida por inteligencia artificial. Trip Allen llegó a atribuir la resistencia a un cierto escepticismo con soluciones locales, pero la discusión sobre riesgos y viabilidad sigue abierta.
Del patio inundado al sueño de terraformar la Tierra
La motivación de los fundadores es personal. Trip Allen cuenta que veía su propio patio inundarse en San Rafael, donde vive desde hace más de dos décadas, y que la sensación de poder perder la ciudad natal fue lo que empujó a la familia a actuar. Laurence, que trabajó en SpaceX antes de dirigir Terranova, dice encontrar curioso lo mucho que se habla de terraformar Marte mientras ciudades enteras se ahogan en la Tierra sin que se haga mucho al respecto.
Para ellos, los robots que elevan el suelo son solo un primer paso hacia algo más grande: la idea de remodelar el terreno a gran escala para hacer habitables las áreas costeras a largo plazo. Es una ambición que mezcla ingeniería pesada, ciencia del suelo y un discurso de resiliencia climática, con el detalle simbólico de ser llevada a cabo por padre e hijo lado a lado.
La apuesta de Terranova plantea una pregunta interesante: ante ciudades que se hunden, ¿tiene más sentido gastar casi mil millones de dólares en muros o confiar en robots que elevan el suelo con madera por una fracción del precio?
Cuéntanos en los comentarios si te atreverías a ver tu ciudad siendo elevada de esta forma o si aún confías más en las soluciones tradicionales de contención.


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