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Olvidan contarte que la misma roca derretida que puede contener un temblor también funciona como un aceite resbaladizo capaz de transformar una falla dormida en una catástrofe de magnitud devastadora.

Escrito por Bruno Teles
08/06/2026 a las 13:28
Actualizado 08/06/2026 a las 13:30
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Lejos de ser una novedad de 2026, el fenómeno se estudia desde hace décadas y fue demostrado en campo y laboratorio por geólogos liderados por Giulio Di Toro en 2006. El efecto de freno es real, pero limitado, y en grandes profundidades la fusión tiende a lubricar la falla en lugar de detener el temblor.

La idea de que la roca derretida por la fricción puede detener un temblor no es un descubrimiento reciente, y tampoco cuenta toda la historia. El comportamiento fue descrito en detalle ya en 2006, en un estudio publicado en la revista Science por un equipo liderado por el geólogo italiano Giulio Di Toro, entonces en la Universidad de Padua, junto a investigadores como Takehiro Hirose, Stefan Nielsen, Giorgio Pennacchioni y Toshihiko Shimamoto. La investigación mostró, a partir de fallas geológicas expuestas en la superficie y de experimentos de alta velocidad, que el material fundido generado por la fricción entre las rocas puede actuar de dos formas opuestas durante un terremoto.

Durante un terremoto, el deslizamiento rápido entre las placas tectónicas genera calor suficiente para derretir minerales como el cuarzo y el feldespato y formar una fina película de material fundido. Según el estudio de Di Toro y colegas, esta capa de roca derretida puede tanto frenar el movimiento, al ofrecer resistencia viscosa y ayudar a interrumpir la ruptura, como lubricar la falla, reduciendo la fricción y acelerando el deslizamiento. En otras palabras, el mismo fenómeno descrito como freno también puede actuar como un lubricante peligroso, y la conclusión central de aquel trabajo fue que, en profundidades intermedias de la corteza, la lubricación suele prevalecer.

Cómo la fricción transforma roca sólida en magma en una falla

La roca derretida por la fricción de las placas tectónicas puede frenar un temblor en las fallas geológicas, pero este freno viscoso también lubrica y acelera rupturas.
El punto de partida del fenómeno es la violencia física de un terremoto. 

Cuando los bloques de roca de dos placas tectónicas se deslizan uno contra el otro a velocidades del orden de un metro por segundo, la fricción genera un calor intenso y concentrado en una franja muy estrecha de la falla.

Este calentamiento es capaz de fundir minerales comunes de la corteza, como el cuarzo, el feldespato y la biotita, formando una película de material derretido con pocos milímetros de espesor.

Experimentos de fricción a alta velocidad muestran que esta fusión ocurre a temperaturas más bajas de lo que se imaginaba.

El cuarzo, que se derrite cerca de 1700 grados Celsius en condiciones normales, puede fundirse alrededor de 1000 a 1200 grados Celsius en el contexto de una falla, según mediciones hechas en laboratorio con rocas como granodiorita y gabro.

La explicación está en la reducción extrema del tamaño de los granos y en reacciones químicas en la zona de contacto.

Cuando esta roca derretida se solidifica, forma vetas oscuras llamadas pseudotaquilitos, descritas por el geólogo Robert Sibson aún en los años 1970 como la firma fósil de antiguos terremotos.

El freno viscoso que puede detener un temblor

Es en este punto donde entra el lado de la historia divulgado como freno natural. 

En el instante en que la roca comienza a derretirse, el material fundido puede ofrecer una resistencia viscosa al deslizamiento, en un efecto que los investigadores llaman freno viscoso.

En lugar de facilitar el movimiento, la película pastosa dificulta el deslizamiento de las paredes de la falla y ayuda a disipar parte de la energía mecánica acumulada.

Este mecanismo de frenado fue propuesto y modelado por el geofísico Yuri Fialko a principios de los años 2000 y observado en experimentos conducidos por Toshihiko Shimamoto y Takehiro Hirose. 

Bajo ciertas condiciones, en especial con magmas ricos en sílice y más viscosos, este roce extra puede llegar a frenar e incluso interrumpir la ruptura de una falla, limitando el tamaño del temblor.

El detalle decisivo, sin embargo, es que este efecto tiene límites bien definidos y no funciona en cualquier situación.

El lado lubricante que el relato original deja fuera

Lo que la versión simplificada suele omitir es que la misma roca derretida puede producir el efecto opuesto. 

A medida que el calor continúa acumulándose, la viscosidad del material fundido cae en picado, el roce interno colapsa y la falla comienza a deslizarse con mucha más facilidad.

Este proceso, conocido como descontrol térmico, lleva a una caída brusca de la resistencia y puede acelerar el deslizamiento y ampliar el temblor en lugar de contenerlo.

Esa fue, de hecho, la conclusión central del estudio de Giulio Di Toro y colegas publicado en Science en 2006. 

Al analizar fallas geológicas expuestas en rocas graníticas y reproducir las condiciones en laboratorio, el equipo concluyó que, en profundidades intermedias de la corteza, cerca de diez kilómetros, el material fundido por el roce tiende a lubricar la falla, con resistencia muy por debajo de lo esperado.

Años después, en 2011, el grupo reforzó ese retrato en un nuevo trabajo en la revista Nature, centrado precisamente en la lubricación de fallas durante terremotos.

Por qué esto no es una red de seguridad contra grandes terremotos

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La consecuencia práctica es que no existe un botón de pánico natural que garantice la seguridad de las ciudades ante un temblor. 

Cuál de los dos efectos prevalecerá, el freno o el lubricante, depende de factores como la composición de la roca, la viscosidad del magma, la velocidad del deslizamiento y, sobre todo, la presión a la que está sometida la falla.

Estudios indican que la eficiencia del freno viscoso disminuye bastante bajo presiones elevadas, precisamente las condiciones típicas de las profundidades donde nacen los grandes terremotos.

Aún hay otras variables que complican el panorama y siguen en investigación. 

La presencia de agua y de otros fluidos en las zonas de falla puede provocar fenómenos como la presurización térmica, que debilita el contacto y favorece el deslizamiento, tema explorado en experimentos publicados en la revista Nature Communications.

Investigaciones recientes muestran también que el material fundido no siempre se comporta como un líquido viscoso y puede reaccionar de forma casi quebradiza bajo deformación muy rápida.

Por eso, tratar la roca derretida solo como un freno que impide catástrofes es una lectura incompleta de lo que la ciencia observa.

La roca que se derrite en el fondo de una falla es, al mismo tiempo, freno y acelerador, y esa ambigüedad es el punto más interesante de la historia. 

Reducir el fenómeno a un sistema de seguridad que nos protege de grandes terremotos es cómodo, pero distorsiona un conocimiento que la geofísica ha venido construyendo durante décadas.

El comportamiento real depende de un equilibrio delicado de calor, presión y composición mineral, y es por eso que los científicos siguen llevando muestras de esas zonas a prensas de alta presión en laboratorio.

¿Y tú, sabías que la misma roca derretida capaz de frenar un temblor también puede lubricar una falla e intensificar el deslizamiento? ¿Crees que descubrimientos científicos como este deberían ser divulgados con más cautela, sin promesas de protección que no existen? Deja tu opinión en los comentarios, con respeto a las diferentes visiones, y comparte este artículo con quienes se interesan por la geología y los misterios del interior de la Tierra.

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Bruno Teles

Hablo sobre tecnología, innovación, petróleo y gas. Actualizo diariamente sobre oportunidades en el mercado brasileño. Con más de 7.000 artículos publicados en los sitios web CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil y Obras Construção Civil. ¿Sugerencias de temas? Envíalas a brunotelesredator@gmail.com

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