Con más de 50.000 toneladas de gas licuado y sin tripulación desde el 3 de marzo, el Arctic Metagaz sigue a la deriva en el Mediterráneo, expone riesgos ambientales y deja a las autoridades sin solución práctica para el impasse
El buque-bomba ruso Arctic Metagaz sigue a la deriva en el Mar Mediterráneo desde el 3 de marzo, sin tripulación, con más de 50.000 toneladas de gas licuado y a menos de 200 kilómetros de la costa de Libia.
Segunda tentativa de remolque falla con mal tiempo
La semana pasada, la segunda tentativa de controlar el avance irregular del Arctic Metagaz terminó sin éxito.
El mal tiempo rompió el cable que conectaba el barco al remolcador responsable de llevarlo lejos de la costa libia.
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Con la ruptura, el carguero volvió a desplazarse en el Mediterráneo. La situación permanece sin solución, mientras las autoridades libias acompañan el riesgo representado por la carga explosiva y contaminante mantenida a bordo.
Primera operación ya había terminado de la misma forma
La primera tentativa de evitar una catástrofe también fracasó el mes pasado. El problema fue el mismo: los cables usados en la operación no resistieron el esfuerzo y se rompieron antes de que el barco fuera controlado.
En ese momento, el remolcador Maridive 701, contratado por el gobierno libio, debería conducir el carguero fuera de los límites del mar territorial del país. Sin poder remolcarlo, pasó solo a acompañar su movimiento.
El Arctic Metagaz siguió en zigzag, empujado por las corrientes marítimas. Cuando el clima mejoró, se hizo una nueva amarra al remolcador y, al principio, la operación pareció funcionar.
Días después, el mar volvió a agitarse y los cables se rompieron otra vez. El resultado fue el regreso del barco a la deriva, situación que ya dura casi dos meses.
Buque-bomba ruso sigue sin destino
En este momento, el Maridive 701 volvió a monitorear el desplazamiento del Arctic Metagaz, sin conducirlo a un destino concreto. El impasse persiste porque ningún puerto aceptó recibir la embarcación.
El riesgo está en el estado del barco y en la carga. Se trata de un carguero semidestruido, sin tripulación, con material explosivo y contaminante, lo que aleja cualquier disposición de recibirlo en instalaciones portuarias.
Casi dos meses después, aún no hay una solución práctica para el caso. El buque-bomba ruso continúa siendo empujado hacia lejos, sin que exista una estrategia operativa capaz de cerrar la emergencia.
Buque-bomba ruso: Emergencia expone vacío de responsabilidad
El caso pasó a ilustrar fallas en las legislaciones marítimas cuando la amenaza no cabe claramente a un único país.
Como involucra varios intereses, los actores apuntan responsabilidades compartidas y evitan asumir el comando de la solución.
El Arctic Metagaz aparece como una embarcación sin dueño efectivo. El armador no asumió el control del barco, el gobierno ruso tampoco actuó para rescatarlo y la Unión Europea permanece sin respuesta práctica.
La emergencia marítima involucra riesgo para otros barcos, amenaza ambiental y una situación política delicada.
La pregunta central continúa sin respuesta: ¿quién debe asumir la responsabilidad y retirar el peligro del mar?
Las alternativas citadas son pocas. Una sería hundir el barco de forma segura y controlada, después de transferir la carga a otra embarcación en alta mar. La otra sería remolcarlo hasta un puerto dispuesto a recibirlo.
Hasta ahora, ninguna de estas posibilidades ha avanzado. Sin puerto disponible y sin acción coordinada, el problema continúa abierto, mientras el carguero mantiene su carga explosiva en el Mediterráneo.
Conexión con la Flota Fantasma
El Arctic Metagaz tiene 277 metros de longitud e integra la llamada Flota Fantasma. Esta red reúne viejos cargueros usados para transportar petróleo ruso y derivados de forma clandestina.
El objetivo de este esquema es eludir sanciones impuestas por Estados Unidos y Europa después de la invasión rusa de Ucrania, hace cuatro años. Esta conexión ayudaría a explicar la falta de acción del armador y del gobierno ruso.
El barco había partido de Murmansk, en Rusia, con destino a Egipto. Explotó en la costa de Libia, y el gobierno ruso atribuyó el caso a un ataque de drones ucraniano, clasificado por Moscú como acto de terrorismo.
Los 30 tripulantes escaparon. Algunos sufrieron quemaduras, pero lograron abandonar la embarcación antes de que el carguero comenzara a vagar sin control, como un barco fantasma escoltado por un remolcador sin destino definido.
El caso recuerda al ex-portaaviones São Paulo
La situación del Arctic Metagaz recuerda el episodio del ex-portaaviones brasileño São Paulo, ocurrido hace cuatro años.
En aquel caso, el barco pasó seis meses siendo remolcado, llegó a cruzar el Atlántico dos veces y quedó sin solución.
La venta para desguace en Turquía fue cancelada debido a la cantidad de material tóxico existente a bordo. Luego, la empresa turca que compró el barco decidió abandonarlo en el mar.
La Marina de Brasil, que había vendido la embarcación, se vio obligada a asumir el problema. El caso terminó como un desastre citado ahora como alerta para el destino del buque-bomba ruso.
Mientras no haya una decisión sobre el Arctic Metagaz, la embarcación continuará como un callejón sin salida flotante. La carga, la distancia de la costa libia y la falta de destino mantienen la emergencia sin respuesta final.
Con información de UOL.

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