Liderada por el médico Gabriel Liguori, la tecnología de bioimpresión avanza en Brasil como una esperanza concreta para solucionar la crisis de donaciones y transformar la medicina regenerativa.
Un brasileño está al frente de una tecnología que puede solucionar uno de los mayores dramas de la salud mundial: las listas de trasplantes. El médico e investigador Dr. Gabriel Liguori desarrolló un método para imprimir órganos humanos en laboratorio. La innovación promete, en un futuro cercano, crear corazones, hígados y riñones bajo demanda, utilizando las células del propio paciente y, con eso, eliminando el riesgo de rechazo.
Una lista de espera que no para de crecer
La medicina de trasplantes es un éxito, pero enfrenta una crisis crónica en Brasil. En 2024, la lista por un órgano alcanzó la marca de 78.000 personas, el mayor número en 25 años. El riñón es el órgano más esperado, con más de 42.838 pacientes en la lista. A continuación, vienen la córnea y el hígado.
A pesar de que el país realiza un número récord de cirugías, con más de 30.300 procedimientos, la lista no disminuye. El principal obstáculo no es la capacidad quirúrgica, sino la falta de donantes. Uno de los factores más críticos es la alta tasa de rechazo familiar para la donación, que permanece en preocupantes 42% a 45%.
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Este escenario muestra que el modelo actual alcanzó un límite. La solución no está solo en optimizar el sistema, sino en encontrar una alternativa que contorne la necesidad de la donación. Es aquí donde la tecnología para imprimir órganos humanos surge como una frontera de esperanza.
¿Quiénes son los pioneros brasileños en la bioimpresión de órganos?
La innovación en Brasil tiene dos frentes principales, que se complementan.
De un lado, está el Dr. Gabriel Liguori, un médico emprendedor de 34 años. Formado por la USP y con pasantías en Harvard, fundó la startup TissueLabs en 2019. Su meta es ambiciosa: construir el primer corazón bioartificial para trasplante en diez años.
La estrategia de TissueLabs es funcionar como una plataforma. La empresa desarrolla y vende las herramientas de bioimpresión, como impresoras 3D y más de 15 tipos de «biotintas» específicas, para investigadores en todo el mundo. Esto acelera el avance científico de forma colectiva.
En el otro frente, está la investigación académica del Profesor Dawidson Gomes, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG). En su laboratorio, el Biolink, el foco es la medicina regenerativa, como el desarrollo de pieles artificiales para quemaduras, y la creación de «organoides» (modelos de tejidos) para sustituir el uso de animales en pruebas de medicamentos y cosméticos.
¿Cómo funciona la tecnología para imprimir órganos humanos?
El proceso, que parece ficción científica, sigue etapas bien definidas.
- Preprocesamiento: Todo comienza con un modelo digital 3D del órgano, generalmente creado a partir de una tomografía del paciente.
- Procesamiento: Una bioimpresora deposita, capa por capa, una «biotinta». Esta tinta es un hidrogel que contiene las células vivas del paciente, garantizando que no habrá rechazo.
- Post-procesamiento: La estructura impresa es colocada en un biorreactor. Este equipo simula las condiciones del cuerpo humano, permitiendo que las células se multipliquen y se organicen para formar un tejido funcional y estable.
La gran innovación está en la biotinta. TissueLabs, por ejemplo, utiliza la matriz extracelular de órganos de cerdo que fueron descelularizados. Esto crea un «andaime» mucho más preciso para que las células humanas se desarrollen correctamente.
El impacto de la bioimpresión mucho más allá de los trasplantes
Aunque un corazón completo todavía sea un objetivo futuro, la tecnología ya aporta beneficios reales. Una de las aplicaciones más importantes es la creación de modelos de tejidos humanos para pruebas. Los investigadores pueden imprimir órganos humanos en miniatura (organoides) para probar la eficacia y la toxicidad de nuevos medicamentos, reduciendo drásticamente la necesidad de pruebas en animales.
La tecnología también avanza en la práctica clínica. En ortopedia, el Instituto Nacional de Traumatología y Ortopedia (INTO) ya usa impresión 3D para fabricar implantes de titanio personalizados. El próximo paso es la bioimpresión de cartílago y hueso. En dermatología, la investigación se centra en la creación de piel para víctimas de quemaduras. Ya en cardiología, la meta es crear «parches» de músculo cardíaco para reparar daños de infartos.
¿Qué falta para que la tecnología de imprimir órganos humanos llegue a los pacientes?
El camino del laboratorio al paciente aún posee obstáculos significativos. El mayor desafío científico es la vascularización: recrear la compleja red de venas y arterias que nutren los órganos. Sin ella, las células mueren.
Otro punto es el alto costo. Equipos, materiales y profesionales calificados hacen que la tecnología sea cara. Sin embargo, el costo de un órgano impreso puede ser menor, a largo plazo, que el costo de tratamientos continuos como la diálisis, que sobrecargan el SUS.
Finalmente, hay el desafío regulatorio. En Brasil, un órgano bioimpreso es un «Producto de Terapia Avanzada» y necesita de reglas claras de ANVISA. Especialistas apuntan que las normas actuales son genéricas y necesitan ser adaptadas para esta nueva realidad, garantizando seguridad y agilidad en el desarrollo. La expectativa de los pioneros brasileños es que, superados estos desafíos, los primeros órganos complejos impresos para trasplante sean una realidad clínica en un plazo de 10 a 15 años.


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